Los mitos sobre ITS que preocupan a los especialistas en Argentina
Creencias erróneas, baja percepción de riesgo y fallas en educación sexual influyen en conductas que favorecen el aumento de las ITS.
El preservativo es vital para prevenir ITS.
Desde canciones que celebran el sexo “a pelo” hasta la idea de que “si es con alguien conocido no pasa nada”, las creencias erróneas sobre salud sexual siguen circulando. En paralelo, datos oficiales muestran un escenario preocupante: las infecciones de transmisión sexual (ITS) crecen y el diagnóstico de VIH aún llega tarde en casi la mitad de los casos.
En Argentina viven unas 140.000 personas con VIH, según el Boletín N° 42 de respuesta al VIH y las ITS del Ministerio de Salud. El 13% desconoce su diagnóstico y el 49% de los nuevos casos se detecta de manera tardía. Además, el 99% de las infecciones en varones y el 98% en mujeres se producen por relaciones sexuales sin protección.
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Para los especialistas, detrás de estos números no solo hay prácticas de riesgo individuales, sino también mitos persistentes, banalización, fallas en la educación sexual y ausencia de campañas sostenidas de prevención.
Creencias erróneas que circulan sobre ITS
Una de las ideas más frecuentes en consultorio es que el sexo oral no transmite infecciones. La médica uróloga y sexóloga, Paula Monasterolo, del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y del ámbito privado, cuenta que escucha a menudo: “No tengo sexo con mis genitales, solamente sexo oral, entonces no me puedo contagiar”.
La infectóloga Gabriela Poblete advierte que ese desconocimiento es habitual. Muchas personas usan preservativo en relaciones con penetración vaginal o anal, pero no en sexo oral, y se sorprenden cuando reciben un diagnóstico, especialmente de sífilis.
El aumento de sífilis es uno de los indicadores más claros del problema: la tasa nacional alcanzó 93 casos cada 100.000 habitantes en 2024, muy por encima de la tasa de VIH.
Otra creencia extendida es asociar el riesgo a determinadas personas. Monasterolo señala que el argumento más repetido es: “Tuve relaciones con una conocida o con una amiga y por eso no pensé que podía tener algo”.
Poblete coincide en que todavía persiste el estigma que vincula las ITS únicamente con trabajadoras sexuales o con personas con múltiples parejas, cuando en realidad el riesgo depende de la práctica sin protección.
Banalización y baja percepción de gravedad
A la desinformación se suma una percepción atenuada del riesgo. La ginecóloga Dolores García Traverso observa que en adolescentes y jóvenes un diagnóstico de clamidia o gonococo ya no genera el mismo impacto que antes. “Bueno, listo, me dan un antibiótico y ya está”, describe como una reacción frecuente.
Para los especialistas, esta banalización reduce la consulta temprana y el cuidado sostenido. Si bien muchas ITS tienen tratamiento, no todas son inocuas ni se curan sin consecuencias. Algunas pueden afectar la fertilidad, generar complicaciones en el embarazo o, en etapas avanzadas, comprometer órganos vitales.
El VIH, por ejemplo, no tiene cura, aunque cuenta con un tratamiento eficaz que permite una buena calidad de vida si se diagnostica a tiempo. Sin embargo, casi la mitad de los nuevos casos en el país se detecta en etapas avanzadas.
El preservativo, entre mitos y mal uso
El uso del preservativo sigue atravesado por excusas y errores. Monasterolo señala que todavía se escucha que “reduce el placer” o que “a las chicas no les gusta”, argumentos que, en su experiencia, muchas veces encubren la resistencia de los propios varones a utilizarlo.
La uróloga y sexóloga agrega que en algunos casos ni siquiera saben usarlo correctamente. Muchos lo guardan en la billetera o en el bolsillo durante largos períodos, lo que puede deteriorarlo, y desconocen cómo abrirlo o colocarlo de forma adecuada.
Para Monasterolo, estos errores evidencian que la educación sexual muchas veces llega tarde o de manera fragmentada. “No alcanza con hablar de métodos anticonceptivos; hay que enseñar cómo se usan y por qué son necesarios”, resume.
Según datos de AHF Argentina, solo el 17% de adolescentes y jóvenes encuestados afirmó usar preservativo siempre en todas sus relaciones sexuales.
Un problema que atraviesa generaciones
La baja percepción de riesgo no es exclusiva de los más jóvenes. Poblete advierte que en adultos mayores muchas veces no se consideran en situación de riesgo y no tienen incorporado el uso del preservativo, especialmente si ya no existe posibilidad de embarazo.
Monasterolo plantea que el problema tiene raíces más profundas. A su criterio, hay generaciones enteras con escasa educación sexual formal y dificultades para comprender aspectos básicos de anatomía y genitalidad.
En un contexto atravesado por redes sociales y circulación fragmentada de información, los especialistas coinciden en que el desafío es reforzar la educación basada en evidencia, promover el testeo periódico y desarmar mitos persistentes.
El riesgo no depende de la identidad, de la orientación sexual ni de que la pareja sea “conocida”. Depende, sobre todo, de la falta de protección y de la falsa sensación de que “no pasa nada”.
En un escenario donde las ITS crecen y el VIH aún se diagnostica tarde, desarmar mitos no es un detalle cultural: es una herramienta de salud pública.


