Mundial 2026: los ídolos y las apuestas online, una trampa para nuestros hijos
En tiempos en que el fútbol lo invade todo, hablar de esto incomoda porque involucra al Mundial 2026, la Selección y sus ídolos. Pero si está en juego el bienestar de los chicos, el debate es necesario.
Hoy se proyecta una sombra alarmante: la epidemia silenciosa de la ludopatía en adolescentes.
Archivo.Como Orientadora Familiar, suelo mirar estos fenómenos colectivos a través del prisma de los vínculos, la construcción de la identidad y ese "alma colectiva" que nuestros hijos maman desde que son muy chicos. Y es precisamente ahí, bajo la luz de la pasión mundialista, donde hoy se proyecta una sombra alarmante: la epidemia silenciosa de la ludopatía en adolescentes.
No podemos mirar para otro lado: la pasión por el futbol siempre nos llevó a endiosar a quienes nos dan alegrías en la cancha, pero, ¿qué pasa cuando esos mismos "héroes" de la selección argentina de fútbol se convierten en la cara visible y publicitaria de los sitios de apuestas online? ¿Qué mensaje reciben nuestros hijos cuando sus máximos referentes, esos ídolos juveniles a quienes imitan en el corte de pelo, en la ropa y en los festejos, les dicen implícitamente a través de una pantalla que apostar es un juego de vivos, una forma fácil de ganar o, peor aún, una parte natural de vivir el deporte?
Publicidad emocional engañosa
La ludopatía adolescente no crece en el vacío, lo hace en una cultura que ha normalizado las apuestas deportivas hasta convertirlas en una extensión más del espectáculo. Hoy un chico puede ver un juego (analógico o virtual, de deporte en cancha o de un juego en una PC) y a través de las publicidades, encontrarse con futbolistas admirados, streamers o influencers asociados a plataformas que presentan el juego como algo divertido y exitoso, casi inevitable.
La ludopatía digital no es un problema individual ni una simple "travesura" de los chicos. Es el reflejo de un desamparo estructural, de un entorno social que normaliza conductas de riesgo, mientras los resortes de control público y regulaciones estatales llegan tarde o son insuficientes. Cuando permitimos que la publicidad de apuestas sature las transmisiones de los partidos, las camisetas de los clubes y las redes sociales de los influencers más convocantes, estamos rompiendo el tejido de protección que las infancias merecen de manera colectiva. Cuidar a los hijos no puede ser una carga que las familias sostengan en absoluta soledad, toda la sociedad debiera colaborar en esa tarea.
El perverso diseño de las adicciones
Aclaremos un punto importante: el problema no es que un deportista haga una publicidad, el problema aparece cuando los referentes juveniles transmiten mensajes que contradicen aquello que, como sociedad, intentamos enseñar que no es saludable. Si durante años les decimos a los adolescentes que el esfuerzo, el estudio y la constancia son caminos valiosos, pero al mismo tiempo sus héroes les muestran que se puede ganar dinero rápido apostando desde el celular, el mensaje que reciben es ambiguo. Y la influencia de los ídolos es enorme: a veces, los adolescentes los escuchan a ellos más que a sus padres, porque aprenden de ellos, en esa etapa de construcción de identidad, donde los modelos importan y pesan demasiado.
A los 14 o 15 años, la falta de ejercicio de criterio y la dificultad para evaluar situaciones de peligro real son características propias del desarrollo evolutivo, no son negligencias aisladas. Los adolescentes, vulnerables por naturaleza en su búsqueda de pertenencia y validación, no ven el algoritmo diseñado para que pierdan: solo ven a su ídolo sonriendo con una aplicación en el celular. Así, la pasión desbordada es manipulada y canalizada hacia un negocio voraz. El casino, que antes requería un documento físico y cruzar una puerta vigilada, hoy vive de manera invisible en el bolsillo de nuestros hijos, disponible las 24 horas del día en el aula, en el club o antes de dormir.
Todo está diseñado para ser altamente atractivo y la ludopatía no es un entretenimiento, es una adicción reconocida y los adolescentes constituyen una población especialmente vulnerable. Unicef advierte que 8 de cada 10 adolescentes y jóvenes conocen o accedieron a las apuestas online, y un porcentaje importante ingresa a esas plataformas con frecuencia. Además, gran parte de los accesos se realizan a sitios ilegales, con escasos controles.
El ídolo: entre el negocio y la moral
La cuestión de fondo es amplia. Una sociedad siempre propone héroes, y ellos terminan de alguna manera enviando un mensaje y educando, aunque no quieran hacerlo. Los adolescentes observan cómo viven, qué valores transmiten y qué conductas legitiman e imitan. Esto no significa exigir perfección: ningún futbolista, cantante o streamer tiene obligación de ser un santo. Hace décadas comprendimos que resultaba problemático que los ídolos juveniles hicieran publicidad de cigarrillos o alcohol, y hoy la discusión se traslada a las apuestas online. Y es entendible el negocio de su imagen, y es ante ello que los padres debemos educar en lo que selectivamente se toma de ese ídolo, y no aceptar todo lo que publicita. Porque una sociedad madura no convierte a sus ídolos en personas intocables. También se anima a preguntar qué valores están transmitiendo a quienes los observan. Y cuando hablamos de la salud mental y del futuro de nuestros hijos, esa pregunta deja de ser una polémica y se convierte en una responsabilidad.
Existe una gran polaridad entre los defensores y detractores de las regulaciones sobre la publicidad de las apuestas en el deporte, como un acto de protección social. Muchos se preguntan si las grandes figuras que construyen comunidades integradas mayoritariamente por menores de edad, deberían prestar su imagen para promocionar casas de apuestas. La pregunta no es legal sino ética, para lo que cada ídolo tendrá una respuesta particular. Ese tema irá por cuerda separada, siempre que nuestro trabajo con la familia vaya por el camino de madurar nuestra mirada para que el fútbol siga siendo un ritual de unión afectiva y no la puerta de entrada a una adicción que destruye el futuro de la juventud.
Cómo podemos cuidar a nuestros hijos
Para corregir esto, el desafío urgente debe comenzar puertas adentro, en el hogar. Es vital educar en la construcción de hábitos de prevención y estructura que contrarresten la ilusión de éxito inmediato que sugiere el exterior. Necesitamos generar espacios seguros de escucha donde hablar de los riesgos, enseñarles a cuestionar los modelos que consumen y a entender que un verdadero ídolo deportivo es valioso por su esfuerzo en la cancha, pero que sus decisiones comerciales fuera de ella no tienen por qué ser un ejemplo a seguir.
Mientras tanto, las familias tienen una tarea difícil
No alcanza con prohibir. Es necesario conversar, enseñar pensamiento crítico y ayudar a los hijos a distinguir entre el talento deportivo de un campeón y las decisiones comerciales que ese campeón pueda tomar. Un extraordinario futbolista puede ser un ejemplo de disciplina, perseverancia y superación. Pero eso no significa que todas sus conductas merezcan ser imitadas. Los adolescentes necesitan referentes. Pero, sobre todo, necesitan adultos capaces de recordarles que la admiración nunca debe reemplazar al juicio crítico.
Tenemos la responsabilidad de cuidar a nuestros hijos en todos los mundos en donde se muevan, sean analógicos o digitales, porque los riesgos en todos ellos son reales. Si no sabemos sobre sitios de apuestas investiguemos, busquemos, preguntemos. No dejemos que nuestra ignorancia ponga en peligro a nuestros hijos, ellos no tienen los mismos miedos que nosotros, pero tampoco las herramientas para evitar los peligros. Sé que, como padres, ser ídolos de los hijos adolescentes, se ve como una misión imposible. Tal vez lo sea, porque el objetivo no es la idolatría, sino que recurran a nosotros si se sienten en problemas, si necesitan apoyo o consejo, que sepan que los cuidamos no importa el error que cometan y que siempre buscamos lo mejor para ellos.
No minimicemos este peligro, no son simples juegos o apuestas, la ludopatía parece inofensiva al principio, como todas las adicciones. Hoy es el día para activar el poder de la paternidad: hablando con nuestros hijos, escuchándolos, interesándonos por sus intereses, esa es la verdadera forma de conectar con ellos. Solo los vínculos saludables los protegen de los peligros.
* Lic. Milagros Ramírez. cadafamiliaesunmundo.com
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