La educación, al igual que la Scaloneta, es un trabajo en equipo
Por encima de las individualidades y los nombres propios, la educación —al igual que las grandes gestas deportivas— depende de una red de contención donde nadie se salva solo. Una mirada a la docencia desde la cultura de la cooperación.
Hoy, la educación es, por definición, un trabajo en equipo.
Archivo.En el imaginario colectivo argentino, la obtención de la tercera estrella en Qatar y la consolidación de la Selección Nacional no fueron solo un logro deportivo; se convirtieron en un manual abierto sobre cómo es el trabajo en equipo. Antes del brillo de las copas, hubo un proceso silencioso fundado en tres pilares: la confianza mutua, el rol estratégico del cuerpo técnico y la certeza de que el talento individual no sirve de nada sin un engranaje colectivo que lo sostenga.
Si trasladamos el foco de los estadios a las aulas, la analogía se vuelve no solo válida, sino urgente. La educación actual ya no puede entenderse como una tarea solitaria. El viejo paradigma del docente solitario frente a cuarenta alumnos quedó obsoleto. Hoy, la educación es, por definición, un trabajo en equipo.
El "Cuerpo Técnico" y la comunidad educativa
En la Selección, Lionel Scaloni entendió que su rol no era brillar, sino hacer brillar y coordinar los egos en función de un objetivo común. En el sistema educativo, ese "cuerpo técnico" está integrado por los directivos, los docentes, los preceptores y los equipos de orientación y todos los trabajadores de la educación. Un docente aislado en su aula puede tener una gran clase, pero si la institución no tira para el mismo lado, el impacto se diluye. Así como el apoyo de la hinchada y el entorno de los jugadores fue clave para superar los momentos críticos (como el 2 a 0 ante Egipto), la alianza entre la escuela y las familias es el soporte emocional que los estudiantes necesitan para no abandonar cuando el "partido" se pone difícil.
El factor Messi: el talento necesita una estructura
Existe un mito peligroso en la educación: el de los alumnos o docentes "salvadores". Pensar que un estudiante brillante o un profesor ultra motivado pueden cambiar la realidad de una escuela por sí solos es el equivalente a creer que Lionel Messi ganaba los partidos sin que Rodrigo De Paul corriera los espacios o el Dibu Martínez atajara los penales. "El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos". La frase, atribuida al básquet, se aplica a la perfección a la Scaloneta y, sobre todo, a la escuela. El aprendizaje significativo ocurre cuando los estudiantes colaboran entre sí. El aprendizaje cooperativo en el aula fomenta que el que tiene más facilidades ayude al que viene rezagado, entendiendo que el bien común del grupo se mide por el bienestar del eslabón más débil, no por el récord del más rápido.
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La cultura del esfuerzo compartido
La Selección Argentina nos enseñó que la frustración se procesa mejor en comunidad. Cuando las cosas no salen, el equipo se asocia, rota, busca alternativas y se apoya. En las escuelas pasa lo mismo: frente a las dificultades socioeconómicas, la falta de recursos o la deserción, la respuesta nunca es individual. Los proyectos interdisciplinarios, las redes de tutorías entre pares y los espacios de debate docente son las "jugadas preparadas" para salir a la cancha cada día. La educación, en definitiva, es el campeonato más largo y desafiante que enfrenta una sociedad. Para ganarlo, no necesitamos figuras aisladas buscando el aplauso propio. Necesitamos la mística de la Scaloneta: los brazos entrelazados, la mirada fija en el objetivo común y la convicción absoluta de que, juegue quien juegue, al futuro lo ganamos en equipo.
* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.