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El Mundial después del Mundial

A horas del Mundial, la pasión parece dormida. Un recorrido nostálgico por los recuerdos que hicieron del fútbol algo más que un juego.

Me quiero volver a ilusionar en este Mundial, pero me siento seco.

Me quiero volver a ilusionar en este Mundial, pero me siento seco.

Archivo.

Me quiero volver a ilusionar pero me siento seco. Me falta la manija, ¿qué me está pasando? Lo hablo con mis amigos y con mis hijos y hasta con el empleado del edificio. Ni siquiera el lanzamiento de las figuritas del Mundial me termina de motivar.

Las publicidades ni hablar, salvo la que salió esta semana de la cerveza argentina, que me generó una sonrisa y no mucho más. Siento que necesito recuperar la emoción. ¿Les pasa a ustedes? Por eso quiero hacer un breve análisis y también viajar al pasado para recuperar mi sangre celeste y blanca y estar listo para cuando arranque este nuevo Campeonato.

Como les contaba, falta casi nada para el Mundial y por primera vez en mi vida no siento esa ansiedad animal. No estoy contando los días, no estoy mirando grupos de WhatsApp, ni viendo noticieros en la tele o notas en los diarios. No estoy pensando “este año sí”. Ni mangueándole figus a mis hijos. Y creo que recién ahora entiendo por qué. Porque siento que el sueño ya se cumplió. Después de tantos años de ansiedad, angustia y sufrimiento nuestro Messi levantó la copa al nivel del Diego del 86. La foto de Leo besando su deseo y durmiendo con él ya existe. La herida argentina se cerró. Y puta que lo festejamos: en un mundial inusual hecho en Diciembre en verano, con todo el país saliendo a las calles, cantándole a las abuelas, abrazándonos al borde del llanto, cantando ¨Muchachos…¨ y en un pueblo más unido que nunca, lástima que sea solo por el fútbol. Seguramente una parte nuestra, la de la llama que enciende la pasión, después de tantos años de esperar, todavía no sabe muy bien qué hacer.

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falta casi nada para el Mundial y por primera vez en mi vida no siento esa ansiedad animal.

falta casi nada para el Mundial y por primera vez en mi vida no siento esa ansiedad animal.

Entonces intento volver a emocionarme de otra manera. Y me doy cuenta de que mis Mundiales no empiezan con partidos. Empiezan con canciones y momentos que arrancaron en mi infancia y adolescencia. Y hacia allá voy a recuperar mi alma de hincha. Díganme nostálgico, pero ¿quién no lo es en lo que se refiere al fútbol?

El primero que recuerdo es México 86 a los 10 años

Y curiosamente más allá de la final, no me acuerdo tanto de los goles pero si me acuerdo post Mundial de ¨Héroes¨. La vimos en un verano de Pinamar con mi viejo y mi hermano. Un extraño y emocionante documental que mezclaba épica, tristeza y patriotismo. Y algunas canciones. Y la primera canción que me llegó al corazón y que hoy mil años después vuelve a sonar y me lleva a ese lugar fue nada menos que la voz inmensa y gritona de Valeria Lynch cantando ¨Más me das cada día más¨ como si el Mundial fuera una guerra emocional y la imagen seria y concentrada del Diego estirando en la previa del partido, creo contra nada menos que Inglaterra (de hecho en estos días me anoté de ver el documental ¨El partido¨ que seguramente sea una versión del libro "El partido" de Andrés Burgo, que si no lo leíste ya mismo te recomiendo y te pido que vayas hoy mismo a la librería más cercana). ¨Héroes¨ tenía todo y no hay amigo que no la tenga en su corazón. Y no sé porque me sale mi bizarro de adentro y otra imagen fuertísima fue ver a Pumpido en bolas de fondo en el vestuario mientras festejaban. Yo estaba sentado entre mi viejo y mi hermano en un cine de Pinamar, muerto de risa, sin entender del todo por qué esa escena me quedaría grabada para siempre.

Capaz de eso se trata el fútbol. De recuerdos mínimos que no significan nada… hasta que significan todo.

Maradona

Maradona

Después llegó Italia 90 con 14 años, una de las mejores edades para disfrutar de un Mundial. Figuritas, verlo con amigos y saliendo con chicas. El Goyco, el Diego y el Cani. El triunfo contra Brasil. Y una canción que si bien no era argentina hoy la adoptamos y es un himno que en estos 36 años nadie pudo superar. Obviamente me refiero a “Un’estate italiana”. Todavía hoy la escucho solo o la pasan en una fiesta y todos volvemos a ese momento épico y nos abrazamos cantando ¨Notti magiche, Inseguendo un goal. Sotto il cielo di un'estate italianaaaanananana¨. Los pibes y pibas nos miran como locos.

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"El partido" de Andrés Burgo, que si no lo leíste ya mismo te recomiendo.

Y bueno, es Argentina 90, no lo entenderías nene

También no se por qué se me viene el recuerdo de un padre de un amigo medio patético que no nos caía bien, y aparecía vestido de Goycoechea, tirándose al piso antes de los penales y haciendo las mismas muecas de Goyco. Un recuerdo tristemente célebre. Algo ¨gringe¨ como dirían mis hijos. Los penales de Italia 90 fueron probablemente la primera vez que entendimos que el fútbol también podía ser sufrimiento colectivo, en especial el que nos cobraron en la final, LPQTP.

Maradona Un'estate italiana

MARADONA Un'estate italiana

Después vino Estados Unidos 94

Que para mi generación fue el Mundial del regreso del héroe, que volvió de la oscuridad y se fue a recuperar a un campo solo por pasión. Que aparecía en un noticiero entrenando en un campo a lo Rocky 4 y luego de entrenar se sacaba su camiseta y la enjuagaba de sudor ante las cámaras. Maradona volvía distinto. Más grande. Más roto. Pero volvía con todo. Y en el medio de esa euforia apareció esa nota inolvidable con Fito Páez y Andrés Calamaro en predio de Ezeiza cantando: “Brindo por las mujeres…” con un joven Andrelo casi a capella una guitarra que apenas acompañaba y un Diego y Fito que miraban alucinados. Hoy cada vez que puedo vuelvo a verla y mis 16 años esa pequeña nota acentuó aún más mi devoción hacia el Salmón, que justamente esta semana fui a ver al Movistar Arena.

Calamaro y Fito Páez cantan delante de Maradona

Calamaro y Fito Páez cantan delante de Maradona

Lástima que ese Mundial que pintaba para ganarlo

Todos sabemos cómo terminó la historia, pero que una de Stephen King. No sabíamos que a Diego le iban a cortar las piernas. En ese momento creíamos que era nuestro Mundial. Después llegaron otros. Francia 98 y ese equipo de Pasarella obligándole a cortarle el pelo a sus jugadores y otro campeonato que pintaba muy bien hasta que mi ídolo Orteguita cometió esa infracción que varios aún no se la perdonan. Después la amargura del 2002, época donde llegamos muy motivados con un gran técnico, gran plantel y las mejores publicidades de la época. ¿Se acuerdan del hitazo ¨Tanta gloria, tanto fútbol?¨ Creo que nunca una publicidad resumió tan bien lo que nos pasaba. Porque no hablaba de ganar. Hablaba de esperar. Y de la necesidad casi emocional que tenía Argentina de volver a sentirse feliz a través de una pelota.

Lástima que nos volvimos en primera ronda

Eran otros tiempos.

Luego llegó el 2006 con nuestro adolescente Leo en el banco, que tendría que haber entrado contra Alemania, y después el 2010 comandado por el Diego y Bilardo y demostrando que de la nostalgia no se puede ganar un campeonato, aunque tuvimos momentos gloriosos como esa clasificación bajo la lluvia con gol de Palermo a último minuto y ese abrazo infinito entre Diego y Carlos. Llegó Brasil con el recordado Sabella y un Mundial que todos vivimos a pleno (Aún cantamos ¨Brasil decime qué se sienteeee…¨) y un Torneo que deberíamos haber ganado pero no se pudo. Aún me acuerdo de esa final y me duele, más por Messi que por mí. El de Rusia directamente ni vale la pena mencionarlo, y eso que soy del gremio de los pelados.

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Ese abrazo infinito entre Diego y Carlos.

Ese abrazo infinito entre Diego y Carlos.

Como verán, la vida pasa velozmente si la contamos en mundiales. Nunca hay que hacer eso, es como googlear enfermedades. Si pensamos la vida en mundiales, la vida es demasiado corta. Y después llegó Qatar. El Mundial que no terminó nunca. Quizás porque fue en diciembre. Porque se mezcló con las fiestas, con el calor, con el fin de año, con los brindis y las familias enteras abrazadas viendo penales en cueros y en patas. O quizás porque después de tantos años de frustraciones no queríamos salir nunca más de esa felicidad.

Todavía hoy seguimos viviendo un poco ahí. En los videos. En los relatos. En los compilados de TikTok. En la película que llenó cines meses después, como si necesitáramos volver a comprobar que había sido real. Yo la fui a ver y me emocioné mucho más que el día de la final. Porque Qatar no fue solamente un campeonato. Fue una descarga emocional colectiva. Los reels. Los autos tocando bocina. La gente cantando en las calles como si hubiera vuelto la democracia emocional. Por primera vez viví un Mundial desde los dos lugares. Como hijo de todos aquellos Mundiales viejos… y como padre.

Muchachos, la película de la gente

Muchachos, la película de la gente

Y una de las pocas veces donde Argentina entera pareció tirar para el mismo lado. Y en el medio siempre las canciones. El clásico “Muchachos”, claro. Pero también las nuevas voces: Wosito con el desgarrador y emotivo ¨Arrancarmelo¨

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Una de las pocas veces donde Argentina entera pareció tirar para el mismo lado.

Una de las pocas veces donde Argentina entera pareció tirar para el mismo lado.

Y creo que ahí entendí algo

Que el fútbol no une solamente porque gana Argentina. Une porque nos da recuerdos compartidos. Porque durante un rato desaparecen las diferencias. Las peleas. La política. La crisis eterna. Siento que después de esta catarsis ya estoy un poco más listo para lo que se viene. Quizás el problema no es que este Mundial nos emocione menos. Lo que pasa es que por primera vez no necesitamos que Argentina salga campeón para sentirnos completos.

Aunque igual, cuando ruede la pelota, vamos a volver a cantar ¨Muchachooos¨. Por eso más que nunca vamos Dibu, vamos Enzo, vamos la Araña, vamos Leo, vamos muchachos, que nos volvemos a ilusionar.

Lionel Messi - "Arrancamelo"

Lionel Messi - ARRANCARMELO

Porque nuevamente, elegimos creer.

*Diego Villanueva es autor de "Casi 30 artistas para antes de dormir".

Y El renacer del Pádel y otros cuentos