Lionel Messi hace en un segundo lo que la Iglesia argentina no logra desde hace años
Un gesto del capitán de la Selección Argentina, Lionel Messi, reabre la discusión sobre fe, símbolos y autoridad religiosa.
El gesto de Lionel Messi después de un gol puso en primer plano una pregunta incómoda para la Iglesia argentina.
EFEEn la Argentina conviven dos fenómenos que parecen ir por carriles distintos, pero que terminan cruzándose. Por un lado, la Iglesia Católica pierde fieles, busca recuperar protagonismo público y aguarda la primera visita del nuevo Papa. Por otro, un gesto casi automático de Lionel Messi volvió a abrir una pregunta incómoda: ¿quién tiene hoy mayor capacidad para transmitir la fe?
No fue un discurso ni una campaña pastoral. Apenas la señal de la cruz después de un gol, repetida ante millones de personas en todo el mundo. Pero para algunos especialistas ese gesto tiene hoy un poder simbólico que supera al de buena parte de la estructura eclesiástica.
Una Iglesia que busca recuperar protagonismo
La reflexión cobra fuerza en un contexto particular. Según estudios recientes, el catolicismo continúa perdiendo peso en la Argentina, mientras crecen las iglesias evangélicas y también quienes se definen como creyentes, aunque sin pertenecer a ninguna institución religiosa.
En ese escenario, el sociólogo Marcos Carbonelli sostiene que la Iglesia está recuperando protagonismo público y que la posible visita del nuevo pontífice -prevista, según distintas versiones, entre octubre y noviembre- volverá a colocarla en el centro de la agenda política.
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"La Iglesia Católica está recuperando una voz pública. Siempre la tuvo, pero ahora con mayor legitimidad. Se siente autorizada para hablar de temas de primer orden, como el consumo problemático de drogas y la situación de las personas sin techo", afirmó.
Carbonelli también anticipa que la Casa Rosada buscará aprovechar ese escenario.
"Claramente el Gobierno va a intentar capitalizar esa visita como una muestra de que hay sintonía, buen diálogo y cordialidad con el nuevo pontífice. Quizás marque que con Francisco no se podía o que había una ideología distinta", señaló.
Cuando un gesto vale más que un sermón
Pero mientras la política mira hacia Roma, otros observadores ponen el foco en un fenómeno mucho más cotidiano: la capacidad de determinadas figuras públicas para transmitir símbolos religiosos de manera espontánea.
Hay quienes sostienen que la Iglesia argentina concentró durante años buena parte de su acción en programas sociales, asistencia a sectores vulnerables y problemáticas como las adicciones, dejando en un segundo plano el mensaje espiritual y el diálogo con amplios sectores de la sociedad, especialmente la clase media.
Desde esa mirada crítica, el contraste con Messi resulta elocuente.
Cada vez que el capitán de la Selección se persigna después de convertir un gol o antes de un partido, millones de chicos observan el gesto del deportista más admirado del mundo. Sin palabras, sin homilías y sin buscar dar un mensaje explícito, exhibe públicamente su fe. Muestra que no solo profesa una fe en Dios, sino específicamente en Jesucristo, el Dios de la tradición cristiana trinitaria.
Un segundo de Messi logra un hecho absolutamente evangelizador que los obispos de la Argentina, en casi los últimos 25 años, no han logrado.
La nueva autoridad simbólica
Refleja un cambio de época: la influencia religiosa ya no pasa únicamente por las instituciones, sino también por referentes culturales capaces de instalar valores y símbolos desde espacios completamente distintos.
Paradójicamente, Messi tampoco tuvo siempre una relación sencilla con la Iglesia argentina. En 2017, cuando se casó en Rosario, el Arzobispado de la ciudad no autorizó que la celebración se realizara en el complejo donde se desarrolló la fiesta, una decisión que generó cuestionamientos debido a las complicaciones de seguridad que implicaba trasladar a los invitados.
Hoy, casi una década después, la discusión ya no gira sobre aquel episodio sino sobre otro interrogante: quién consigue llegar con más fuerza a las nuevas generaciones.
Mientras el Gobierno se prepara para mostrar cercanía con el próximo Papa y la Iglesia busca recuperar centralidad en la conversación pública, el futbolista más famoso del planeta recuerda, con un gesto que dura apenas unos segundos, que la construcción de autoridad simbólica también se juega fuera de los templos.