La desgarradora confesión de Chio, el hijo de Gilda, a 30 años de su muerte: "La extraño cada día"
Fabricio tenía ocho años cuando sobrevivió al accidente que provocó la muerte de su madre, Gilda, su hermana y su abuela. A 30 años de aquel día, el artista habló con MDZ sobre el duelo, la transformación y el legado que dejó su mamá.
Fabricio Chio Cagnin pudo transformar el dolor en amor y compartir el legado de Gilda con las nuevas generaciones.
Tatiana Colángelo/MDZFabricio "Chio" Cagnin tenía apenas ocho años cuando sobrevivió al accidente que cambió su vida para siempre. No se olvidaría nunca de lo ocurrido aquella noche del 7 de septiembre de 1996, cuando viajaba en colectivo junto a su mamá, la mismísima Gilda, su hermana Mariel, su abuela "Tita" y los músicos de la banda que se dirigían a dar un nuevo show en la localidad entrerriana de Chajarí. Pero no pudieron llegar a destino. Otro micro se cambió de carril e impactó de frente contra el colectivo en el que iban ellos por la Ruta Nacional 12, a la altura de Villa Paranacito. El choque provocó la muerte de la popular cantante de música tropical a sus 34 años, pero también la de su madre, su hija, tres músicos y el chofer del micro.
Chio pudo sobrevivir a la tragedia. En medio de la conmoción, todavía sin comprender la dimensión de lo sucedido, alguien se le acercó y le hizo una pregunta que hasta entonces nunca había escuchado: “¿Sos el hijo de Gilda?”. Desde ese momento, dejó de ser solamente el hijo de Miriam Alejandra Bianchi para convertirse, ante los ojos de los demás, en “el hijo de Gilda”, la entrañable cantante de música popular que conquistó el corazón de miles y miles de argentinos.
Lo que siguió fue un duelo atravesado por una contradicción difícil de explicar. Mientras Fabricio intentaba procesar la pérdida de su madre, su hermana y su abuela, la figura de Gilda comenzaba a estar cada vez más presente en cada rincón. La escuchaba en los comercios, en los corsos, en los cánticos de la hinchada cada vez que iba a la cancha de Vélez y, durante su adolescencia, también en los boliches. El país celebraba las mismas canciones que para él estaban asociadas a una ausencia. Durante años eligió esconderse: cuando alguien le preguntaba si era su hijo, llegó incluso a negarlo. “Había perdido a mi madre y, a la vez, me la encontraba en todos lados”, explicó Chio a MDZ sobre aquella dura etapa.
Necesitó tiempo para comprender y transformar ese dolor. Convertirse en padre, a los 24 años, fue fundamental para poder aceptar su historia. Después de haber perdido una parte fundamental de su familia cuando era niño, sintió que podía construir la propia. Sus hijas, Delfina y Lucía, crecieron escuchando las canciones de su abuela, viendo sus fotografías y conociendo también la historia de su tía Mariel. Lo que durante años había sido una herida que Chio prefería ocultar empezó a convertirse en un legado que podía transmitir desde el amor.
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A 30 años de aquella trágica noche, Chio ya no se esconde. Hoy, habla de Gilda en presente, reconoce que todavía la extraña y encontró otras formas de sentirse conectado con ella. También hizo música, convirtió parte de su historia en canciones y decidió impulsar la Gilda Fest, una fiesta que marca un contraste con aquel chico que durante años evitó los homenajes. Tres décadas después, puede volver sobre la tragedia, el duelo y la enorme figura pública de su mamá sin perder de vista a la mujer que existía antes del mito: la madre amorosa y compañera que lo guio en los primeros años de su vida.
Mirá la entrevista completa a Fabricio Chio Cagnin, a 30 años de la muerte de Gilda
- Este lunes se cumplen 30 años del accidente que marcó tu vida, donde perdieron la vida tu mamá, tu abuela y tu hermana. ¿Qué recordás de ellas antes de la tragedia?
- Y, estábamos todos muy pegotes. Pensá que mi mamá empezaba a moverse en el ambiente de la música, a salir de gira, y mi abuela nos cuidaba porque vivía a ocho cuadras. Entonces estábamos con mi hermana, con mi abuela. A mi abuela la recuerdo viniendo de la esquina, abrazándonos, cuidándonos, cocinando unos panqueques en el día a día.
Mi hermana era un bocho, le iba re bien en el cole y me ayudaba mucho a mí también. Éramos muy compinches. Y mi vieja, bueno, era una madre muy presente, muy amorosa, muy dedicada y muy compinche con nosotros, ¿viste? Una madre que se ponía a la par nuestra. Compartíamos muchísimo.
- ¿Qué recordás de su etapa como maestra jardinera y luego cantante? ¿Cómo se dio ese salto?
- Como maestra era increíble porque íbamos por la calle y nos paraban, no sé, la madre con el nieto que iba al jardín y quería venir a casa a dormir y me daban un poco de celos esas cosas. Y como cantante, era una lucha. Me acuerdo de que ella tenía su costurera, íbamos a Avellaneda, compraba su ropita, su tela, la hacía a mano y la amiga la ayudaba. Todo un esfuerzo increíble.
- Y vos estabas siempre ahí, con tu hermana.
- Claro, estábamos ahí con ella, íbamos de gira con ella. Mucha pasión, mucha dedicación y mucho compromiso por lo que quería.
El recuerdo que tiene Chio de su mamá en el escenario
- ¿Qué sentías vos al ver a tu mamá cantando ante tanta gente, siendo aclamada? ¿Cómo la veías a ella detrás de escena?
- Yo me acuerdo de llegar con el micro. La bajaban a ella custodiada, la gente se tiraba encima, ¿viste? Entraba, después bajaba yo con los músicos. Me quedaba a un costadito del escenario, la veía a ella cantando. No me olvido más de que la veía cantar, creo que era "Noches vacías" con la gente desesperada por estar con ella, por tocarla, y ella también entregada al público, disfrutando de eso. Y a mí se me ponía la piel de gallina, sentía miedo y, en un punto, una admiración y unas ganas de estar ahí con ella. Era hermoso.
- Tenías ocho años cuando ocurrió el accidente. ¿Qué recordás de esa noche?
- Bueno, ese día vino el micro a buscarnos a casa. Estábamos todos felices porque íbamos a Entre Ríos, a un hotel lindo. Nos subimos al micro, arrancó el viaje y tuvimos la desgracia de que un micro se cruzó de carril y nos impactó de frente. Y el recuerdo que tengo del accidente es del cielo porque me desperté ahí. En ese momento me vinieron a buscar, había enfermeros, doctores en medio del quilombo ese, y me preguntaron si era el hijo de Gilda. Fue la primera vez que me encontré con esa pregunta: "¿Sos el hijo de Gilda?". Yo dije que sí y me quedé como atónito.
- ¿Cómo la llamabas antes, además de mamá?
- No, mamá. Pero yo no existía en su mundo, ¿me entendés? Porque ella era la protagonista. Ahora, cuando ella fallece, de repente me convierto en "el hijo de Gilda". Gilda era todo. Pero, cuando fallece, el que me conocía decía: "Che, es el hijo de Gilda".
- ¿Y cómo fuiste procesando lo que pasó? Porque eras chico, tenías ocho años... Después vino la adolescencia. ¿En qué momento creés que aceptaste lo que pasó, tu realidad?
- Fue un proceso largo, porque me acuerdo de que me encontré con esa trompada. De repente sentí un vacío tremendo de perder a mi familia. Sumado a eso, mi vieja era Gilda y la gente la amaba. Porque muchísima gente la amaba de antes, pero muchos otros se sumaron a eso porque encontraron sus canciones, sus mensajes, su carisma. Entonces, bueno, es como que yo, en un punto, tenía ese peso de haber perdido a mi madre y, a la vez, me la encontraba en todos lados.
- ¿Dónde te la encontrabas?
- En la calle. En la calle vas caminando, ponele, un local con un tema de Gilda y estaba mi vieja. Iba a la cancha a ver a Vélez y la hinchada cantaba una canción de Gilda adaptada. Iba a un corso y me encontraba con la canción de Gilda. Entonces ahí tenía esa dualidad de decir: "Gilda me trae mucho dolor". Entonces me escondía y trataba de que nadie se enterara.
- Si te preguntaban, ¿lo negabas o qué hacías?
- Si me preguntaban, a veces lo negaba, por más que la otra persona lo supiera. Me iba y sabía que, en un punto, era algo que yo tenía que transitar.
Después vino la época adolescente, que yo iba a bailar y también estaba en todos lados. Escuchaba "No es mi despedida" o "Se me ha perdido un corazón", y el boliche se ponía como loco. Yo estaba ahí y no sabía qué hacer. Me preguntaba: "¿Sigo bailando?". A mí me encanta bailar, pero me quedaba como paralizado porque veía a todos festejando y, a la vez, me generaba todo ese dolor, me recordaba esa pérdida.
Así que lo fui transitando de a poco y, cuando que fui padre, fue mágico.
- ¿Hace cuánto sos padre?
- Fui padre de Delfina, mi primera hija, a los 24, bastante joven. Ahí yo llegué a una isla de luz al punto de decir: "Estoy logrando mi sueño, que era mi familia". Eso que perdí. Pude conseguir mi familia nuevamente.
Ahora que lo veo, que estoy totalmente entero y puedo hablar del tema disfrutándolo, te digo que todo el camino fue un duelo muy paulatino, despacito, como a mi tiempo. Y mis hijas me dieron un impulso, me transformaron en un guerrero, no sé. Me llenaron de luz.
Y aparte es muy loco verlas a ellas, a ellas dos, que son Delfi y Lucía, disfrutar también de quién es su abuela, de sus canciones, de que sepan que son nietas de Gilda. Y yo también transmitirles eso desde el amor, desde la alegría. Es muy lindo, es muy transformador.
- ¿Qué les decís vos a ellas?
- Me acuerdo de tenerlas a upa de bebés de un mes y cantarles temas de mi vieja, contarles de su abuela, de su tía Mariel. Desde el día uno. En mi casa está lleno de fotos de ella, así que la viven, la encuentran. Su abuela está con ellas, las acompaña, con su tía.
- En varias oportunidades contaste que tu pareja se enteró recién de tu historia al año de estar juntos. ¿Por qué se dio así? ¿Cómo fue su reacción en ese momento?
- Yo conocí a Brenda en un boliche y no le dije quién era. Empezamos a bailar y nos encontramos otra vez en el boliche de vuelta. Así fue avanzando todo. Salimos del boliche, nos encontramos en la calle, construimos una relación y yo nunca le contaba nada de mi familia. Sí le hablaba de mi viejo (Raúl Cagnin).
- Tal vez ella ya tenía dudas y no se animaba a preguntar.
- Ella se preguntaba si yo tenía una familia grande o no. Entonces me decía: "Che, ¿qué onda?". Y me preguntaba por mi mamá y yo le decía: "No, no, esa es una historia larga, no quiero hablar de eso". Estaba cerradísimo.
Y creo que al año, o a los ocho meses, se va a la Costa, a la casa de la tía de una amiga, que era fanática de Gilda y tenía revistas viejas donde aparecía mi vieja. Ahí vio una foto mía de chiquito, con la cicatriz y el nombre "Fabricio" que salía en la nota. Me acuerdo de que me llamó y me dijo: "¿Vos sos Fabricio Cagnin? Tenés la cicatriz". Y cuando volvió me dijo: "Vos sos el hijo de Gilda". Y ahí le conté.
La verdad que me ayudó un montón también a largar todo eso, ¿viste? Porque yo me crié con mi abuelo y mi papá. O sea, fallece mi familia, me voy a vivir con mi papá, que se había divorciado de mi mamá, y con mi abuelo, que eran tipos duros, a la antigua, que no hablan y había que darle para adelante.
- Ellos, también sufriendo pérdidas.
- Sí, sí. Imaginate, mi viejo perdió a su hija y mi abuelo a su nieta. O sea, era muy duro. Pero la verdad que todo lo que soy hoy es por ellos, por cómo me criaron, los valores que me dieron. Así que, bueno, me estoy construyendo de a poquito.
- ¿Y cómo conviven tu pareja y vos con el hecho de ser el "hijo de Gilda"?
- Es re normal. Hoy en día estoy agradecido, contento. Mi vieja me dejó y me sigue enseñando cosas, valores. Porque ella es una mujer que peleó por sus sueños sin que nadie le asegurara nada. Y yo estoy acá sentado 30 años después por todo lo que ella logró. Y el mensaje ahí es: "Andá por lo que vos querés y metete fuerte ahí. Y por más que te quieran bajar, seguí adelante". Ella me dejó escrito eso.
Tengo mensajes de ella que ponía: "Por más que me quieran bajar, que me pongan trabas en el camino, voy a avanzar". Y mirá lo que avanzó, ¿no? Que se convirtió en un ícono cultural argentino.
- Con los años se fue convirtiendo en como una especie de leyenda, de santidad. ¿Qué te iba generando a vos eso con el correr de los años?
- Me asombraba. La verdad que ella tiene algo que la respalda mucho, que son sus canciones. Ella era autora de sus canciones y tiene temas que trascendieron el tiempo, como "No me arrepiento de este amor", "Corazón valiente", "No es mi despedida", "Fuiste" y "Se me ha perdido un corazón". Todo eso lo escribió ella.
Todo ese crecimiento que tuvo en un momento me incomodó, no te voy a decir que no. Me preguntaba: "¿Qué onda? ¿Qué está pasando? ¿Dónde me ubico yo?". Porque soy hijo de Gilda y todos me vienen a festejar o a decir: "Che, qué bueno", y, a la vez, estoy duelando a mi madre. Entonces estaba con esa ambigüedad en el medio.
Pero hoy te digo que ella es una mujer con mucha luz, mucho carisma y un ser especial. Son personas especiales que trascienden la muerte con un legado.
- Me encanta que hables de ella en presente. ¿Para vos sigue estando acá?
- Para mí, sí. Yo estoy con mi vieja, estoy conectado, hablo siempre. Igual que con mi abuela. Y yo creo que, si creés en algo, qué mejor que creer que los que estuvieron siguen estando cerca.
La canción que Chio le escribió a su mamá
- En 2022 lanzaste un álbum solista que se llama "Estamos vivos". Contame por qué surgió este deseo de hacer tu propia música.
- Yo venía tocando y pensé en hacer un disco solista. Eran canciones que hablaban de mi historia. "Estamos vivos" es una canción que le dediqué a mi hermana, que habla de resiliencia y le da el nombre al disco. También está "Crují", que habla un poco de perder a alguien querido, que amás, y esa transición del vacío total a encontrarte, que estás conectado, que está con vos, que hay un cambio de mirada, que todo se puede transformar.
Creo que fue parte de mi proceso. Reconocer: "Che, me gusta hacer música, hago el disco y lo disfruto". Sin esperar nada. Es simplemente que salga, porque son cosas que uno a veces quizás las tenés y decís: "Che, ¿lo hago o no lo hago? ¿Pero qué pasará? ¿Pero qué dirán?". La cabeza es un torbellino. Y decidí seguir su legado, escuchar mi corazón y hacerlo. Y estoy feliz porque está ahí y lo tienen mis hijas. Si lo quieren escuchar, ahí van a conocer a su padre.
- ¿En qué momento decidiste contarle tu historia al público, a todo el mundo, más allá de que la supieran tu pareja y tu entorno?
- Fue un proceso que empezó muy de a poco y, en el 2016, con la peli de Gilda (protagonizada por Natalia Oreiro), se abrió una puerta muy linda. Yo no pude estar tan presente, pero sí estuvo Brenda -su pareja-, que iba a las grabaciones y me traía mensajitos de los fans, cartitas, un chocolatito y mucho amor.
Y, bueno, de a poquito eso me ayudó a entender un poco que atrás de esa puerta que yo había cerrado, que era todo el mundo Gilda, había mucho amor. Así que de a poquito me fui acercando y eso me llevó después a pensar: "Che, puedo hablar de mi vieja bien, dejar un mensaje lindo y hablar de su legado, que la verdad que es transformador y es poderoso".
- Viene la Gilda Fest en octubre. ¿Cómo va a ser? ¿Por qué quisiste llevar adelante este evento?
- Siempre estuve como escondido, en un punto. Me costaba mucho estar en los homenajes los 7 de septiembre y aparecer en un lugar que la recordaba. Nunca estuve. Y el año pasado dije: "Che, ¿cómo puedo hacer para que en estos 30 años ella tenga su lugar?". Quería un lugar diferente, un lugar para celebrarla, un lugar que sea su casa, su universo, que haya música diversa, como le gustaba a ella: cumbia, cuarteto, reggaetón, que haya de todo, que sea para alegrarte, para celebrar la vida.
Así que, bueno, decidí hacer la fiesta, la Gilda Fest, que justo, yo creo que está orquestado por ella, me dieron fecha para el 10 de octubre y el 11 de octubre es su cumpleaños. Así que imaginate que después de las 12 estamos ahí celebrando su nacimiento, que también es muy importante porque gracias a eso hoy tenemos sus canciones, su legado, ¿no?
Y va a estar lleno de artistas invitados. Aparte de eso, llamo a uno que, además, no lo conozco, lo llamo y: "Sí, estoy. Contá conmigo. Tu vieja es lo más grande que hay". Mucho amor. Mi vieja me dejó eso también: mucho amor de mucha gente.
Qué le diría Gilda si estuviera presente
- Si estuviera acá presente o si la sintieras conectada, ¿qué le dirías ahora, a estos 30 años?
- Obviamente que la extraño cada día, que me encantaría poder abrazarla, que entiendo que no se puede, que encontramos otras formas de conectarnos. Y gracias, gracias, gracias por todo lo que me ayudó, porque ser su hijo y todo lo que pasamos me transformó en el hombre que soy hoy, que mira la vida con amor, que mira la vida desde un lugar de agradecimiento.





