Amenazan con incendiarle la casa a una anestesista de Guaymallén
Ingrid es técnica anestesista en la Clínica Francesa, pero ahora está aislada en el Hospital Lencinas: tiene coronavirus. Dice que en los últimos días aprendió muchísimo sobre el ser humano. Sobre lo bueno, pero también sobre lo malo. Porque en esta pandemia aparecen con la misma fuerza las acciones generosas y las miserables. Como la de quienes amenazaron a Ingrid con "reventarle la casa y después prenderla fuego" solo porque estaba enferma.
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"Es completamente injusto. Ni siquiera sabemos cuál fue el vector que me contagió a mí. Quiero decir que esto le podría haber pasado a cualquiera. Me gustaría que todo esto nos haga pensar: ¿quién creen que los va a ayudar cuando necesiten asistencia? Serán trabajadores de la Salud, como yo y tantos otros", cuenta la mujer en diálogo con MDZ.
Y es así. La pandemia es la excusa ideal para que algunos saquen a relucir su fascismo. El Jueves Santo, tras sentir algunos síntomas estomacales, Ingrid se hizo una prueba de Covid-19, al igual que su familia. Los resultaron indicaron que ella y su novio estaban infectados.
Fue el inicio de un capítulo tan extraño como preocupante.
Ingrid se comunicó con la escuela 1279-1 "Fray Benito Lamas", de Buena Nueva, para avisar que su hija iba a necesitar un poco más de tiempo para completar las tareas. Por protocolo sanitario, la maestra avisó a los directivos, y de alguna manera ahí se armó el primer desquicio, porque las noticias sobre la supuesta "familia con coronavirus" se extendieron peor que la peste por los grupos de Whatsapp.
El colmo fue anoche, cuando las amenazas se volvieron muy explícitas
Comenzaron los escraches en las redes sociales. Insultos en algunos grupos de padres. Discriminación en el chat del jardincito.
"Por otro lado -explica Ingrid- no es 'toda la familia'. Solo tenemos Covid mi novio y yo, y los dos estamos aislados. No sé cómo alguien puede haber cometido la irresponsabilidad de desinformar de esa manera".
El colmo llegó anoche, cuando un vecino se comunicó con la hermana de Ingrid porque había personas sobre el techo de la casa donde vive la paciente. "Este hombre nos contó que había tipos intentando entrar, y cuando les dijeron algo, ellos respondieron 'le vamos a reventar la casa y después la vamos a prender fuego".
—Tuvimos que llamar al 911 y no nos preocupa solamente eso, sino la catarata de amenazas que está recibiendo toda la familia—advierte la anestesista.
Antes de despedirse, cuenta que se siente muy bien, aunque el destrato de algunos la hizo llorar mucho. El verdadero dolor -destaca- es descubrir que tanta gente está dispuesta a creer en información tan equivocada. Por suerte en el hospital la tratan con cariño, y por cada mensaje de violencia aparece un amigo solidario.
"Tienen que saber que al difundir datos que no son reales, están lastimando a familias. No son tiempos de suposiciones, sino de informarse", resume. Y añade: "ojalá que ningún otro trabajador de la Salud del mundo tenga que pasar por una experiencia así. Que entiendan que nos dedicamos a esto por por vocación, por empatía y por humanidad".
* El nombre de la entrevistada ha sido cambiado para proteger su identidad.

