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¿Libertad es no elegir? Cómo acompañar a los adolescentes ante la decisión vocacional

Frente a la ansiedad por el futuro, especialistas proponen resignificar la elección como un acto de libertad, madurez y construcción personal.


La escena se repite cada año con una intensidad renovada: miles de adolescentes se encuentran frente al abismo de la finalización de la escuela secundaria, cargando con una montaña de ofertas universitarias y una presión invisible que parece asfixiarlos.

La pregunta "¿qué vas a ser cuando seas grande?"

Ha dejado de ser una simple curiosidad lúdica para transformarse en un disparador de ansiedad. En un mercado laboral que se reinventa a una velocidad vertiginosa, el discernimiento vocacional ya no es la elección de una carrera para toda la vida, sino el inicio de un proceso de construcción de identidad.

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Miles de adolescentes se encuentran frente al abismo de la finalización de la escuela secundaria.

El primer gran obstáculo que deben sortear tanto jóvenes como adultos es la confusión entre libertad y falta de compromiso. Como bien señala el filósofo Juan Pablo Roldán en su artículo La libertad, después de la libertad, existe una concepción errónea que entiende la libertad como una "indiferencia" o un "poder neutro, capaz de aplicarse a cualquier acción —buena o mala— sin distinción". Bajo esta mirada, cualquier decisión o definición se percibe como una pérdida de libertad. Sin embargo, Roldán advierte que esta "libertad consistente en no estar determinado demandaría no elegir nunca".

Para acompañar de manera efectiva, el adulto debe ayudar al joven a entender que la madurez no reside en mantener todas las puertas abiertas, sino en la capacidad de cruzar una. Roldán explica que la verdadera libertad no es la "indeterminación", sino la "autodeterminación". En este sentido, el modelo del hombre libre no es el que evita las ataduras, sino aquel que "en la vida va eligiendo un camino propio, de plenitud, comprometiéndose en su propia vocación". Elegir no es limitar el ser, sino empezar a ser alguien real; como indica el autor, "mi libertad no se hace plena siguiendo cualquier camino posible, sino el mío propio".

La verdadera libertad no es la "indeterminación"

No obstante, este proceso de elección requiere un marco de referencia. Para Roldán, "una libertad sin verdad es una libertad vacía". El acompañamiento de calidad debe proporcionar herramientas para que el joven descubra su propia verdad, entendiendo que los límites no son cárceles, sino rieles. "Los límites auténticos no disminuyen la libertad sino que la alimentan, le son esenciales. Sin ellos, se evapora". El papel del educador o padre es, entonces, desmitificar el miedo al compromiso, mostrando que la capacidad de mantener una decisión en el tiempo es lo que nos rescata de la "impotencia y soledad" que produce la eterna indecisión.

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La verdadera libertad no es la "indeterminación", sino la "autodeterminación".

Finalmente, es fundamental transmitir que el acto de elegir es, en esencia, un acto de amor hacia uno mismo y hacia el futuro. Roldán destaca que "la libertad se expande eligiendo bien" y que el hombre solo se posee a sí mismo cuando es capaz de darse a un proyecto o una vocación. Como guías, nuestra mayor contribución no es entregarles un mapa con una ruta marcada, sino ayudarlos a superar la "indiferencia", que es solo el grado más bajo de la libertad, para que puedan alcanzar esa "libertad mayor" que se dirige con alegría hacia el bien y la realización personal. En el fondo, elegir no elegir no es libertad sino indeterminación, miedo a la libertad y un autocepo al crecimiento personal.

Libertad es siempre elegir, tomar decisiones

Esas decisiones llevarlas a la práctica. Y la verdadera libertad no es elegir entre el bien y el mal, sino elegir siempre el bien, solo el bien, verdadero y bello, nos hace libres.

* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.