ver más

"Lo mío no fue adopción, fue apropiación": la historia de Verónica Ruiz

A los 39 años, un ADN confirmó la sospecha que la acompañó desde joven. Hoy busca reconstruir su origen y conocer la verdad sobre su nacimiento.


Durante muchos años, Verónica Ruiz convivió con una intuición difícil de explicar. Desde joven sentía que algo no cerraba en su historia familiar, aunque no tenía pruebas ni respuestas claras. Las dudas aparecían en pequeños detalles, silencios incómodos y en la sensación persistente de que algo estaba siendo ocultado.

Esa sospecha quedó guardada durante décadas, hasta que a los 39 años decidió buscar una certeza. Un estudio de ADN realizado a escondidas con la mujer que la crió confirmó lo que durante años había sido solo una intuición. A partir de ese momento, comenzó un proceso personal profundo para reconstruir su origen y entender qué pasó realmente con su nacimiento.

Mira la entrevista completa a Verónica Ruiz

Entrevista Verónica Ruiz

-¿Cuándo empezaste a sentir que había algo que no cerraba en tu historia familiar?

-Yo tuve dudas desde chica, pero se volvieron más claras a partir de mis 20 años. Me acuerdo de que buscaba mucho en las fotos familiares, como si en algún momento fuera a encontrar una imagen que me diera una respuesta. Miraba a ver si aparecía mi mamá embarazada, si había una secuencia lógica de la historia, algo que justificara mi llegada. También agarraba mi partida de nacimiento y la leía una y otra vez, tratando de encontrar un dato, un apellido, una pista. En ese momento no sé si podía explicarlo con precisión, pero sí tenía una sensación muy fuerte de que algo me olía mal. Había una sospecha, una incomodidad, algo que no terminaba de encajar en el relato familiar.

-¿Qué cosas concretas alimentaban esa sospecha?

-Sobre todo las fotos y ciertos silencios. Yo veía imágenes de mi mamá y de mi papá, de viajes, de salidas, de distintos momentos de su vida juntos, y de golpe aparecía un vacío. No había fotos de embarazo, no había fotos del hospital, no había registros de esa etapa previa a mi nacimiento. Era como si la historia tuviera un corte abrupto: hasta un momento había un relato y después aparecía yo recién nacida. Ese salto era muy notorio. A eso se sumaban algunos comentarios que escuché de chica, situaciones familiares que en ese momento no entendía del todo pero que se me quedaron grabadas. Hoy también pienso que hay algo de memoria que queda en el cuerpo, en el alma, aunque una no lo recuerde de manera consciente. Siento que esa intuición me acompañó siempre.

-¿Por qué marcás que lo tuyo no fue adopción sino apropiación?

-Porque para mí es importante nombrarlo como corresponde. Yo siempre aclaro que no fue adopción, sino apropiación. La adopción implica un proceso legal, una instancia oficial, trámites, una verdad dicha de frente. En cambio, cuando nada de eso existe, cuando vos crecés sin que te cuenten lo que pasó realmente, cuando además te arman una identidad que no es la tuya, el término correcto es apropiación. Es una palabra dura, sí, pero es la que corresponde. Y también creo que nombrarlo así me ayuda a entender mi propia historia, a ordenar algo que durante años estuvo envuelto en silencio, en medias verdades y en una construcción falsa sobre mi origen.

-¿Cuándo esa sospecha se transformó en certeza?

-Eso pasó hace muy poco. Yo hoy tengo 40 años, así que fue el año pasado, cuando tenía 39. Durante mucho tiempo el tema estuvo guardado, como en un cajón. No era algo que yo hablara todos los días ni algo sobre lo que estuviera investigando constantemente, pero seguía ahí, latente. En un momento sentí que ya no podía seguir viviendo con esa duda y decidí hacerme un ADN con mi mamá a escondidas. No fue algo impulsivo: averigüé cómo hacerlo, qué tipo de muestras servían, cómo conservarlas. Terminé guardando pelos de ella después de depilarle las cejas, los puse en una gasa y los mandé a analizar. A las dos o tres semanas llegó el resultado y ahí se terminó cualquier margen de duda: se confirmó que no era mi madre biológica.

Buscaba fotos de mi maná embarazada de mi

Buscaba fotos de mi mamá embarazada

-¿Cómo fue el momento en que recibiste ese resultado?

-Fue muy fuerte, muy movilizante. Primero me llamaron del lugar donde habían hecho el análisis y ya desde esa llamada sentí que se trataba de algo importante. No sé bien cómo explicarlo, pero había una manera de hablar, una empatía, una delicadeza que me hizo pensar que lo que venía no era cualquier cosa. Después abrí el mail y leí que no era mi madre biológica. En ese instante confirmé algo que había sospechado durante muchos años. Fue impactante porque, aunque en el fondo yo convivía con esa intuición, una cosa es sospechar y otra muy distinta es leerlo, verlo escrito, tenerlo confirmado. Ahí todo dejó de ser una sensación y pasó a ser una verdad concreta, imposible de esquivar.

-¿Antes del ADN habías intentado hablar del tema con tu familia?

-Sí, hubo intentos, pero nunca prosperaron. A los veintipico yo hacía terapia y mi terapeuta me impulsaba a preguntar, me decía que tenía que sanar mis orígenes, saber de dónde venía, animarme a tener esa conversación. En ese momento a mí me resultaba dificilísimo. Recuerdo que un día me animé, pero ni siquiera fui directo al punto: empecé preguntando si mi papá era mi papá. Y mi mamá me respondió algo así como: “Ay, Vero, cómo no vas a ser hija de tu papá”, y con eso cerró la conversación. Después hubo otros pequeños intentos, comentarios sobre casos de adopción en la familia, preguntas indirectas, pero siempre terminaba pasando lo mismo: negaciones, incomodidad, silencios. Con el tiempo entendí que por ahí no iba a encontrar la verdad. Por eso terminé yendo al ADN, porque necesitaba una certeza que no dependiera de que alguien quisiera o no contarme algo.

-¿Qué datos concretos tenés hoy sobre tu nacimiento y sobre tu mamá biológica?

-Tengo algunos datos, aunque todavía hay muchas zonas oscuras y muchas versiones cruzadas. Lo que sé es que mi mamá biológica se llamaría Teresa, igual que la mujer que me crió, algo que todavía me parece insólito. También sé que nací en Merlo, en un parto domiciliario, el 9 de octubre de 1985. Según lo que me contaron, en ese parto estaban mi mamá biológica y una tía que era enfermera. Después aparece un médico que firma una partida de nacimiento en la que figuran como mis padres personas que no lo son. Ahí hay un punto clave, porque evidentemente ese médico tiene que saber algo de cómo se armó esa documentación. Después de eso, me llevaron a Flores, que es donde me crié. Y además existe una versión de una prima mía que dice que mi mamá biológica volvió a buscarme cuando yo tenía dos años y que incluso se armó un lío en la puerta de mi casa. Mi mamá de crianza dice que no se acuerda. Entonces hoy también estoy tratando de reconstruir la verdad entre relatos que muchas veces se contradicen.

Hace menos de un año que confirmé todas mis sospechas

Hace menos de un año que confirmé todas mis sospechas

-Si algún día encontrás a tu mamá biológica, ¿qué te gustaría decirle o preguntarle?

-No sé exactamente qué haría, porque me imagino que sería un momento muy fuerte y con emociones muy mezcladas. Me da miedo, me da nervios, me da entusiasmo, alegría, incluso rechazo; me da todo junto al mismo tiempo. Pero sí sé que lo primero que querría hacer es preguntarle qué pasó, cómo fue, escuchar su versión. No desde el juicio, sino desde la necesidad de comprender. Yo no creo que una persona haga algo así a la ligera. Pienso que detrás de una historia como esta hay razones sociales, contextos duros, mandatos, dolor, situaciones estructurales muy profundas. Más allá de cómo termine ese encuentro, siento que escuchar su verdad me ayudaría mucho a entender mi propia historia, a completar algo que quedó abierto durante toda mi vida y, tal vez, a encontrar un poco de paz.