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Neurociencias y educación: cómo el cerebro puede transformar la forma de aprender a leer

Estudios del investigador Bruce McCandliss revelan que el aprendizaje modifica el cerebro y refuerzan el valor de la enseñanza temprana basada en evidencia.


Las neurociencias se están convirtiendo en una disciplina que impacta sobre todas las otras disciplinas vinculadas con el comportamiento humano: los negocios, las organizaciones, la política, los deportes, y claro, la educación. Específicamente, sobre el campo de la educación, las neurociencias tienen una implicancia enorme, porque el aprendizaje depende en gran medida de lo que pasa en el cerebro.

Sabemos que cada niño y cada niña tienen su singular forma de acceder al conocimiento, pudiendo variar los tiempos y los razonamientos, porque el aprendizaje es un proceso dinámico en el que intervienen muchos factores internos como la atención, la memoria, la emoción, el lenguaje y la autorregulación, y otros factores externos como la familia, la escuela, los vínculos, las experiencias del entorno. ¿Y si estos factores pudieran moldearse para mejorar la manera en que cada niño aprende? Bruce McCandliss, profesor en la Universidad de Stanford y director de la Educational Neuroscience Initiative de Stanford, viene estudiando justamente esto. A través de sus investigaciones está demostrando cómo funcionan las redes de atención y cómo influyen sobre ellas el entorno socioeconómico. Entre sus muchos aportes se destacan sus estudios sobre cómo funcionan las redes de la atención y las neurociencias de la lectura.

Bruce McCandliss será disertante en el VI Congreso de Wumbox, de neurociencias y aprendizaje, “De la evidencia a la intervención clínica y educativa”, que se desarrollará virtualmente el 16 y 17 de octubre.

La relación recíproca entre cerebro y entorno

En 2024, Bruce McCandliss, junto a su equipo, publicaron un estudio en el que midieron cómo se relaciona el desarrollo de la materia blanca del cerebro, el conjunto de fibras que conecta las distintas regiones cerebrales, como si fueran los "cables" del cerebro, con el aprendizaje de la lectura. Durante mucho tiempo, se creyó que la sustancia blanca era una característica relativamente fija, que determinaba en parte la capacidad para aprender a leer.. De hecho, algunas investigaciones realizadas con muestras pequeñas, llegaban a avalar esa hipótesis. Sin embargo, el estudio de McCandliss y su equipo, realizado con datos de más de 14.000 participantes demostró que a medida que mejora la lectura también se producen cambios en la materia blanca. Esto significa que aprender a leer parece contribuir a modificar estas conexiones cerebrales, en lugar de que sea únicamente el cerebro el que determine quién aprenderá mejor a leer.

Con otro estudio, que tomó datos de una gran cantidad de participantes al mismo tiempo, se buscó analizar si las diferencias individuales en la materia blanca podían explicar por qué algunas personas presentan dificultades para leer. En este estudio no encontraron diferencias significativas entre lectores con dificultades y lectores típicos en las vías de sustancia blanca relevantes. Los estudios de McCandliss permitieron corroborar la idea de que la sustancia blanca y la habilidad lectora forman un sistema dinámico que evoluciona al mismo tiempo con la experiencia educativa. Esto cuestiona el uso de diferencias cerebrales estáticas como explicación (o etiqueta diagnóstica) para las dificultades lectoras. Este hallazgo tiene grandes implicancias sobre la enseñanza, porque señala que cuanto más se desarrolle la lectura, “mejor” será la calidad del cableado entre las regiones cerebrales involucradas en la lectura. También demuestra la importancia que tiene la instrucción inicial y la intervención temprana cuando hay dificultades específicas de lectura.

La ciencia baja al aula

Bruce McClandliss es un explorador de aulas. Suele pasar tiempo en ellas, observando a los niños y realizando estudios no invasivos, como electroencefalogramas y otros estudios con imágenes, para ver el funcionamiento del cerebro en vivo y en directo. Con estos datos, tomados “en el campo”, McCandliss da apoyo a docentes y terapeutas clínicos para que puedan diseñar estrategias de enseñanza con impacto y basadas en la evidencia.

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