Presenta:

Los oficios tras la muerte: quiénes trabajan antes de la inhumación

La muerte mueve una maquinaria silenciosa. Los oficios invisibles detrás de un funeral en Argentina.

Entre la muerte y el cementerio intervienen distintas personas que forman parte del negocio, pero que también son necesarios.

Entre la muerte y el cementerio intervienen distintas personas que forman parte del negocio, pero que también son necesarios.

Shutterstock

La muerte no es solo una actividad para el cementerio, sino que mueve una maquinaria silenciosa que funciona todos los días lejos de la vista de la mayoría. En Argentina, el negocio funerario conforma una industria que trabaja las 24 horas y se activa apenas se certifica un fallecimiento.

Detrás de cada entierro o cremación interviene una cadena de oficios especializados que incluye desde choferes de coches fúnebres y empleados de morgues hasta marmoleros y floristas.

Detrás de cada entierro o cremación interviene una cadena de oficios especializados que incluye desde choferes de coches fúnebres y empleados de morgues hasta marmoleros, floristas, tanatopractores y operadores de hornos crematorios.

Los oficios esenciales de los servicios funerarios

Uno de los primeros en intervenir es el personal funerario encargado del retiro del cuerpo. Son quienes reciben llamados a cualquier hora, coordinan traslados y trabajan tanto en hospitales como domicilios particulares. A ellos se suman los choferes de coches fúnebres, empleados administrativos que gestionan certificados y operadores que organizan velorios, cementerios y cremaciones en cuestión de horas.

Dentro de las funerarias existe además un oficio poco conocido: el de los tanatopractores. Son especialistas en la preparación estética y sanitaria de los cuerpos. Se encargan de higienizar, maquillar, vestir y, en algunos casos, reconstruir partes dañadas del rostro o del cuerpo tras accidentes o enfermedades. Su trabajo busca que el fallecido pueda ser despedido por la familia en condiciones adecuadas durante el velorio.

Otro eslabón clave son los trabajadores de morgues y cementerios. Allí intervienen médicos forenses, camilleros, empleados de cámaras frigoríficas, sepultureros y personal de mantenimiento. En cementerios públicos y privados, los sepultureros realizan entierros, reducciones de restos y mantenimiento de nichos y parcelas, mientras que los crematorios requieren operadores especializados que controlan hornos que alcanzan temperaturas extremas.

La industria funeraria también sostiene una red de oficios indirectos. Existen fábricas dedicadas exclusivamente a la producción de ataúdes, urnas y placas recordatorias. Carpinteros, herreros, tapiceros y diseñadores participan en la elaboración de féretros que pueden ir desde modelos económicos hasta piezas de lujo con detalles personalizados.

A su alrededor funcionan además florerías, marmolerías y empresas de transporte especializadas. Las florerías reciben gran parte de su demanda de funerales y velorios, mientras que las marmolerías producen lápidas, monumentos y placas para cementerios. También existen compañías que realizan traslados de cuerpos entre provincias o incluso repatriaciones internacionales, un servicio que requiere permisos sanitarios y logística compleja.

En los últimos años, el sector sumó nuevos perfiles vinculados a la digitalización y los cambios culturales. Ya existen empresas que administran memoriales virtuales, transmisiones online de funerales y gestión de cuentas digitales de personas fallecidas. A eso se agregan asesores de seguros de sepelio y especialistas en ceremonias personalizadas o despedidas ecológicas.

Aunque gran parte de estos trabajos permanece invisibilizada por el tabú social que rodea a la muerte, todos forman parte de una economía que mueve millones de pesos cada año. Desde quienes trasladan un cuerpo de madrugada hasta quienes fabrican una lápida o mantienen un cementerio, el negocio funerario depende de una extensa red de oficios que comienza a trabajar apenas termina una vida.