Los secretos del Palacio Barolo, el mítico edificio porteño que cumplió 103 años
A 103 años de la inauguración del Palacio Barolo, Tomás Thärigen revela las curiosidades del emblemático edificio porteño y sus vínculos con la Divina Comedia.
El Palacio Barolo cumplió 103 años.
Pedro Daniel García – Instagram @elchido_phLa Ciudad de Buenos Aires está repleta de edificios con historia, arquitectura y valor. Pero ninguno como el Palacio Barolo. Al caminar por Avenida de Mayo, a metros del Congreso de la Nación, vecinos y turistas se cruzan de calle para poder dimensionar la inmensidad del edificio que se inauguró 103 años atrás. Con 100 metros de altura, pasadizos, decenas de símbolos y una arquitectura que todavía despierta interrogantes por su vínculo particular con la Divina Comedia, el Palacio sigue guardando historias que atraviesan generaciones.
El edificio ubicado sobre Avenida de Mayo fue inaugurado en 1923 y hoy es uno de los referentes arquitectónicos y patrimoniales de la Ciudad de Buenos Aires. Diseñado por Mario Palanti a pedido del empresario textil Luigi -o Luis- Barolo, combina características del neogótico y el Art Nouveau con otras influencias y modernas técnicas constructivas para su época.
A 103 años de su inauguración, MDZ conversó con Tomás Thärigen, presidente de la Fundación Los Amigos del Palacio Barolo y responsable, junto con su hermano Miqueas, de las visitas guiadas que permiten recorrer el edificio durante todo el año. Su vínculo, sin embargo, comenzó mucho antes de convertir al lugar en su profesión.
Mirá la entrevista a Tomás Thärigen
Cuatro generaciones y una historia ligada al Palacio Barolo
"Todo empezó con mi bisabuelo", recordó Thärigen. En la década de 1920, su bisabuelo, Carlos Eduardo Jorio, se recibió de contador y, en 1925, alquiló una oficina del edificio para instalar allí su estudio. Luego, trabajaron su abuela, su madre y sus tíos. Tomás y Miqueas representan la cuarta generación familiar vinculada laboralmente con el edificio.
-
Te puede interesar
Calendario Anses de septiembre: quiénes son los primeros en cobrar y cuándo
Para Tomás, el Barolo también forma parte de sus primeros recuerdos. De chico jugaba sobre sus pisos de pinotea y, cuando volvían a casa, escuchaba hablar constantemente del edificio en el que trabajaba toda la familia. Con el paso de los años fue testigo de sus transformaciones: hacia fines de los años 80' y durante los 90', contó, la planta baja no atravesaba su mejor momento de conservación y hasta podía generar cierto temor atravesar el pasaje. Sin embargo, todo seguía teniendo una mística que lo cautivaba.
Al crecer, comenzó a sentir interés trabajar en el edificio vinculado con su historia familiar. Mientras su hermano, Miqueas, trabajaba como cadete en la administración, algunos estudiantes de arquitectura empezaron a preguntarle si podían conocerlo. Fue así que empezó el proceso de mostrar cómo es por dentro el mítico edificio porteño, casi de casualidad. Las consultas eran pocas, pero suficientes para preparar un recorrido y repartir folletos en la calle. Tomás se sumó después, encargado del diseño de los materiales y la página web.
Con el tiempo, aquella iniciativa terminó convirtiéndose en una responsabilidad y una forma de disfrutar la obra que excedía a la familia. "Si yo tuve la suerte de poder recibirlo y disfrutar el edificio, me da la obligación, como la responsabilidad, de devolvérselo a la sociedad de alguna manera", sostuvo, en diálogo con MDZ.
El vínculo del Palacio Barolo con la Divina Comedia
La construcción del Palacio comenzó en 1919 y terminó en 1923. Según relató Thärigen, Luis Barolo conoció al consagrado arquitecto italiano Mario Palanti en el contexto de los festejos por el Centenario argentino de 1910. Tiempo después, el arquitecto le presentó el proyecto de un edificio destinado a alquilar oficinas pero que, con el tiempo, quedaría asociado para siempre con la obra de Dante Alighieri, la Divina Comedia.
Es que, en una columna de opinión del diario La Nación, se enumeraban las distintas relaciones y/o semejanzas del edificio con la Divina Comedia de Dante Alighieri. Entre ellas, que el edificio alcanza los 100 metros, mientras que el poema de Dante está compuesto por 100 cantos. Como si fuera poco, el recorrido del Barolo se suele interpretar mediante la división entre Infierno, Purgatorio y Paraíso, tal como en la obra del escritor italiano.
Sin embargo, Thärigen introduce una salvedad importante: no quedaron documentos de Palanti en los que el arquitecto afirmara explícitamente que había diseñado el edificio inspirado en la Divina Comedia. Las alegorías fueron identificadas posteriormente a partir de investigaciones sobre su arquitectura. Por ese motivo, su vínculo con la obra de Dante no es más que un mito, que sigue atrapando a todo aquellos que quieren ir a conocer el edificio.
Con el tiempo, también surgió otro mito. En medio de las tensiones europeas de comienzos del siglo XX habría existido temor por el destino de los restos de Dante. Por ello, se corrió el rumor de que el edificio habría sido pensado como un lugar en el que pudieran resguardarse los restos del autor italiano.
El edificio que hacía cruzar de vereda a los porteños
Hoy los rascacielos forman parte del paisaje urbano, pero hace un siglo la construcción del Barolo provocaba una impresión muy diferente. En la década de 1920, los edificios de Avenida de Mayo alcanzaban unos 25 metros y fue necesario un permiso especial para levantar una estructura que llegara a los 100. En ese contexto, Thärigen contó una curiosidad transmitida incluso dentro de su familia: algunas personas preferían caminar por la vereda de enfrente porque, al mirar la construcción, temían que pudiera caerse. "Cuando la gente caminaba por acá y veía que algo se construía tan alto, cruzaba de vereda porque decía: 'Se va a caer, está torcido'", dijo.
La experiencia de subir 15 pisos en ascensor también resultaba extraordinaria para la época. "Era una montaña rusa para la gente", comparó Thärigen al describir el impacto que tuvo aquella mole en la Buenos Aires de comienzos del siglo XX.
Los ascensores secretos del Palacio Barolo
Entre las curiosidades del edificio hay una que permanece literalmente escondida entre sus paredes. Luis Barolo se había reservado para sí los primeros dos pisos y los dos subsuelos. Para desplazarse entre ellos, se construyeron dos ascensores privados que atravesaban las columnas.
El empresario podía ingresar desde el subsuelo, llegar hasta su oficina y marcharse sin necesidad de circular por los espacios comunes. Con los cambios de propietarios y usos de las oficinas, mantener aquella conexión dejó de tener sentido y los accesos fueron tapiados. Pero una parte continúa allí. "No están más a la vista, pero el coche está dentro de la columna. No se sacaron, pero están", reveló.
Del turismo extranjero a miles de visitantes argentinos
Lo que comenzó con unos pocos estudiantes de arquitectura se transformó en una atracción que actualmente recibe entre 2.500 y 3.500 visitantes por mes. Según Thärigen, dependiendo de la jornada pueden recorrerlo entre 70 y 150 personas. Y hoy predominan los argentinos.
No siempre fue así. Durante los primeros años de las visitas, buena parte del público provenía del exterior. La aparición del Barolo en guías internacionales ayudó a expandir su reconocimiento y produjo un fenómeno que Thärigen compara con la historia del tango: primero fueron los extranjeros quienes comenzaron a valorarlo y, después, los propios argentinos volvieron la mirada hacia ese patrimonio. Ahora llegan visitantes de Mendoza, San Juan, Entre Ríos, el sur del país, la provincia de Buenos Aires y distintos puntos de Argentina.
La Fundación Los Amigos del Palacio Barolo, creada a fines de 2019, busca profundizar esa relación mediante iniciativas culturales, educativas, de inclusión social y preservación patrimonial. El objetivo que plantea Thärigen es ambicioso y sencillo de explicar: "Como vos ves la Torre Eiffel y sabés que es París, ¿por qué no ver el Barolo y saber que es Argentina?"
Los 103 años del Palacio Barolo
Para celebrar el nuevo aniversario, la Fundación realizó la primera edición de un Concurso Internacional de Artes Visuales inspirado en el edificio. La convocatoria superó los 200 inscriptos e incluyó participantes de Uruguay, Brasil, Chile y hasta Taiwán. Hubo cinco categorías: textil, fotografía, dibujo, escultura y pintura. Los ganadores obtuvieron la posibilidad de exponer sus trabajos en el propio Palacio.
Pero las actividades por el 103° aniversario continúan. Según comentó Tomás, la agenda en el Palacio Barolo sigue con actividades culturales, música en las terrazas y distintas iniciativas, que se pueden conocer en detalle en su sitio web y redes sociales.
Después de más de un siglo, el desafío de quienes hoy gestionan su patrimonio es que el Barolo no quede reducido a una pieza de la Buenos Aires del pasado, sino que continúe incorporando nuevas historias a las miles que ya atravesaron sus pasillos.






