La Iglesia y una búsqueda inédita: probar que la Difunta Correa existió
Un equipo del Arzobispado de San Juan y la Universidad de esa provincia busca documentos históricos que prueben la existencia de la Difunta Correa.
En San Juan inicieron una investigación para buscar documentos que prueben la existencia de la Difunta Correa. Foto: Turismo de la Nación.
Miles de botellas de agua cubren los cerros de Vallecito. Hay placas de agradecimiento, camisetas firmadas, vestidos de novia, fotos familiares y promesas colgadas en cada rincón del santuario. Todos llegan buscando algo: salud, trabajo, protección o un milagro. Pero detrás de una de las devociones populares más grandes de Argentina todavía persiste una pregunta incómoda: ¿existió realmente la Difunta Correa?
Esa es la pregunta que desde hace unos meses intenta responder un grupo de investigadores sanjuaninos que comenzó una búsqueda inédita para hallar pruebas documentales sobre Deolinda Correa, la mujer convertida en símbolo de fe popular en el país.
La investigación es impulsada por el Arzobispado de San Juan y la Universidad Nacional de San Juan y reúne a sacerdotes, historiadores, docentes y alumnos avanzados. El objetivo es concreto: encontrar algún documento capaz de demostrar que detrás del mito hubo una persona real.
“El objetivo final sería dar con la localización exacta y precisa a modo de prueba contundente de la existencia de Deolinda Correa”, explicó el sacerdote José Juan García durante una entrevista en el programa "Digamos Todo" de Radio MDZ 105.5.
La tarea tiene algo de expedición histórica y algo de rompecabezas imposible. Los investigadores revisan libros parroquiales, registros eclesiásticos y archivos olvidados de mediados del siglo XIX. En aquella época todavía no existían registros civiles y toda constancia de nacimiento, casamiento o muerte quedaba asentada únicamente en iglesias y parroquias.
Pero el problema es otro: muchos de esos documentos desaparecieron. Algunos podrían haberse perdido durante el terremoto de San Juan de 1944. Otros fueron trasladados entre diócesis y archivos eclesiásticos. Y otros, simplemente, nunca aparecieron.
La pista riojana de la Difunta Correa
Una de las líneas de investigación más fuertes lleva ahora a La Rioja. Según detalló García, existen indicios de que Deolinda Correa podría haber nacido cerca de Chamical, en la localidad de Tama. El dato surgió tras conversaciones con sacerdotes riojanos que aseguran haber visto referencias históricas vinculadas a la familia Correa.
El problema es que los antiguos libros parroquiales ya no están allí. “Habrá que continuarlo en Córdoba”, explicó el sacerdote, al revelar que buena parte de la documentación de aquella época habría sido trasladada a archivos eclesiásticos cordobeses.
La investigación recién comienza y el equipo ya se fijó un plazo de dos años y medio para intentar reconstruir una historia que hasta ahora sobrevivió principalmente gracias a la tradición oral.
El santuario que mueve a más de un millón de personas
Mientras los investigadores avanzan entre archivos polvorientos y partidas parroquiales, la fe popular sigue intacta. A solo 64 kilómetros de la capital sanjuanina, el santuario de Vallecito recibe cada año más de un millón de visitantes, según cifras del Ministerio de Turismo de la Nación. El predio, rodeado por la Sierra de Pie de Palo y los Médanos Grandes, se convirtió en uno de los principales centros de peregrinación del país.
La historia que alimenta esa devoción todavía conmueve generaciones: Deolinda Correa habría muerto de sed en el desierto mientras buscaba a su marido, reclutado por las tropas durante las guerras civiles argentinas. Días después, arrieros encontraron el cuerpo sin vida de la mujer, pero descubrieron que el bebé seguía amamantándose de ella.
Ese relato atravesó décadas y transformó a la Difunta Correa en una figura venerada por camioneros, viajeros, familias y promesantes de todo el país.
José Juan García contó que hace apenas unos días volvió al santuario y quedó impactado por la cantidad de gente que llegaba incluso en un feriado común. “Había personas de Bolivia, de La Rioja, familias enteras. Vi gente dejando yesos ortopédicos, fotos de familiares enfermos y testimonios de agradecimiento”, relató.
La postura de la Iglesia
La investigación no busca, al menos por ahora, iniciar un proceso de canonización. La intención es otra: darle respaldo histórico a una figura cuya dimensión cultural y religiosa ya desbordó cualquier discusión académica. “El fondo de todo esto es la fe de la gente”, resumió García.
El sacerdote recordó además que la Iglesia Católica cambió en los últimos años su mirada sobre las expresiones de religiosidad popular, especialmente desde el Documento de Aparecida (2007), impulsado por Jorge Bergoglio antes de convertirse en el papa Francisco. Y aunque aclara que encontrar documentos sería un paso enorme, también admite que la ausencia de pruebas no necesariamente derrumbaría la creencia popular. “Si no encontramos documentación, eso no significa que Deolinda no haya existido. Significa solamente que no pudimos hallar los registros”, explicó.
Y mientras los historiadores buscan nombres, firmas y partidas perdidas, en Vallecito la fe parece haber resuelto hace tiempo una pregunta que los archivos todavía no pueden responder.