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Nacer seguro no es cuestión de cercanía: es cuestión de sistema

Un análisis a fondo sobre la gestión de las maternidades. Qué dicen las recomendaciones internacionales y las políticas de salud.


En salud materno-infantil, la calidad no se mide solo por resultados actuales, sino por la capacidad de respuesta ante situaciones críticas. En ese marco, la reorganización de maternidades —incluida la del Hospital Saporiti— debe analizarse como una decisión sanitaria orientada a mejorar la seguridad, optimizar recursos y ordenar el sistema en su conjunto.

El debate sobre la organización de las maternidades públicas vuelve a ocupar un lugar central. Y como en toda discusión sanitaria relevante, aparecen tensiones conocidas: cercanía versus complejidad, historia versus evidencia, estructura versus resultados.

A primera vista, algunos servicios pueden mostrar indicadores favorables: baja mortalidad materna y neonatal, escasas complicaciones y equipos comprometidos, incluso con presencia de especialistas como neonatólogos.

Estos datos son valiosos y deben ser reconocidos. Sin embargo, por sí solos no alcanzan para definir la calidad ni la seguridad de un servicio obstétrico.

Porque en salud materno-infantil, el punto crítico no es solo lo que ocurre cuando todo evoluciona bien, sino la capacidad de respuesta ante eventos poco frecuentes pero potencialmente graves.

Las emergencias obstétricas y neonatales —hemorragias severas, preeclampsia, sufrimiento fetal agudo, complicaciones del recién nacido— no avisan y requieren resolución inmediata.

Y es ahí donde aparece una variable central que muchas veces queda fuera del análisis: el volumen de actividad y la experiencia acumulada del equipo.

La evidencia internacional y las recomendaciones de organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, así como los lineamientos del Ministerio de Salud de la Nación Argentina, coinciden en señalar que los servicios con bajo número de partos anuales tienen mayores dificultades para sostener habilidades críticas, equipos entrenados de manera continua y procesos altamente resolutivos.

El revuelo en la comunidad evitó que cierren la Materindad del Hospital Saporiti Foto: Archivo / Gobierno de Mendoza

El deceso de la niña se produjo en el Hospital Saporiti.

Esto no implica desmerecer el recurso humano existente, sino reconocer una realidad operativa: la práctica frecuente es lo que consolida la capacidad de respuesta en situaciones críticas.

A esto se suma un aspecto central del contexto actual que es la distribución de los recursos humanos especializados.

En sistemas donde existen maternidades de mayor complejidad —como las de nivel IIIA y IIIB con función regional— la fragmentación de profesionales en múltiples servicios de menor volumen puede generar un efecto paradojal: servicios pequeños relativamente bien dotados, mientras centros de referencia presentan déficit en áreas críticas.

¿Cuáles son los indicadores clave para evaluar una maternidad?

Para analizar la seguridad y calidad de una maternidad, no alcanza con percepciones o resultados aislados. Existen criterios objetivos que orientan la toma de decisiones: Volumen de partos

  • Umbrales de referencia cercanos a 1.000–1.500 nacimientos anuales
  • El bajo volumen impacta en la experiencia del equipo

Condiciones Obstétricas y Neonatales Esenciales (CONE)

  • Guardia 24 horas
  • Quirófano disponible
  • Anestesia permanente
  • Acceso a sangre
  • Reanimación neonatal
  • Internación acorde al riesgo

Capacidad de resolución

  • Respuesta inmediata ante emergencias
  • Manejo de complicaciones críticas

Recursos humanos especializados

  • Equipos completos y entrenados
  • Cobertura continua

Integración en red

  • Articulación con maternidades de mayor complejidad
  • Derivación y transporte adecuados

Cuando estos criterios no se sostienen de manera continua, el problema no es el equipo humano, sino el modelo organizativo.

En este marco, la situación de la maternidad del Hospital Saporiti, en el Este de Mendoza, debe analizarse desde una lógica de sistema y no de manera aislada.

Se trata de un efector de nivel departamental que, como ocurre con otras maternidades de bajo volumen, enfrenta el desafío de sostener estándares críticos de manera continua. A esto se suma un dato relevante dentro de los indicadores de calidad obstétrica: presenta una de las tasas más altas de cesáreas de la provincia, lo que obliga a revisar no solo la capacidad de respuesta, sino también los procesos de atención y la práctica clínica.

Al mismo tiempo, convive dentro de una red donde maternidades de mayor complejidad —con responsabilidad regional— requieren fortalecer sus equipos y concentrar experiencia para garantizar mejores resultados.

La discusión, entonces, no es si la maternidad del Hospital Saporiti ha funcionado, sino si en el contexto actual representa el mejor uso posible de los recursos dentro del sistema sanitario.

Una decisión sanitaria necesaria.

Desde esta perspectiva, avanzar en la reorganización de la maternidad del Hospital Saporiti —incluido su cierre— aparece como una decisión sanitaria consistente con la evidencia y con una lógica de red.

Implica priorizar:

  • la seguridad por sobre la dispersión
  • la capacidad de respuesta por sobre la cercanía aislada
  • la eficiencia del sistema por sobre la fragmentación

Por supuesto, esto requiere medidas complementarias:

  • fortalecimiento del primer nivel en el Este provincial
  • sistemas de derivación claros
  • transporte sanitario oportuno
  • articulación efectiva con centros de mayor complejidad

El objetivo no es reducir servicios, sino mejorar la calidad del sistema en su conjunto.

En salud materno-infantil, donde los eventos críticos son poco frecuentes pero de alto impacto, la preparación del sistema vale más que la tranquilidad de las estadísticas aisladas.

La discusión no es si un servicio funciona, sino si es el mejor lugar para garantizar seguridad en todos los escenarios.

Y en ese marco, cuando los indicadores lo señalan, reorganizar —incluso cerrar una maternidad— no es retroceder: es cuidar mejor.

Dr. Oscar Sagas

Médico. Matrícula 5240