La obra de Richard Serra que desapareció del Museo Reina Sofía y volvió a ser creada
Una escultura de 38 toneladas desapareció del Reina Sofía y obligó a replantear qué significa una obra original en el arte contemporáneo.
Richard Serra, “Equal-Parallel/Guernica-Bengasi”
Museo Reina Sofía.La semana pasada, al referirnos a Richard Serra y a su extraordinaria instalación en el Guggenheim de Bilbao, quedó pendiente una historia insólita protagonizada por el artista: la desaparición de una de sus obras del Museo Reina Sofía de Madrid
Se trata de Equal-Parallel/Guernica-Bengasi, realizada en 1986. Cuatro enormes bloques de acero, con un peso conjunto de 38 toneladas, que fueron adquiridos por el Estado español, expuestas en la muestra inaugural del Museo que pasaron luego a integrar su colección. El título establece un paralelismo entre Guernica, la localidad vasca bombardeada por la Legión Cóndor alemana el 26 de abril de 1937 —episodio que Picasso inmortalizó en su célebre cuadro— y Bengasi, la ciudad libia atacada el 15 de abril de 1986 por la aviación estadounidense, en represalia por el atentado perpetrado diez días antes en la discoteca La Belle, de Berlín Occidental, atribuido por Washington a agentes libios.
La desaparición de 38 toneladas
En 1990, la escultura fue trasladada a un depósito en las afueras de Madrid. Cuando, años más tarde, el Reina Sofía quiso volver a exhibirla, descubrió que las cuatro enormes estructuras de acero sencillamente no estaban. No se había perdido una pequeña pintura en algún rincón de un depósito. Habían desaparecido 38 toneladas de acero. La policía investigó el caso y durante años se intentó reconstruir el recorrido de la obra. La empresa que la almacenaba había quebrado y las últimas noticias concretas sobre su paradero se remontaban a 1992. Nunca se supo qué había ocurrido con ella. Una de las hipótesis más plausibles fue que hubiera terminado como chatarra. El episodio parecía absurdo, pero planteaba un problema mucho más serio: ¿qué hace un museo cuando desaparece una escultura, que en su momento costó 36 millones de pesetas?
La respuesta llegó de la mano del propio Serra
En 2006 el artista y el Reina Sofía acordaron realizar una nueva versión de Equal-Parallel/Guernica-Bengasi. Serra no cobraría honorarios y el museo asumiría los costos de fabricación. Pero había algo mucho más importante: la nueva pieza sería considerada original. El acuerdo incluía incluso una cláusula casi surrealista: si algún día aparecía la primera escultura, Serra y el museo decidirían cuál de las dos debía ser destruida. La nueva versión fue fabricada y finalmente instalada en el Reina Sofía donde hoy puede verse. No se trataría de algo extraordinario en la escultura tradicional. Cuando una obra se lleva al bronce, normalmente se funden tiradas de 6 u 8 “casts”, todos ellos considerados originales.
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Las obras de Serra, en cambio, son piezas únicas. Así figura hoy en el catálogo oficial del museo. El caso introducía así una cuestión delicada. La obra única había desaparecido, pero podía volver a existir. No mediante una falsificación, ni mediante una copia realizada por terceros, sino a través de la voluntad expresa del artista. Para Serra, la concepción de la obra —sus dimensiones, proporciones, materiales y relación con el espacio— permitía que una nueva realización conservara su identidad artística. La desaparición física había producido, paradójicamente, una reflexión sobre qué significa que una obra sea original. No era, sin embargo, un problema completamente nuevo en el arte contemporáneo.
Cuando una obra puede volver a existir
Un antecedente célebre fue el tiburón de Damien Hirst. En 2006, cuando el ejemplar original de The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living (1991) comenzó a deteriorarse, Hirst decidió reemplazarlo por otro tiburón, conservando la vitrina y la concepción de la obra. El artista defendió entonces que, desde una perspectiva conceptual, lo importante era la intención y no la supervivencia de la materia original. Si se quiere hay también un paralelo con America, el inodoro de oro de de Maurizio Cattelan. El artista italiano inauguró la semana pasada en la Neue Nationalgalerie de Berlín Night, una exposición que dará que hablar. Reúne 17 obras y pone el acento en aspectos más oscuros de su producción: memoria, violencia, poder y los fantasmas políticos de la Europa contemporánea.
El valor de una pieza única
En 2016 Cattelan presentó en el Guggenheim de Nueva York un inodoro realizado en oro de 18 quilates y completamente funcional. La pieza, que tituló “América” se convirtió inmediatamente en una de las imágenes más famosas del arte contemporáneo, era una ironía sobre el lujo, el dinero y el mercado del arte.
En 2019 America se exhibió en otra muestra en Blenheim Palace, de Inglaterra. Dos días después, de la inauguración, varios ladrones arrancaron el inodoro de oro de las instalaciones y huyeron con él. La pieza nunca fue recuperada y se sospecha que pudo haber sido fundida para aprovechar el valor del metal.
Pero de “America” apareció un segundo cast que Sotheby's remató en Nueva York el 18 de noviembre de 2025 en US$ 12,1 millones.
Hay una frase del propio Cattelan que puede servirnos de epílogo. Al hablar de “Comedian”, la banana adherida con cinta adhesiva que presentó por primera vez en Art Basel el artista dijo que la obra no era una broma, sino una reflexión sobre aquello a lo que atribuimos valor.
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.




