Más allá del fútbol: los valores que nos acercan a los demás
Más allá de los resultados, la Copa del Mundo dejó una lección sobre identidad, esfuerzo, comunidad y el poder del deporte para unir culturas.
Este Mundial nos recordó que, cuando el ser humano reconoce los valores en los demás, encuentra motivos para acercarse al otro y aprender a ser mejor.
Maru Mena / MDZUna vez concluido el Mundial 2026, quedó mucho más que el recuerdo de los partidos disputados. Desde los medios de comunicación y las redes sociales se hizo hincapié en los goles, los triunfos y las derrotas, pero también en los sentimientos y percepciones que estos jugadores fueron despertando en millones de personas.
Sin lugar a dudas, el fútbol trascendió fronteras, culturas, religiones y las problemáticas que atravesaban distintos países, ya fueran económicas, bélicas o producto de desastres naturales. En apenas un mes pudimos conocer historias de vida, como la de Vozinha, arquero de la selección de Cabo Verde, o sensibilizarnos porque este fue el último Mundial para figuras como Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Luka Modric, Guillermo Ochoa o Neymar. Detrás de un deporte competitivo también quedaron en evidencia otras cuestiones simbólicas. Muchos jugadores compartieron sus historias personales, sus alegrías, sus lágrimas y los abrazos con sus familias. Traspasaron la camiseta que representaban y lograron que pudiéramos identificarnos con ellos.
El fútbol trascendió fronteras, culturas, religiones
Sobre todo, nos enseñaron la importancia del esfuerzo, del sacrificio de años, de levantarse frente a la adversidad y de dejarlo todo en cada partido. Lo más sorprendente fue que, durante un mes, el mundo pareció detenerse. Un campeonato mundial nos llevó a reconocer que los valores individuales y colectivos pueden acercarnos a los demás. Lo que más se destacó no fueron las cifras millonarias que perciben los jugadores de élite, sus estilos de vida o el lugar de donde provienen, sino valores que contrastan con el individualismo y la competencia permanente: el trabajo en equipo, el compañerismo, la unión para revertir un resultado, la humildad de sostener al otro y la capacidad de transformar la adversidad.
Nos enseñaron la importancia del esfuerzo
Esto pudo verse en distintas selecciones a lo largo del torneo. Más allá de los resultados, quedó demostrado que sentirse parte de un grupo es mucho más valioso, porque permite apoyarse en otros y encontrar fuerzas para cambiar el rumbo cuando las circunstancias son adversas. Entre los principales aprendizajes estuvo el sentido de comunidad, capaz de generar sentimientos de hermandad tanto en la celebración como en la incertidumbre o el sufrimiento. También se hicieron visibles las prácticas religiosas y espirituales de jugadores e hinchas de distintas creencias. Quedó claro que un partido era mucho más que un partido. En muchos casos expresaba aspectos históricos y culturales de cada país, como el ritual noruego del "remo vikingo", que simboliza la unión y la fuerza del equipo, o la presencia de banderas argentinas con la reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas.
Todo esto demuestra que lo que vemos de una sociedad no es solo su cultura material, sino también su patrimonio inmaterial y simbólico: las tradiciones, los rituales y los conocimientos que se transmiten de generación en generación y que dan sentido a lo que hacemos y a quienes somos. Este Mundial puso en evidencia los verdaderos rostros de los países y de sus culturas, más allá de los estereotipos y prejuicios. Compartir un partido o celebrar juntos generó un sentimiento de pertenencia, de ilusión y de sentido.
En definitiva, este Mundial nos recordó que, cuando el ser humano reconoce los valores en los demás, encuentra motivos para acercarse al otro y aprender a ser mejor.
* Patricia Rodríguez Aguirre. Doctora en Sociología, politóloga, profesora de Sociología en la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.


