Una calle en Godoy Cruz con el nombre de la mujer que conquistó el cielo
La mujer que vendió sus cosas para aprender a volar cuando el cielo era territorio de hombres. Hoy una calle mendocina lleva su nombre ¿Sabés de quién se trata?
Una mujer conquistó el cielo y una calle guarda su nombre en una provincia donde hay más de 10 mil calles registradas y la enorme mayoría llevan nombres masculinos. Próceres, militares, figuras políticas, batallas y referencias históricas dominan el mapa urbano de Mendoza. Mientras, las mujeres aparecen apenas en una minoría de carteles azules de letras blancas.
La construcción oficial de la memoria pública prioriza a los hombres como protagonistas de los grandes relatos nacionales. Aunque no nos nombren, existimos.
Inmiscuida en esta reflexión pensé que ya era hora de usar este espacio para empezar a nombrarnos. Era imposible que no vengan a mi mente calles dedicadas a figuras masculinas, hasta que algunos nombres empezaron a flotar. Uno de ellos aparece y queda en Godoy Cruz: Carola Lorenzini. Y otra vez la pregunta que enciende el motor de búsqueda: ¿quién es?
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Sin más preámbulos nos adentramos en la historia de una mujer que desafió prejuicios, rompió barreras y se convirtió en leyenda en una actividad que, a comienzos del siglo XX, parecía reservada, al igual que los nombres de las calles, exclusivamente para hombres: la aviación.
La mujer detrás del nombre de una calle
Mendoza tiene una fuerte tradición ligada a la aeronáutica y a las historias épicas de los primeros pilotos. En la provincia quedaron marcados nombres como los de Jorge Newbery o Benjamín Matienzo, vinculados a exhibiciones aéreas y a los intentos de cruzar la Cordillera de los Andes en los años pioneros de la aviación. En ese universo Carola Lorenzini logró abrirse paso hasta convertirse en una de las mujeres más admiradas de los cielos argentinos.
Carolina Elena Lorenzini nació el 15 de agosto de 1899 en San Vicente, provincia de Buenos Aires. Hija de inmigrantes italianos y séptima de ocho hermanos, desde muy joven mostró un espíritu inquieto y competitivo. Practicó equitación, remo, atletismo, hockey, salto en alto, lanzamiento de jabalina y tenis. En 1925 incluso se consagró campeona de atletismo. También fue recordada como la primera mujer que manejó un automóvil por las calles de su pueblo.
Pero el verdadero desafío que cambiaría su vida apareció en el aire. En 1931 logró ingresar al Aeroclub Argentino después de insistir con cartas y reiterados pedidos. Para pagar el curso vendió pertenencias personales, incluida su bicicleta y una enciclopedia. Trabajaba como empleada administrativa y dactilógrafa en la Unión Telefónica, mientras ahorraba cada peso para sostener su sueño de volar.
La "Paloma Gaucha" que desafió el cielo
El bautismo definitivo llegó en 1933, cuando obtuvo el brevet de aviadora civil internacional. Poco después se convirtió en la primera instructora de vuelo de Sudamérica. En una época donde los aviones todavía eran considerados máquinas peligrosas y la aviación un territorio masculino, Carola empezó a ganar notoriedad por su habilidad para las maniobras acrobáticas.
Junto a su instructor Santiago Germanó realizó exhibiciones aéreas en Argentina y competencias en Uruguay y Brasil. Su especialidad era el looping invertido, una maniobra extrema en la que el avión quedaba cabeza abajo muy cerca del suelo. Muy pocos pilotos se animaban a ejecutarla.
Su personalidad también la convirtió en un personaje singular. Amante de las tradiciones criollas, vestía bombachas gauchas, botas y camperas de cuero. Tocaba la guitarra y defendía con orgullo las costumbres rurales argentinas. Esa imagen terminó dándole el apodo que la haría famosa: “La Paloma Gaucha”.
En 1935 alcanzó uno de los hitos más importantes de su carrera: batió el récord sudamericano femenino de altura al llegar a los 5.381 metros en un avión Ae C-3 de fabricación nacional. La hazaña le valió reconocimientos y una medalla de oro. Ese mismo año protagonizó otra proeza: fue la primera mujer en cruzar sola el Río de la Plata.
“Necesito volar para vivir”
La fama no le evitó los conflictos. Carola debía sostener su pasión mientras trabajaba como taquígrafa en la Unión Telefónica. Cuando decidió realizar en 1940 el histórico raid por las 14 provincias argentinas a bordo de un Focke-Wulf FW 44, sus superiores le exigieron elegir entre el empleo y la aviación.
La respuesta quedó para la historia: “Las dos cosas me son igualmente necesarias. Una, para comer; la otra, para vivir”.
Perdió el trabajo, pero concretó la gira aérea que despertó admiración en todo el país. En cada exhibición el público la recibía como una celebridad y muchas mujeres comenzaron a interesarse por la aviación inspiradas en su figura.
En 1938 había sido reconocida entre las ocho mujeres más destacadas del año y revistas como El Gráfico la llevaron a su portada. Allí dejó otra definición que resumía su vínculo con el vuelo: “No vuelo por ostentación, sino porque dentro mío hay algo que me impulsa”.
El último vuelo y el legado
El 23 de noviembre de 1941, durante una demostración aérea en Morón organizada en honor a aviadoras uruguayas, Carola realizó una vez más su famoso looping invertido. Sin embargo, el avión que utilizaba no era el habitual y tampoco había podido entrenarse previamente. Durante la maniobra perdió el control de la aeronave y cayó detrás de los hangares del aeródromo.
Tenía 42 años.
Su muerte conmocionó al país. El velatorio y el entierro tuvieron una multitudinaria concurrencia. Décadas después, su figura siguió creciendo como símbolo de valentía y pionerismo femenino en la aviación argentina.
Hoy su nombre identifica calles en distintas ciudades del país, entre ellas Godoy Cruz, en nuestra provincia. Cada cartel que lleva el nombre de Carola Lorenzini recuerda a aquella mujer que vendió sus pertenencias para aprender a volar, desafió prejuicios sociales y convirtió el cielo en un territorio posible para las mujeres.





