La increíble historia que une a un esclavo de Cabo Verde con la Virgen de Luján
Un hombre esclavizado de Cabo Verde fue el primer custodio de la Virgen de Luján. La historia detrás de una de las figuras religiosas más importantes del país.
Un hombre esclavizado nacido en Cabo Verde fue el primer custodio de la Virgen de Luján. Foto: Adrián Melo
En la previa del partido entre la Selección Argentina y Cabo Verde por el Mundial 2026, una historia se hizo viral por el inesperado vínculo entre ambos países. Se trata de la vida de Manuel, un hombre nacido en el archipiélago africano que fue esclavizado y pasó a la historia como el primer custodio de la Virgen de Luján.
Quién fue el esclavo de Cabo Verde que cuidó a la Virgen de Luján
Conocido como el "Negro Manuel", fue el primer y más fiel custodio de la imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina. Según los registros históricos, el hombre nació en Cabo Verde y, siendo apenas un niño, fue secuestrado por traficantes de personas.
Tras ser vendido en mercados de esclavos de Pernambuco, en Brasil, fue trasladado al Río de la Plata, donde su historia quedó unida para siempre al origen de una de las principales figuras religiosas del país.
La historia de Manuel y la Virgen de Luján
Manuel llegó al puerto de Buenos Aires en 1630, junto a una caravana que transportaba dos imágenes de la Virgen María, enviadas por pedido de un hacendado de Santiago del Estero.
Durante el viaje, al llegar a las orillas del río Luján, los bueyes que trasladaban una de las imágenes se frenaron y, según la historia, se negaron a continuar el recorrido. El hecho fue interpretado como una señal de que la Virgen deseaba permanecer en ese lugar.
A raíz de esa situación la imagen quedó en ese paraje, cercano a la actual localidad de Zelaya, y Manuel fue designado para cuidar la pequeña capilla que comenzó a levantarse alrededor de la Virgen.
El legado del "Negro Manuel"
Pero la historia de Manuel no terminó allí: tras la muerte de su propietario, surgió una disputa entre los herederos por su propiedad. Como continuaba siendo un esclavo, los vecinos y las autoridades eclesiásticas reunieron 250 pesos de la época para comprar su libertad y así evitar que fuera trasladado y separado de la Virgen. Gracias a esa decisión, pudo permanecer en Luján, donde dedicó el resto de su vida al cuidado de la virgen.
Así, durante más de cuatro décadas, Manuel recibió a los fieles, cuidó la capilla y se convirtió en una figura inseparable de la historia de la Virgen de Luján. Vestía una túnica sencilla y se presentaba como un hijo de la Virgen.
Murió hacia finales del siglo XVII y fue sepultado detrás del altar mayor del antiguo santuario, en reconocimiento al rol que desempeñó en los orígenes del culto.
Casi 400 años después, su historia sigue vigente. De hecho, actualmente avanza en el Vaticano la causa que impulsa su beatificación, con el objetivo de reconocer oficialmente su testimonio de fe y el legado que dejó en la religiosidad popular argentina.


