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La familia: último refugio del valor de  la vida

La marcha por la vida nos da la oportunidad de reflexionar acerca del verdadero valor de la familia en nuestras vidas, en nuestra sociedad y qué podemos hacer para ayudarla a ser más fuerte.

Defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural no es una postura  anticuada ni un dogma religioso ciego: es la máxima expresión de la razón y el amor  humano

Defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural no es una postura  anticuada ni un dogma religioso ciego: es la máxima expresión de la razón y el amor  humano

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Vivimos en una era hiper acelerada: la cultura de lo efímero, el scrolleo pasados los 3 segundos, donde lo que no "impacta" rápido se descarta, y no nos molesta lo superficial mientras nos haga sentir bien. En este difícil contexto, la familia sigue siendo la cuna de la sociedad, siendo el primer y más importante santuario de la vida humana, resistiendo los fuertes vientos en contra…

Literalmente, en contra

Como profesional de familia, observo a diario que las crisis más profundas de nuestra época no son las económicas ni las políticas, sino antropológicas: hemos olvidado quiénes somos y cuánto valemos. Por eso, hoy más que nunca, es imperativo recuperar la enseñanza dentro del hogar, del respeto absoluto por la vida, desde el primer destello de la concepción hasta el último suspiro de la muerte natural.

La familia es el lugar donde aprendemos que la dignidad humana no es un trofeo que se gana con la productividad, con likes o belleza, sino que es un don intrínseco, que valemos mucho por el solo hecho de ser una persona. En la mesa familiar, en el cuidado de un embarazo incipiente o en el acompañamiento de un debilitado abuelo, es donde se siembra la convicción de que cada vida es sagrada. Si un niño crece viendo que la vida se protege cuando es vulnerable, desarrollará una estructura moral capaz de resistir los embates de una sociedad que, a veces, parece no ver bien el norte.

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Observo a diario que las crisis más profundas de nuestra época no son las económicas ni las políticas, sino antropológicas.

Observo a diario que las crisis más profundas de nuestra época no son las económicas ni las políticas, sino antropológicas.

Información versus medios de comunicación

Uno de los desafíos más grandes que enfrentamos como padres y educadores es el bombardeo constante de los medios de comunicación y las redes sociales. Hoy, nuestros hijos reciben información contradictoria en la palma de su mano. Por un lado, se habla de derechos humanos; por otro, se disfrazan de "progreso" prácticas como el aborto o la eutanasia, presentándolas como soluciones simples a problemas complejos. En la era en donde el dato irrefutable de que la vida humana comienza en la unión de un óvulo y un espermatozoide, algunos medios desean plantar como información válida que ese conjunto celular no es una vida nueva. Y que transitar el dolor no es necesario, por lo que la vida si no se goza, se la puede arrebatar para no sufrirla.

Aquí es donde la familia cumple una función crítica: alimentar el pensamiento crítico. No se trata de prohibir el acceso a la información, sino de enseñar a procesarla. Una familia que dialoga, que analiza una noticia o una serie de televisión a la luz de los valores éticos, que busca, investiga e indaga, está entregando a sus miembros una brújula moral. Al fomentar el pensamiento crítico, ayudamos a los jóvenes a entender que no todo lo que se presenta como "derecho" es ético, y que la verdadera libertad no es hacer lo que uno quiere, sino tener la fuerza e información para hacer lo que es correcto: defender al que no tiene voz.

La formación moral en el seno familiar no se logra con discursos, sino con el testimonio, con el ejemplo y con el dialogo abierto. Cuando una familia se moviliza para ayudar a una mujer en un embarazo vulnerable o cuando se decide cuidar a un enfermo terminal en casa con amor y cuidados paliativos, en lugar de buscar salidas rápidas, está dando una lección de ética que ninguna universidad puede igualar. Estamos enseñando que el sufrimiento no se elimina eliminando al sufriente, sino acompañándolo. Y ser conscientes de estas convicciones impactan directamente en nuestras acciones, y así guiaremos a nuestras familias por el camino de salud psicoemocional y bienestar social que tanto ansiamos.

Las familias deben ser conscientes de su poder social. Las ideas de que las políticas públicas a favor del aborto o la eutanasia son "inevitables" son un mito que debemos derribar y combatir. Las leyes no caen del cielo, son el reflejo de la presión o la pasividad de los ciudadanos, de nuestras elecciones (en los comicios) y de lo que podemos exigir a nuestros representantes que deben hacer.

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La familia cumple una función crítica alimentar el pensamiento crítico.

La familia cumple una función crítica alimentar el pensamiento crítico.

¿Qué se puede hacer para incidir en la esfera pública?

Muchos padres se preguntan: "¿y qué podemos hacer frente a leyes que atentan contra la vida?". La respuesta es: mucho. Desde nuestros lugares, sea cual fuere, podemos y debemos influir en la modificación de las políticas públicas:

  • Con participación ciudadana. Debemos dejar de ser espectadores y pasar a ser actores. Apoyar a organizaciones civiles que defienden la vida, participar en audiencias públicas y hacer oír nuestra voz (y exigencias) ante los legisladores. Un político es sensible al voto y a la opinión de las familias organizadas. Hoy las redes sociales también son catapulta para estas opiniones, usémoslas sabiamente.
  • Con educación y formación para el compromiso social. Inculcar en nuestros hijos que la vocación política o jurídica es una forma noble de servicio (y no de enriquecimiento personal) para proteger a todos, en especial a los más débiles. Necesitamos futuros legisladores y jueces que se hayan formado en familias donde la vida no se negocia, donde se sostenga que el servicio público es trabajar para una sociedad mejor y que es una entrega, una vocación, un darse por el bien común.
  • Crear redes de apoyo con valores. Si las políticas públicas fallan, la sociedad civil sale al rescate. Crear, colaborar y fortalecer redes de contención para embarazos inesperados, primeras infancias vulnerables o centros de cuidados paliativos demuestra que la cultura de la vida es viable y concreta. Podemos colaborar con donaciones, ofrecer trabajo voluntario o ayudar a que se difundan sus servicios para quien lo necesite.
  • Consumo responsable de medios de comunicación masiva. Elegir contenidos que respeten la dignidad humana y retirar el apoyo (y la audiencia) a aquellos que promueven la cultura del descarte. El consumo es una forma de apoyar esas ideas. Y no entrar en discusiones vacías con ese otro auditorio, ya que nos evitaremos un desgaste psicoemocional de energía en donde no hay que hacerlo.
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Apoyar a organizaciones civiles que defienden la vida, participar en audiencias públicas y hacer oír nuestra voz

Apoyar a organizaciones civiles que defienden la vida, participar en audiencias públicas y hacer oír nuestra voz

Defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural no es una postura anticuada ni un dogma religioso ciego: es la máxima expresión de la razón y el amor humano. Si logramos que cada hogar argentino sea una escuela de respeto por el otro, estaremos construyendo una nación donde nadie sobre, donde cada nacimiento sea celebrado y donde cada partida sea honrada. La batalla por la vida se gana en el corazón de la familia, pero sus frutos deben alimentar a toda la sociedad.

* Lic. Milagros Ramírez. cadafamiliaesunmundo.com

Podes escuchar todos los martes a las 11 de la mañana en FamiliarizArte (el arte de ser familia) EN VIVO por Radio Zonica