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La Mendoza de Cinema Paradiso: qué pasó con las 65 salas de cine que tuvo la provincia

En una época el cine dominaba la vida urbana. Hoy sobreviven en el centro apenas algunas huellas de lo que supo ser una de las ciudades más cinéfilas del país.

cines antiguos cine gran rex  (4)
Alf Ponce Mercado / MDZ

Durante décadas, ir al cine fue una de las principales actividades culturales de los mendocinos. Las salas se multiplicaban tanto en el centro y los barrios, convocaban a cientos de personas y llenaban de vida las calles a su alrededor.

Hoy, muchos de esos edificios desaparecieron o fueron reconvertidos. Donde antes funcionaban salas que reunían a miles de espectadores, ahora hay comercios, playas de estacionamiento, oficinas o templos religiosos.

Para reconstruir esa transformación, recorrimos algunas de las cuadras que durante gran parte del siglo XX concentraron la actividad cinematográfica de Mendoza. Lo que hoy aparece como una sucesión de locales, galerías y estacionamientos fue, durante años, uno de los principales puntos de encuentro cultural de la ciudad.

El investigador Javier Ozollo, especialista en historia del cine mendocino, explica que Mendoza desarrolló una relación excepcional con el séptimo arte y "llegó a tener 65 salas de cine divididas entre las salas de barrio y las salas del centro, que son las más reconocidas y recordadas por la gente", señaló.

Según el investigador, la provincia construyó una tradición cinéfila única en el interior del país. "Mendoza se construyó como una ciudad con una cultura cinéfila muy importante. Quizás junto con Rosario hayan sido las ciudades más cinéfilas del interior del país", sostuvo.

Mientras Ozollo reconstruye esa historia desde la investigación, Jorge Gómez, cinéfilo mendocino y habitué del centro durante los años de esplendor de estas salas, todavía puede recorrer de memoria cada una de aquellas cuadras.

"En la calle Lavalle había cuatro cines. En la primera cuadra, entre San Martín y San Juan, había tres", recuerda. A partir de ese recuerdo comienza el recorrido.

Calle Lavalle, la avenida del cine

Pocas cuadras sintetizan mejor el fenómeno cinematográfico mendocino que la calle Lavalle. Sobre la vereda sur funcionaba el Cóndor, una de las salas más emblemáticas del centro. Después pasó a convertirse en el cine de la Universidad", recuerda Gómez.

Antigua fachada del Cine Cóndor.

Antigua fachada del Cine Cóndor.

Luego, y durante muchos años, allí funcionó el Cine Universidad que actualmente está en la Nave.

Luego, y durante muchos años, allí funcionó el Cine Universidad que actualmente está en la Nave.

Así luce el hoy.

Así luce el hoy.

Aunque el edificio cambió de uso hace años, todavía conserva rastros evidentes de su pasado. "Si uno entra a los locales comerciales que funcionan adelante, en el fondo se percibe claramente que era un cine. Es enorme el ambiente, tiene el declive, las escaleras y al fondo está el lugar donde estaba la pantalla", describe.

Para Ozollo, el Cóndor tuvo además un papel especial en los años finales de las grandes salas céntricas. "Fue el último cine importante que quedó en pie en el centro", señala.

Muy cerca del Cóndor funcionaba el cine Lavalle. Actualmente hay por un lado una pizzería, donde nos atendió Laureano muy amablemente y nos mostró lo que para nosotros fue la joya de la semana: un proyector de la época y las instalaciones del antiguo cine, proyectores de la época. Un lujo.

La parte de las butacas y la pantalla está donde ahora hay una enorme playa de estacionamiento. Con un poco de esfuerzo brota la imaginación y se puede ver el cine que incluso conserva el piso de parquet original.

Parquet original de lo que fue el cine Lavalle. Al fondo se ve lo que supo ser la gran pantalla.

Parquet original de lo que fue el cine Lavalle. Al fondo se ve lo que supo ser la gran pantalla.

Enfrente se levantaba el Ópera, uno de los edificios más recordados por quienes lo conocieron. "No tanto por la capacidad, pero sí por su audacia arquitectónica", explica Ozollo. La particularidad de la sala era su diseño. "Todo el cine estaba hecho con una sola platea que tenía una forma cóncava y se podía ver perfectamente la pantalla desde cualquier punto."

Emmanuel trabaja en la actual playa cuenta cómo vive trabajar ahí ya que parece una cápsula del tiempo y recuerdos. Él era muy pequeño cuando cerró, pero generaciones enteras disfrutaron del séptimo arte en esos metros cuadrados. "La gente estaciona el auto, se baja y me cuenta sus anéctotas en el cine", dice Emmanuel como parte de la vida cotidiana. Con el techo intacto y las luces tapadas, es un grito a la nostalgia, incluso para alguien como yo que nunca llegué a ver esas salas.

La misma calle Lavalle albergó también al cine América, ubicado entre Federico Moreno y Salta. Según Ozollo, fue la última gran sala que se inauguró en Mendoza a finales de los años 70. La apertura quedó grabada en la memoria de muchos mendocinos, entre ellos mi papá quien en ese momento tenía apenas ocho o nueve años. Todavía recuerda la proyección de Puchito Campeón, una película sobre un niño sueco apasionado por el fútbol que fue elegida para abrir la nueva sala.

Con los años, el edificio cambió de uso. Fuimos hasta la puerta y hoy allí funciona la comunidad religiosa Jesús Te Ama (JTA).

Los gigantes de calle Buenos Aires

Si Lavalle fue una arteria cinematográfica, la calle Buenos Aires concentró algunos de los colosos del espectáculo mendocino. Allí funcionaba el Gran Rex, considerado por Ozollo como el cine "de mayor capacidad de todo Mendoza y uno de los más grandes del país", afirma.

Antigua fachada del Cine Gran Rex.

Antigua fachada del Cine Gran Rex.

Actualmente funciona un gran comercio de ropa, productos y accesorios, al igual que donde fue el cine Cóndor.

Actualmente funciona un gran comercio de ropa, productos y accesorios, al igual que donde fue el cine Cóndor.

Pero no estaba solo. "En esa cuadra estaban uno al lado del otro el Gran Rex, el Luxor y el Roxy", recuerda Gómez.

Hoy el paisaje es completamente distinto, básicamente es una zona comercial. El propio Gran Rex es hoy una tienda de ropa y otros productos. Es uno de los símbolos más visibles de la desaparición de las grandes salas mendocinas.

El City y los recitales que desbordaban el centro

Otro de los cines más recordados fue el City, ubicado en la galería Tonsa. Además de proyectar películas, el lugar se convirtió en escenario de recitales que marcaron una época.

"Hubo un recital de Juan Carlos Baglietto cuando recién empezaba. Había tanta gente haciendo fila que explotaron los vidrios de la entrada", recuerda Gómez.

Cine City, hoy abandonado, en la galería Tonsa.

Cine City, hoy abandonado, en la galería Tonsa.

La anécdota ayuda a entender el rol que tenían estas salas más allá del cine. No eran solamente lugares para ver películas, sino que funcionaban como espacios de encuentro cultural y artístico para toda la provincia.

Cuando el centro era cultural

Para Ozollo, la desaparición de los cines modificó profundamente la vida urbana mendocina. "Con la pérdida de los cines del centro se redefinió la trama urbana de la ciudad", sostiene. Hasta entonces, las salas eran el motor de una dinámica que incluía restaurantes, bares, pizzerías y largas caminatas por el centro.

Gómez también evoca esa época: las filas sobre las veredas, los estrenos de los fines de semana, los recitales y el movimiento permanente formaban parte de una rutina que hoy prácticamente desapareció.

Con el cierre de las salas, muchos edificios terminaron convertidos en playas de estacionamiento, templos religiosos o locales comerciales. "Se perdió un centro que básicamente era cultural y ahora se ha transformado sobre todo en un centro más comercial", concluye Ozollo.

Al recorrer hoy esas calles cuesta imaginar aquella ciudad de marquesinas iluminadas y salas repletas. Sin embargo, detrás de muchas fachadas todavía sobreviven las formas, los desniveles y los enormes espacios que alguna vez albergaron a miles de espectadores y convirtieron a Mendoza en una de las capitales cinéfilas más importantes del interior argentino. La ciudad siguió creciendo, pero el acceso colectivo a la cultura se fue achicando. Y en un contexto donde el arte y la cultura parecen perder importancia en las prioridades de las políticas públicas, la historia de estos cines recuerda algo esencial: las sociedades también se construyen alrededor de sus espacios culturales. Cuando esos espacios desaparecen, la pérdida es mucho más profunda que la de un edificio.