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Lionel Messi y el posible rol histórico de los millennials

En el contexto de cambio de época, el testimonio de Messi, nos invita a reconocer las características generacionales para desplegar conscientemente un protagonismo social.


En su obra “El tema de nuestro tiempo”, José Ortega y Gasset, plantea una idea sobre el significado histórico y social de las generaciones. Cada generación representa un momento vital, una pulsación del potencial histórico de un pueblo. Estamos frente a una especie de unidad básica histórica que asume una percepción similar de la vida.

Más allá de las diferencias ideológicas, políticas, religiosas o futbolísticas, en cada generación, hay una experiencia común objetiva. Esta experiencia presenta contextos y desafíos comunes que modelan los elementos de una “identidad generacional”, independientemente de las percepciones personales subjetivas. Esta identidad nos presenta una serie de características particulares que dibujan una pertenencia social compartida, una sensibilidad existencial de confluencia y un rol histórico de cooperación. En 1991 Neil Howe y William Strauss publican el libro Generations: The History of America's Future, 1584 to 2069, y utilizan por primera vez el término “millennial ” para definir un bloque y una identidad generacional. Si bien no hay un consenso definitivo para establecer qué personas forman parte de esta generación, sí hay un rango aproximado para referirla a ellos: los nacidos entre los años 1980 y el 2000. Aunque la caracterización de los millennials también es compleja y fruto de disputas, hay un punto de confluencia como resultado de un dato objetivo: son una generación de transición.

Cada generación representa un momento vital, una pulsación del potencial histórico de un pueblo.

En 1997 Neil Howe y William Strauss publican un nuevo libro: El cuarto giro. Allí se animan a predecir una importante crisis social, económica y cultural en el primer cuarto del siglo XXI. Será un momento bisagra para historia que implicará un proceso de varios años. Luego de la publicación del libro, los autores, señalaron el periodo 2008 – 2030 como el momento de transformación y, además, agregaron que los millennials tendrían un protagonismo especial en esos años. Si pensamos en la pandemia de 2020 y el crecimiento de la IA, el planteo tiene bastante sentido. Ninguno de los millennials nació rodeado de dispositivos inteligentes. Sus primeros pasos no fueron etiquetados en las redes sociales. Sus palabras iniciales no fueron parte de una secuencia de videos de Tik Tok. Sin embargo, todos millennials ya estaban interactuando con el mundo cuando el 9 de enero del año 2007, Steve Jobs, anunció frente a un auditorio en la ciudad de San Francisco, California, que Apple había dedicado años de investigación para desarrollar un nuevo producto: el “Iphone”. Ya no era un teléfono móvil sino un dispositivo digital e inteligente desarrollado como elemento de transformación social y cultural. Comenzaba aquí un proceso de adaptación generacional en la aceleración de un cambio civilizatorio como nunca lo habíamos visto.

En 2009, Simon Sinek, escritor británico y profesor de Comunicación Estratégica, analizó en una charla TED las dificultades que enfrentan los millennials. Atribuyó su frustración, especialmente en el ámbito laboral, a cuatro factores: una educación excesivamente sobreprotectora, la dependencia de la tecnología, la impaciencia propia de la cultura de la inmediatez y entornos laborales más centrados en los resultados que en las personas. En este contexto, los millennials podrían auto percibirse como una generación que se desarrolla en un cambio de época. No se sienten parte del mundo analógico pero tampoco nacieron propiamente en la era digital. Parecieran una generación de transición destinados a ser lo último de un proceso en desaparición y la antesala de un futuro desconocido. Sin embargo esta aparente debilidad podría ser aquello que revela su rol histórico.

Una generación que se desarrolla en un cambio de época

Los millennials han podido experimentar dos modos de vida con el desafío de discernir las ventajas y los riesgos del cambio epocal. No es casual que Lionel Messi parezcan encarnar esa condición de bisagra: creció con valores propios de un mundo analógico —la familia, el esfuerzo silencioso, la pertenencia y la paciencia— y debió desplegar su liderazgo en una cultura dominada por la inmediatez, la exposición permanente y las redes sociales. Messi parecería encarnar el traspaso de un legado cultural que actualiza y comunica de modo renovado los valores de una época pasada que siguen teniendo vigencia en nuestros días.

Junto a Messi, los millennials, están alcanzando su madurez y protagonismo social antes de la primera mitad del siglo XXI. Si asumen conscientemente las ventajas que les otorga ser protagonistas del cambio de época, podrán dejar de ser una generación de transición y convertirse en una generación de traspaso. Podrán ser los facilitadores del encuentro entre las generaciones mayores y más jóvenes. El legado de Messi parece ir precisamente en esa dirección: más que sus títulos, transmite un modo de habitar el éxito donde la familia es refugio, el liderazgo es servicio y la grandeza nace de poner el "nosotros" por encima del "yo". Esos valores, heredados de otra época, encuentran en él un puente hacia las nuevas generaciones.

Más allá de las diferencias ideológicas, políticas, religiosas o futbolísticas, en cada generación, hay una experiencia común objetiva.

Nuevas generaciones que están buscando estos valores

En cada época de cambios se debe prestar especial atención a lo que se debe cambiar. Sin embargo, en un cambio de época se debe prestar especial atención a lo que debe permanecer. Allí podría encontrarse la misión histórica de los millennials: no conservar el pasado por nostalgia ni abrazar el futuro por entusiasmo ingenuo, sino discernir qué valores merecen ser transmitidos. Solo así dejarán de ser una generación de transición para convertirse en una generación de traspaso. Quizá por eso figuras como Messi despiertan una admiración que trasciende el deporte: porque recuerdan que, aun cuando el mundo cambia de velocidad, hay virtudes —la fidelidad, el trabajo, la humildad, la familia y el espíritu de equipo— que siguen siendo capaces de atravesar las épocas.

* Pedro Giunta. Filósofo y Teólogo.