En el Guggenheim de Bilbao: Richard Serra un artista imprescindible
El Guggenheim de Bilbao une arquitectura y arte en una experiencia única, con la monumental obra de Richard Serra como gran protagonista.
La Serpiente.
Gentileza.Hay museos que contienen obras de arte y hay otros en los que arquitectura y obras terminan formando una unidad difícil de separar. El Guggenheim de Bilbao pertenece a esta segunda categoría. Y si tuviera que elegir una obra capaz de ejemplificar esa relación, no dudaría en señalar La materia del tiempo, la extraordinaria instalación de Richard Serra de la colección del museo
Richard Serra, el escultor del acero
Richard Serra nació en San Francisco en 1938. Estudió Literatura Inglesa en Berkeley y posteriormente Bellas Artes en Yale. Para financiar sus estudios trabajó en acerías, una experiencia que resultaría decisiva para su concepción posterior de la escultura. En Europa, durante una beca Fulbright en Florencia, abandonó la pintura y comenzó a explorar materiales y procedimientos que lo conducirían hacia una escultura radicalmente nueva. Tuvo una intensa relación con España, derivada del origen mallorquí de su padre, que cuenta incluso con un capítulo insólito con el Reyna Sofía (historia de la que nos ocupamos en una próxima nota). Falleció en 2024.

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El museo que cambió Bilbao
Cuando el Guggenheim abrió sus puertas en octubre de 1997, Bilbao era todavía una ciudad marcada por su pasado industrial, por la crisis de buena parte de sus actividades tradicionales y por una ría que durante décadas había funcionado fundamentalmente como espacio portuario. El proyecto del museo formó parte exitosa de una amplia transformación urbana.
La construcción se realizó entre 1993 y 1997 sobre un antiguo muelle portuario de la ría del Nervión. La recuperación de ese sector para usos culturales y recreativos fue uno de los primeros pasos de una transformación que continuaría con nuevos puentes, espacios públicos y edificios proyectados por algunos de los principales arquitectos internacionales.
Frank Gehry convirtió aquella curva de la ría en una suerte de organismo arquitectónico. Titanio, piedra caliza y vidrio se combinan en superficies curvas y aparentemente ingrávidas.
Fue mucho más que un nuevo museo
El edificio se transformó en la imagen internacional de Bilbao y en uno de los ejemplos más citados de cómo una intervención cultural puede contribuir a modificar la economía, el turismo y la percepción de una ciudad. El mundo árabe lo tomó de ejemplo.
La obra de Serra.
Al ingresar en la gran sala que la alberga “la materia del tiempo” el visitante se encuentra con ocho enormes esculturas de acero “corten”. Se trata de un acero especial cuya oxidación progresiva lo hace especialmente atractivo como material escultórico que entre nosotros fue difundido por Bastón Díaz. Son obras minimalistas para contemplar desde una distancia prudente. Hay que caminar entre ellas, rodearlas, atravesarlas. El espacio cambia a medida que uno avanza: los corredores se estrechan, se abren, se curvan; las proporciones se modifican y también cambia nuestra percepción del propio cuerpo. El acero, que por su peso y su apariencia podría sugerir inmovilidad, termina produciendo una experiencia profundamente dinámica.
La obra fue realizada entre 1994 y 2005 y fue concebida específicamente para la sala que hoy la alberga. El propio museo señala que la sala entera forma parte del campo escultórico: la obra no termina en las planchas de acero, sino que comprende el espacio que las rodea y el público que las recorre.
Además, La materia del tiempo parece casi una prolongación natural de la arquitectura de Gehry: curvas contra curvas, movimiento contra movimiento, acero contra titanio.
Una escultura que obliga a caminar
Así, Serra modificó radicalmente la relación tradicional entre espectador y escultura. Sus obras no reclaman solamente una mirada; exigen una acción.
En la materia del tiempo, uno entra en la obra.
El Guggenheim ofrece mucho más. Actualmente el museo presenta, una retrospectiva de Jasper Johns y la colección permanente. Entre las obras concebidas específicamente para los espacios exteriores del museo se encuentran Mamá, de Louise Bourgeois, una araña similar a la presentada en La Boca, por PROA, hace unos años y “Puppy” de Jeff Koons.
En suma, un museo excepcional con una amplia programación de excelente nivel y un artista que es imprescindible conocer.
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.







