Luciano Cáceres, sobre el presente de la cultura: "Hay como un fantasma de que los actores vivimos del INCAA"
En diálogo con MDZ, Luciano Cáceres habló de Paraíso, su nuevo unipersonal, repasó su historia en el oficio y calificó como “triste” el ataque contra el INCAA.
Luciano Cáceres dio sus primeros pasos en las artes dramáticas de niño, al ver a su padre actuar en su propio teatro.
Tatiana Colángelo/MDZLuciano Cáceres atraviesa uno de esos momentos en los que la trayectoria, lejos de volverse cómoda, parece encontrar nuevos desafíos. Mientras celebra la llegada a los cines de Nene Revancha, una película que ya tuvo recorrido internacional y muy buena recepción en festivales, también se sube solo al escenario con Paraíso, su nuevo unipersonal, que agotó entradas en su estreno y ya confirmó continuidad en la cartelera porteña.
Con casi cuatro décadas de oficio, el actor se mueve con la naturalidad de quien conoce todos los rincones del trabajo escénico: el teatro independiente, la televisión, el cine, los papeles incómodos, los personajes oscuros y también la resistencia cotidiana de una profesión marcada por la pasión, pero muchas veces también por la incertidumbre.
En esta charla con MDZ, Cáceres repasa sus comienzos, habla de los trabajos que tuvo que hacer para sostenerse y vuelve sobre una idea que atraviesa toda su carrera: la necesidad de seguir haciendo.
Mirá la entrevista completa a Luciano Cáceres
- Se acaban de estrenar dos proyectos tuyos, ¿cómo estás?
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- Muy bien, contento. Semana de estreno de "Nene Revancha", esta peli que filmamos en el 2023, que hizo su recorrido por un montón de festivales como La Habana, estuvo en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) con mucha repercusión, estuvimos en Miami, en Madrid y en Festivales por el interior del país. Finalmente, llegó a los cines, así que muy feliz.
- Y también estás presentando tu nuevo unipersonal.
- Exactamente. "Paraíso" en el San Martín. El día del estreno se agotaron todas las entradas y tengo la primicia de que, a partir de abril, estaremos los miércoles en el Teatro Regio (Avenida Córdoba 6056, CABA). Así que la obra continúa, por suerte.
- Antes de hablar en profundidad sobre esos estrenos, quería preguntarte un poco de tus comienzos en el teatro, ya que, de alguna forma, arrancaste viendo a tu papá, ¿no?
- Sí. Mis padres tuvieron sexo arriba del escenario. Mi papá vivía en un teatro, sacaba los colchones debajo del escenario y dormía sobre el escenario. Él estaba casado con la mamá de mi hermano más grande; mi madre casada, también, con otro señor; y se conocieron en la municipalidad, donde trabajaban los dos. Ellos hicieron el acto arriba del escenario y, fruto de ese amor prohibido y acá estoy yo. Siempre aclaro que fue sin cobrar entradas, sin público, fue un acto privado. Bueno, al menos eso me dijeron.
Cuando tenía tres o cuatro años, lo acompañaba a mi papá en un monólogo que él hacía, un unipersonal que se llamaba "El hombre y sus muñecos", y me lo sabía de memoria. Un día estaba en la platea y, antes de que mi papá empezara a decir la letra, yo ya le decía: "¿Sabés cómo te vas a llamar? Pamplinas". Así arrancaba la obra. Entonces, una acomodadora dijo: "Te está viendo todo el mundo a vos".
Me sacó de la platea y me subió al escenario y, entre bambalinas a la altura del escenario, podía ver a mi papá de cerca haciendo la obra y espiar cómo la gente estaba hipnotizada viendo a mi padre. Ahí me di cuenta que era el lugar donde quería estar. Y me empecé a formar, primero, en un curso gratuito que daba el sindicato de farmacéuticos y, después, en el de Alejandra Boero, que me becó. Fueron diez años de formación y empecé a trabajar también.
- ¿Cuántos años tenías cuando empezaste a trabajar?
- Tenía once. La primera obra que hice, dirigida por Alejandro Samek, hijo de Alejandra Boero, fue una obra que se llamaba "Heredarás el viento" y yo era un chico del pueblo. Y de ahí, empecé la rutina de hacer funciones los fines de semana, de cambiarme, tener mi ropita, estar con los otros actores que era un elenco de 50 personas y la convivencia. En agosto, van a ser 38 años de ese momento y no paré más.
- ¡Increíble! ¿En ningún momento dudaste de que ese fuera tu lugar?
- Dudar, lo sigo dudando. No dudo de la pasión y que es lo que me gusta hacer. Además, me dedico a la dirección. Pero sí, ante la supervivencia, pasé por muchos trabajos distintos hasta que logré vivir de este hermoso oficio. Fui albañil, plomero, electricista, kiosquero, cartero, trabajé en un bar, en la cocina, en limpieza. De todo lo que se te ocurra.
- ¿A qué edad?
- A los veintitantos, hasta que agarré continuidad laboral.
- ¿Y qué es lo que te llevaste de esos laburos?
- Creo que, de alguna manera, todo lo que pueda hacer uno para tener su supervivencia asegurada está bien. Y siempre se puede hacer teatro de manera independiente, pese a que no ganes un mango. Uno es si hace.
Yo siempre felicito, abrazo y estoy del lado de los que hacen, porque los que no hacen, a veces, son muy críticos y no merecen tanto mi respeto, la verdad. Pero los tipos que están laburando 12 horas e incluso tienen una familia, como los compañeros con los que yo me formé en Andamio, y a las 12 de la noche recién estábamos empezando a ensayar una obra hasta las 3 de la mañana... Si eso no es pasión, explícame qué es.
- ¿Vos también hacías eso?
- Sí, y lo sigo haciendo de alguna manera, porque sigo haciendo teatro y cine independiente, que no es por lo económico, pero sí es por el desafío, por arriesgar algo nuevo. Generalmente lo más comercial tiende a llevarte a un registro que ya saben que funciona: "Che, necesito un villano, llamemos a Luciano".
En el cine independiente, como es el caso de "Nene Revancha", el director, Gonzalo Demaría, en su ópera prima, dijo: "Quiero que lo hagas vos". Y bueno, me preparé para hacerlo. Pero, por ahí, un productor comercial nunca hubiera pensado en mí para interpretar a un boxeador con deterioro y ceguera.
- Contame un poco de tu papel en Nene Revancha. ¿Cuál fue el desafío de ponerte en la piel de este boxeador que, además, es ciego?
- Bueno, construir el deterioro, aprender la técnica de boxeo para ciegos y después la ceguera. Tuve la suerte de observar al gran campeón argentino Luis Bazán, boxeador pampeano. Su hijo hace de mi aprendiz en la película. Pude observar cómo se vive en este mundo no viendo.
"Nene Revancha" es una película épica. Gonzalo Demaría es uno de los dramaturgos más importantes de nuestro país y está contando una historia como las de los griegos, pero contemporánea. Es una tragedia potente de venganza y redención, con mucha poesía e imágenes increíbles. Es una película sanadora. Además, la música original es de Axel Krygier.
- Llevas casi 40 años de trayectoria. Casi todos los años laburaste en un proyecto distinto, saltaste de un éxito a otro, tratando de mantener el equilibrio con el teatro. ¿Qué es lo que te gusta de eso? ¿Qué aprendiste en estos años?
- Tiene que ver un poco con mis inquietudes. Soy una persona inquieta, curiosa, hiperactiva. Algunos me dicen: "¿Para qué haces tanto?". Y bueno, lo disfruto. Después, agradecimiento y también supervivencia, porque por ahí hay un laburo que es el que sostiene la economía y otros que no te dejan un mango o, incluso, para los que estás poniendo plata, pero ahí está el desafío.
También entendí que esto es un arte colectivo que no tiene nada que ver con el ego. Cuando mejor estoy es cuando mejor acompañado estoy en todas las áreas, no solo con los compañeros actores. Yo tengo mucho registro de que, por más que sea el protagonista, eso no significa nada; necesito del que enciende y apaga la luz con un botón (por ejemplo); necesito de un equipo.
- Te llaman mucho por hacer el villano de la tira. ¿Lo disfrutás? ¿Qué rol preferís interpretar?
- Los disfruto (a los personajes de villanos) porque, de alguna manera, en las ficciones son los que llevan la acción. Hacer del bueno es muy complicado porque dependés de las acciones de los malos y estás tan acorralado en la bondad que poco podemos manipular. Pero los tiempos han cambiado y creo que todos tenemos algo de bueno y malo; todos tenemos un muerto en un placard y nuestras miserias. Creo que ahí es cuando se vuelve más interesante y más cercano para todos.
- A la hora de interpretar al villano, ¿qué imaginas en ese momento para poder ponerte en sus pies?
- Primero busco el motor. Digo, ¿por qué este tipo es malo? ¿Qué le pasa? ¿Por qué está tan enojado con el mundo? Siempre, laburando con los autores buscamos eso.
En "Los ricos no piden permiso" había como una cosa muy dura de haber sido expulsado de esta familia, de haber sido como un hijo bastardo; ahí encontré ese enojo. O el odio de un padre como fue en "El Elegido" con Cruz, que era re duro y lo trataba de inservible todo el tiempo, mientras que el hijo quería demostrar que podía e iba por todo.
Entonces, encontrás un motor que luego genera empatía con el espectador y, muchas veces, terminan queriendo más a los malos que a los buenos.
"Hay como un fantasma de que los actores vivimos del INCAA"
- En un contexto de cuestionamiento a la financiación de la cultura y del INCAA en particular, ¿cómo ves la situación actual del cine, de la televisión argentina y también del teatro?
- Es un momento muy complejo, triste; la verdad que me angustia. Necesitamos de todas las políticas que ayudan a la cultura y a todas las áreas para que sea accesible para todo el mundo, para que la cultura no sea de élite y, también, para que se pueda producir.
Hace poco fui a comprar unos caños y sanitarios, porque hago de todo y estaba arreglando unas cosas, y me dijeron: "Che, ahora que cerraron el INCAA, tenés que laburar". Yo no le contesté nada. Pero hay como un fantasma de que los actores vivimos del INCAA. Sin embargo, en una película, de golpe, tenés 10 actores y otras 500 personas trabajando detrás, pero los actores somos la cara visible.
Se necesitan políticas de apoyo a la cultura y a todas las industrias para que un país funcione. Porque eso pasa también en otras áreas. Tenemos un país tan rico en materias primas que se vuelve extractivista, buscando que saqueen todo, sin dejar nada para el lugar; ni hablar de lo que sucede con la falta de industria. Si uno pudiese tener el producto terminado, sería laburo para un montón de gente.
Después, tiene que ver con contar nuestras historias, nuestra idiosincrasia, nuestros paisajes. Tenemos una Argentina muy grande y no es lo mismo el cuento que se cuenta en Jujuy que en Ushuaia. Cuando uno conoce su aldea y la pinta, y eso es genuino y verdadero, después gana festivales, porque tiene cercanía. A mí me emociona una película iraní, israelí o japonesa que no tiene nada que ver conmigo, pero me llega.
Al mismo tiempo, yo creo en la acción. Lo peor que podemos hacer es quedarnos quietos. Por eso, sigo haciendo teatro y cine independiente más allá de los recursos económicos. Con lo que tenemos, filmamos; con lo que tenemos, hacemos teatro; con lo que tienen, los músicos salen a tocar. Hay que resistir y no hay que parar de hacer.
- ¿Qué consecuencias ves en el día a día? ¿Ves una diferencia a la hora de solicitar financiamiento?
- Hay dificultades para hacer producciones. Pero bueno, estamos en crisis y, de alguna manera, estamos acostumbrados a vivir en crisis. Mi primer viaje a Europa con una obra de teatro fue en el 2002; veníamos del 2001. Siempre me preguntan cómo es hacer cine o teatro en crisis porque siempre estamos atravesados por ella. Nunca es cómodo.
Por eso, también, somos modelo en el mundo. Afuera dicen: "Che, esta película, ¿cuánto salió?". Con el presupuesto que ellos hacen una película, acá hacés 15, 20 o 30. Ni hablar de las de Hollywood, eso es otro nivel. Por eso digo, hay que resistir.
Paraíso, el nuevo unipersonal de Luciano Cáceres
- Hace poco estrenaste "Paraíso", tu nuevo unipersonal.
- Sí. Es una obra de Inmaculada Alvear, dirigida por Ignacio Rodríguez de Anca. Cuenta la historia de Juan Valero, un empresario "garca", un tipo inescrupuloso, que recibe un trasplante de corazón de una prostituta dominicana. Eso le aporta un universo femenino, otro tipo de sensibilidad y le genera un cambio muy potente: otros gustos, sabores y un deseo sexual activo.
La obra interpela la idea de si el órgano puede tener memoria. Aunque no haya nada científico demostrado, la obra propone que alguien puede cambiar ante un momento límite. Interpela por sobre todo a la masculinidad.
- ¿Cómo es la puesta en escena?
- Es una obra que tiene mucho audiovisual, un trabajo sonoro increíble, micrófonos, cámaras en vivo y edición en el momento. Es como estar metido dentro de una máquina, pero es una obra muy emocional que me exige mucho corporal y vocalmente.
- ¿Cuántas horas antes llegás para prepararte?
- Dos horas mínimo. No tengo esa cuestión de que "entro en el personaje", pero el trabajo te lleva a encarnarlo. Es un juego, sabiendo que es mentira, pero uno maduro porque estás expuesto a la crítica.
Disfruto el milagro del teatro. Siempre se pensó que iba a morir con la radio, el cine, la televisión o las plataformas. Pero ese hecho de que un día y hora determinados todos se vuelvan cómplices de lo que está sucediendo es único.
- ¿Qué es lo que te mueve a seguir actuando y qué te falta por hacer?
- Por hacer espero que mucho. Estoy en una edad en la que empiezan a aparecer esos personajes con otra madurez, con el peso de los años, los dolores, los triunfos y los fracasos. Personajes más complejos y menos intuitivos.
También me gusta viajar; mi anterior unipersonal, "Muerde", lleva 230 funciones y 90 ciudades. Ojalá "Paraíso" haga ese viaje. Me gusta conocer públicos y colegas de cada lugar. Muchas veces me dicen: "Es la primera vez que voy al teatro porque te vine a ver a vos", o colegas que me dicen: "Yo te vi actuar y me dieron ganas de estudiar". Eso está buenísimo.
- Tenés que ir a Mendoza nuevamente.
- A Mendoza voy todos los años. Con "Muerde" fuimos dos veces y seguramente en agosto estaremos con "Paraíso" por allá.