Las erupciones volcánicas que marcaron a Argentina y dejaron impacto durante casi un siglo
Las erupciones volcánicas registradas desde 1932 afectaron distintas regiones de Argentina con caída de cenizas, evacuaciones y pérdidas económicas.
Erupción volcánica de 1993 del Lascar. Fotos de Jacques Guarinos.
Aunque la mayor parte de los volcanes activos que han provocado impactos en Argentina se encuentran en territorio chileno o sobre la Cordillera de los Andes, sus erupciones dejaron consecuencias en distintas provincias del país. La dispersión de cenizas, la interrupción del transporte, las pérdidas en la producción agropecuaria y los problemas sanitarios forman parte de los efectos documentados durante casi un siglo.
Un informe del Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica (OAVV), dependiente del Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), recopila las principales erupciones históricas que afectaron al territorio nacional y analiza sus características, alcance e impacto sobre la población y las actividades económicas.
Las erupciones volcánicas que más afectaron a Argentina
El registro comienza con la erupción del volcán Quizapu, ocurrida el 10 de abril de 1932. Considerada la de mayor magnitud del siglo XX, alcanzó un Índice de Explosividad Volcánica (IEV) de 6 y generó una columna eruptiva de 30 kilómetros de altura. La nube de cenizas se desplazó hacia el este y noreste, llegó hasta Buenos Aires e incluso alcanzó Río de Janeiro, en Brasil.
El impacto fue especialmente importante en el sur de Mendoza, donde la acumulación de cenizas contaminó cursos de agua y pastizales, provocó pérdidas de ganado y afectó la economía regional. Además, la dispersión de partículas en la atmósfera produjo una disminución estimada de 0,8 °C en la temperatura media anual del hemisferio sur e incrementó los procesos de desertificación en la zona afectada.
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Décadas más tarde, en agosto de 1991, la erupción del volcán Hudson, en el sur de Chile, volvió a impactar sobre el territorio argentino. La ceniza cubrió gran parte de Chubut y Santa Cruz durante tres días y alcanzó las Islas Malvinas. La superficie afectada fue de aproximadamente 150.000 kilómetros cuadrados y los principales daños se registraron en la producción ganadera, especialmente ovina, además de inconvenientes respiratorios, suspensión de vuelos y un proceso de despoblamiento en sectores de la Patagonia extraandina.
Ese mismo año también entró en actividad el volcán Planchón-Peteroa, ubicado sobre el límite entre Argentina y Chile, en el sur mendocino. Aunque se trató de una erupción de baja explosividad y corta duración, sorprendió a la población por su carácter imprevisto. La dispersión de cenizas afectó principalmente la ganadería caprina trashumante del valle Noble y provocó trastornos en Malargüe. El complejo registró nuevos episodios eruptivos en 2010 y entre 2018 y 2019.
De Lascar a Chaitén: las erupciones que alcanzaron distintas regiones del país
En abril de 1993 se produjo la mayor erupción histórica del volcán Lascar, considerado el más activo del norte de Chile. La columna eruptiva alcanzó alturas de entre 8 y 23 kilómetros y la ceniza se desplazó hacia el este, cubriendo más de 1.000 kilómetros cuadrados.
Las provincias de Salta, Tucumán y Santiago del Estero registraron oscurecimiento del cielo y complicaciones en el tránsito, mientras que en Chile los flujos piroclásticos ocasionaron daños sobre la vegetación y contaminación por flúor. La última actividad eruptiva del Lascar ocurrió en octubre de 2015.
Otro de los eventos más recordados fue la erupción del volcán Chaitén, iniciada el 2 de mayo de 2008. El fenómeno ocurrió luego de una serie de sismos y generó una columna eruptiva cercana a los 20 kilómetros de altura. Durante varios días, la nube de cenizas alcanzó Esquel, Trevelin y otras localidades cordilleranas antes de avanzar hasta la costa atlántica y la provincia de Buenos Aires.
En Chile, la emergencia obligó a evacuar completamente la ciudad de Chaitén, mientras que en Argentina se registraron consecuencias sobre la ganadería y la agricultura debido a la acumulación de cenizas.
El complejo Puyehue-Cordón Caulle y otras erupciones recientes
La erupción del Complejo Volcánico Puyehue-Cordón Caulle, iniciada el 4 de junio de 2011, es uno de los episodios más recordados por los habitantes de la Patagonia. La columna eruptiva alcanzó entre 10 y 14 kilómetros de altura y, en menos de 24 horas, la pluma de cenizas llegó hasta el océano Atlántico.
Las localidades más afectadas fueron Bariloche, Villa La Angostura y amplias zonas de Río Negro, Neuquén y Chubut. El aeropuerto de Bariloche permaneció cerrado durante siete meses, se suspendieron vuelos nacionales e internacionales y la actividad turística registró pérdidas económicas debido al cierre de centros de esquí y las dificultades para acceder a la región. También se produjeron cortes de energía, problemas en el abastecimiento de agua y perjuicios para la ganadería.
Un año más tarde, en diciembre de 2012, el volcán Copahue, ubicado sobre la frontera entre Neuquén y Chile, inició un nuevo ciclo eruptivo. La columna de cenizas alcanzó los 5.500 metros de altura y su dispersión afectó localidades cercanas como Loncopué, además de motivar la evacuación preventiva de Caviahue.
La última gran erupción incluida en el informe corresponde al volcán Calbuco, ocurrido en abril de 2015. La explosión generó una columna eruptiva de 17,5 kilómetros de altura y provocó la dispersión de cenizas sobre amplios sectores del norte de la Patagonia argentina. El fenómeno ocasionó interrupciones en el tráfico aéreo y nuevos perjuicios para la actividad ganadera, mientras que en Chile obligó a evacuar a unas 6.000 personas debido a los flujos piroclásticos y lahares registrados durante la emergencia.




