Lucila Pistiner: "Cuando un hijo no duerme bien, toda la familia deja de descansar"
Lucila Pistiner, especialista en sueño infantil, analiza cómo los hábitos familiares y la tecnología afectan el descanso de niños y lo clave de cambiar rutinas.
En un contexto donde las rutinas familiares se ven atravesadas por horarios extensos, pantallas y hábitos culturales, el descanso infantil se convierte en un desafío cada vez más frecuente. Lucila Pistiner, especialista en sueño infantil, advirtió sobre la importancia de comprender las necesidades reales de los niños y adecuar las dinámicas del hogar en la primera edición de MDZ En Diálogo.
Desde su experiencia profesional y personal, Pistiner destacó que el sueño no solo debe medirse en cantidad de horas, sino también en calidad. La falta de descanso adecuado impacta directamente en el desarrollo, el comportamiento y el rendimiento diario de los más chicos.
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Además, subrayó el rol clave de los adultos en la construcción de hábitos saludables. Las decisiones cotidianas, desde los horarios de cena hasta el uso de dispositivos electrónicos, pueden marcar una diferencia significativa en el bienestar infantil.
En esta entrevista, reflexionó sobre los desafíos culturales en Argentina, el impacto de la tecnología y la necesidad de mayor conciencia social en torno al sueño infantil.
Mirá la entrevista completa a Lucila Pistiner para MDZ en diálogo
—¿Por qué te dedicaste a esto?
—Me dediqué a esto un poco por mi historia personal, porque hace 12 años tuve a mi primera hija y, por supuesto, el tema del sueño me tocó de cerca, como a muchas familias. Empecé a necesitar respuestas a todas mis preguntas de por qué ella no dormía. Ahí fue cuando comencé a investigar, primero con libros, y después me di cuenta de que en el exterior había gente que se dedicaba a esto. Investigué, hice una certificación en Estados Unidos, después otra con el Instituto de Canadá, y la lectura, la experiencia con las familias y la investigación me llevaron a este camino.
—¿Cuáles son las problemáticas más frecuentes cuando un chico no duerme bien?
—Hay varios temas, que también están relacionados con las expectativas. No es lo mismo un bebé de pocos meses que un niño de 2 o 3 años que se siga despertando múltiples veces durante la noche. Cuando hablamos de sueño infantil tenemos que tener en cuenta dos aspectos: la cantidad de horas y la calidad del sueño. Y está el ojo observador de los padres, que para mí es el elemento más importante. Son ellos quienes pueden determinar si su hijo está durmiendo lo que necesita.
Luego aparecen preguntas como: “¿Siento que mi hijo no descansa bien?”, “¿Está irritable durante el día?”, “¿Se despierta muchas veces en la noche o muy temprano?”. Ahí viene mi ayuda. A veces también hay cuestiones médicas, y en esos casos trabajamos con pediatras.
— ¿Cómo influyen los hábitos culturales de los argentinos en el sueño de los niños?
—Es un tema cultural. Cuando empecé a trabajar en 2018, uno de mis objetivos fue difundir la importancia del sueño infantil, era mi propósito y creo que lo vengo logrando. Una de las cuestiones que yo quiero concientizar a la gente es que los niños y los bebés necesitan más cantidad de sueño que los adultos.
Muchas personas no lo saben, pero un niño no puede dormir 7 u 8 horas como un adulto, es insuficiente. Está en una etapa de aprendizaje constante, y además segrega hormonas de crecimiento en el primer tercio de la noche. En Argentina hay un hábito de cenar y dormir tarde, y ahí tenemos que hacer un esfuerzo por entender que el niño necesita otros horarios y luchar contra estos patrones culturales, pero una cosa es el niño y otra el adulto.
—¿Qué pasa cuando los chicos ven que los adultos se quedan despiertos hasta tarde?
—Ahí entra el rol de los padres en educar y hacer entender que el niño es niño y el adulto es adulto. Los adultos tenemos otros derechos, como quedarnos despiertos hasta más tarde, pero un niño necesita dormir antes.
—¿Cómo impacta la tecnología en el descanso?
—El impacto de la tecnología y las pantallas en el sueño es negativo y es un gran problema hoy en día. Podemos dividirlo en dos: la primera infancia y la adolescencia. Con los adolescentes es más difícil de controlar. Pero cuando son chicos, el rol es nuestro como padres en establecer límites. Es muy importante que al menos 90 minutos antes de dormir se apaguen las pantallas. Además, no todas son iguales: no es lo mismo ver una película que usar una tablet con juegos, que estimulan mucho más a nivel cerebral.
—¿Cómo está la situación en Argentina respecto a este tema?
—Es difícil generalizar, pero creo que hay algo positivo: cada vez se habla más del sueño infantil. Cuando tuve a mi primera hija, hace 12 años, no se hablaba del tema y cuando yo buscaba respuestas no las encontraba. Hoy hay más conciencia y más profesionales dedicados a esto, lo cual es muy bueno. Igual, todavía queda mucho por hacer.
—¿Cómo reaccionan los padres ante estas problemáticas?
—Hay de todo. Algunos creen que con una charla ya está la solución, pero no es así. Esto es como ir al nutricionista: te da un plan con pautas, pero si no lo seguís, no hay resultados. Requiere trabajo, compromiso e involucramiento activo de la familia. Lleva tiempo y energía, pero los resultados valen la pena.
—¿Es más complejo en Argentina que en otros países?
—Sí, claramente. Acá todo ocurre más tarde: se cena tarde, los programas de televisión son tardíos, las actividades extracurriculares también. Hay chicos en primaria que terminan deportes a las 20:30 y recién ahí vuelven a casa para bañarse, cenar y dormir. Es una cuestión cultural que hay que entender, pero también está en nosotros modificar de a poco. Muchas familias que cambian sus rutinas después no quieren volver atrás, porque descubren que duermen mejor y se sienten mejor.
—Lucila, muchas gracias por haber venido a MDZ.
—Gracias a ustedes.
