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La mini ciudad que nació para el Mundial 78 y se convirtió en un mundo aparte en Mendoza

Seis torres, decenas de comercios, 400 departamentos y más de 2.000 habitantes conforman uno de los complejos más singulares de la Ciudad de Mendoza.


Por lo general, las calles de cualquier ciudad capital de Argentina se caracterizan por el constante movimiento de miles de personas que, día a día, trabajan en el centro, toman colectivos para ir de un punto a otro, llevan a sus hijos a la escuela o realizan trámites en los principales edificios institucionales, médicos, bancarios y tributarios.

A esa dinámica se suman las cafeterías, kioscos, pancherías, restaurantes y locales de todo tipo: tiendas de ropa, bazares, ópticas o ferreterías. Más allá de lo edilicio, lo que prima es un ritmo, un pulso, un tempo distinto al del barrio. Más apresurado, más fugaz. Un tránsito cotidiano que forma parte de la rutina de miles de personas y que vuelve al camino algo automático. La rutina del apuro pareciera ser enemiga del detallismo, de la pausa, del respiro y de darle rienda suelta a la curiosidad.

Desde adentro, así es la vista hacia el oeste.

Por eso insistimos en estas líneas sobre aquello que existe y muchas veces no se ve, como una chispa capaz de despertar en los sentidos las ganas de mirar un poco más allá. Hoy vamos a hablar de una mini ciudad dentro de la Capital, un gigante —o de seis— que rodean un gran patio central de cemento donde se pueden ver vecinos a toda hora, niñas y niños jugando, jóvenes compartiendo una gaseosa y un pancho, palomas a toda hora felices de la comida que la gente les da.

Una niña se encargó de alimentar a las palomas antes de entrar a su casa.

Desde la vereda, hay locales comerciales que no parecen decir nada distinto al resto de las cuadras. Por calle San Juan hay dos ingresos a través de breves pasillos flanqueados por locales con persianas bajas y por el despliegue artístico de la corriente graffitera que le aporta ese "qué se yo, ¿viste?" tan propio de la ciudad. Basta con atravesar los pasillos para que seis enormes torres se impongan de golpe ante la vista. Otra entrada se encuentra sobre calle República de Siria y conduce directamente al estacionamiento subterráneo.

Atención porque la entrada pasa totalmente desapercibida.

Se trata del complejo habitacional conocido como las torres de San Juan y República de Siria, uno de los más emblemáticos de Mendoza. Con casi 400 departamentos, más de 2.000 habitantes y una extensa área comercial a precios populares, el Centro Residencial y Comercial (CeReCo) fue concebido como una solución de alojamiento para el Mundial de Fútbol de 1978 y terminó convirtiéndose en una verdadera "mini ciudad" dentro del microcentro.

Un proyecto nacido para el Mundial 78, en plena dictadura

Construido entre 1976 y 1977 por la firma Danilo De Pellegrin, el proyecto fue concebido originalmente como una alternativa de alojamiento para los extranjeros y turistas que llegarían a la provincia con motivo del Mundial de Fútbol de 1978.

La obra tomó forma en una época particularmente intensa para Mendoza y para todo el país. Argentina atravesaba los primeros años de la última dictadura cívico-militar, un período marcado por el terrorismo de Estado, la censura, la persecución política y la desaparición y muerte de miles de personas.

Mientras las seis torres crecían en pleno centro mendocino, la provincia también vivía acontecimientos que dejaron una profunda huella en la memoria colectiva: el 26 de abril de 1977 una explosión en la planta de Gas del Estado de Godoy Cruz que destruyó buena parte de la zona y causó víctimas fatales, y meses más tarde, el 23 de noviembre, el terremoto con epicentro en Caucete, provincia de San Juan, se sintió con fuerza en Mendoza y generó momentos de terror entre la población.

En medio de ese escenario de transformaciones urbanas, incertidumbre y conmoción política y social, lo que nació para recibir visitantes durante el Mundial terminaría convirtiéndose en un barrio vertical permanente, habitado por más de 2.000 personas y reconocido hasta hoy como una auténtica ciudad dentro de la ciudad.

Una comunidad con vida propia

La sensación de estar ante una pequeña ciudad aparece rápidamente al recorrer el complejo. No solo por sus dimensiones, sino también por la dinámica cotidiana que se desarrolla puertas adentro.

Comercios abiertos, vecinos entrando y saliendo, personas limpiando las veredas. La vida cotidiana de cualquier barrio.

"Acá se conocen entre todos", cuenta un comerciante cuyo local funciona desde hace unos 30 años. Según explica, muchos de los habitantes llevan décadas viviendo en el lugar, aunque también existe una renovación constante de vecinos ya que en un principio quienes se quedaron viviendo en las torres luego de la dictadura fueron militares. Sin embargo, con el paso de los años y por los traslados entre provincias, cada vez más trabajadores y estudiantes residen en las torres.

El gran patio central es el corazón de esa vida comunitaria. Durante las tardes suele llenarse de estudiantes que salen de las escuelas cercanas. "Como es grande el patio, se vienen todos por acá", relata. Allí compran gaseosas, meriendan y utilizan el espacio como punto de encuentro.

La vida cotidiana dentro de la mini ciudad.

La actividad comercial también refuerza la autonomía del conjunto. "Acá dentro es otro mundo", resume el comerciante. Despensas, rotiserías, locales de limpieza y distintos servicios permiten que muchos residentes realicen sus compras cotidianas sin abandonar el predio. "La mayoría compra acá porque tienen todo", asegura. Además, un vecino comenta que los precios son muy populares para el bolsillo en comparación con los altos precios de la mercadería en el centro. Precios de barrio diríamos.

Durante el verano, dicen, las noches suelen encontrar a familias y niños ocupando los espacios comunes. En invierno, en cambio, cuando cae la noche la actividad se detiene y el movimiento se concentra principalmente en los comercios.

El complejo también tuvo una aparición en el cine reciente. Algunas escenas de La virgen de la Tosquera, dirigida por Laura Casabé y basada en dos cuentos de la escritora Mariana Enriquez, fueron filmadas en las torres. En particular, las secuencias del departamento de Silvia, donde los personajes se reúnen a escuchar CDs, se grabaron en una de las viviendas del complejo.

Escena de la Virgen de la Tosquera, de Laura Casabé.

La ciudad autónoma en altura

El complejo responde a los principios del urbanismo moderno y fue concebido como una "ciudad autónoma en altura". No se trata de una única estructura, sino de seis torres independientes dispuestas de forma simétrica: tres de 10 pisos y tres de 11.

Las torres tienen una estructura antisísmica y con la idea central de construir hacia arriba como parte del urbanismo moderno.

La planta baja fue proyectada como un gran área comercial con cientos de locales y espacios de guardado. Sobre ella se desarrolló una extensa plaza seca elevada que conecta visual y físicamente los accesos a todas las torres y funciona como principal espacio de encuentro vecinal.

Por debajo se encuentra el estacionamiento subterráneo, pensado para absorber la circulación vehicular interna y liberar las calles perimetrales.

La vista: el oeste de la Ciudad y la cordillera de los Andes de fondo.

Los casi 400 departamentos fueron diseñados con distribuciones compactas y funcionales, principalmente de tres y cuatro ambientes. La estructura de hormigón armado responde además a los criterios sismorresistentes exigidos en Mendoza, una de las zonas de mayor actividad sísmica del país.

Casi medio siglo después de su construcción, las torres siguen formando parte del imaginario urbano de Mendoza. En 2024 aparecieron incluso en una publicidad de la AFA que conmemora el segundo aniversario de la obtención de la tercera Copa del Mundo. En el video puede verse el gol del Diego a los ingleses proyectado sobre la fachada de una de las torres mientras niños juegan en el patio central y los vecinos desarrollan sus actividades cotidianas, una escena que refleja con precisión la vida comunitaria que caracteriza el lugar.

Los desafíos de una mini ciudad

La magnitud del complejo también ha generado dificultades. Aunque originalmente fue concebido como un único consorcio, la falta de una administración centralizada derivó con el tiempo en una división práctica en seis consorcios independientes.

Esa situación, sumada al paso de las décadas y a la alta densidad de habitantes, ha provocado problemas de mantenimiento e infraestructura. Entre ellos se encuentran inconvenientes en las redes de gas y cloacas, filtraciones y distintos deterioros estructurales que requieren intervenciones permanentes.

Sin embargo, casi cincuenta años después de su construcción, las torres de San Juan y Siria siguen conservando aquello que las distingue del resto de los edificios del centro mendocino: la capacidad de funcionar como un pequeño barrio vertical donde miles de personas viven, compran, estudian, juegan y construyen comunidad sin salir de la mini ciudad.