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Jueves Santo: los puntos clave de esta festividad de la Iglesia católica

El Jueves Santo reúne tres momentos centrales: la Eucaristía, el sacerdocio y el anuncio de la muerte de Jesús, el punto de quiebre de la Semana Santa.


En el corazón de la Semana Santa, el Jueves Santo sintetiza los gestos más profundos del cristianismo: servicio, entrega y anticipación del sacrificio. La tradición católica recuerda en esta jornada la institución de la Eucaristía, el nacimiento del sacerdocio y el anuncio de la muerte de Jesús.

El Jueves Santo se presenta como uno de los días mayor cantidad de signos dentro del calendario litúrgico católico. En una misma jornada convergen tres signos fundamentales que estructuran la fe cristiana: la institución del sacerdocio mediante el gesto del lavatorio de los pies, la institución de la Eucaristía durante la Última Cena —considerada la primera misa— y el anuncio de la muerte de Jesús.

Jesús lava los pies de los apóstoles

El lavatorio de los pies constituye un gesto de profunda carga simbólica. En un contexto donde este acto estaba reservado a los servidores, Jesús invierte el orden social al colocarse en posición de servicio frente a sus discípulos. Desde la lógica católica, este momento marca el modelo del sacerdocio: no como poder, sino como entrega y humildad. El sacerdocio queda así definido por el servicio al otro, especialmente al más vulnerable.

"Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican". Jn 13, 13-17. "Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican". Jn 13, 13-17.

Este día la misa es especial y el signo del lavatorio de pies lo recuerda el sacerdote lavando los pies de algunos fieles. Es recordado también el gesto del papa Francisco, que celebraba la misa en distintos lugares para personas en situación de vulnerabilidad. En los últimos días de su vida, ya que murió el primer Lunes de Pascua de 2025, visitó la cárcel Regina Coeli y lavó los pies de 12 presas a pesar de ya estar en un estado de salud muy desmejorado.

La Última Cena: el clímax del Jueves Santo

En paralelo, la Última Cena establece la Eucaristía como eje central de la vida cristiana. Durante esa comida, Jesús comparte el pan y el vino con sus más cercanos discípulos, otorgándoles un significado nuevo que la tradición reconoce como sacramental. Este episodio es interpretado como la primera misa cristiana, en la que se instituye un rito que perdura hasta la actualidad como memorial de su entrega.

Francisco ha adoptado la costumbre para el Jueves Santo de lavar y besar los pies de 12 reos Foto: EFE

El papa Francisco besando los pies de un preso durante la celebración del Jueves Santo.

Finalmente, el anuncio de su muerte durante la Última Cena introduce una dimensión anticipatoria que atraviesa toda la jornada. No se trata de un desenlace inesperado, sino de un acto consciente dentro del relato evangélico. Allí devela que será traicionado por uno de ellos, Judas, al cual marca como entregador dándole de comer el pan con el que celebra la primera misa.

El camino hacia el Jueves Santo

A pesar de lo que marcan los feriados, el Jueves Santo no empieza la Semana Santa. Esta es un camino que comienza el Domingo de Ramos con la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. En cinco días, la misma ciudad que lo recibe como un rey, Jerusalén será el escenario del juicio de Jesús para matarlo en un trabajado complot del Sanedrín, máximo tribunal religioso y político de la comunidad judía de la época.

El Domingo de Ramos marcó el inicio de esta secuencia con la entrada de Jesús en Jerusalén, en un contexto de fuerte tensión bajo el dominio del Imperio Romano. El gesto de ingresar montado en un burro (entra en Jerusalén igual que como llega a Belén en el vientre de María), en lugar de un símbolo de poder militar, fue interpretado como una señal de paz y una referencia a antiguas profecías. La multitud respondió con ramas y mantos, en una escena cargada de simbolismo cultural e histórico.

"Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?». Y resolvieron darle treinta monedas de plata". Mt 26, 14-15. "Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?». Y resolvieron darle treinta monedas de plata". Mt 26, 14-15.

El Lunes Santo, en tanto, recuerda el episodio en el que Jesús expulsó a los mercaderes del Templo de Jerusalén. Este hecho se vincula con prácticas económicas concretas de la época, como el uso obligatorio del siclo de Tiro (monedas acuñadas con un dios pagano a pesar de estar penado por la Torá) para el pago del tributo religioso. Las comisiones abusivas y la contradicción entre normas religiosas y prácticas permitidas evidenciaron un sistema atravesado por tensiones éticas.

El Martes Santo puso el foco en el conflicto con escribas y fariseos. Según el relato, el cuestionamiento no fue teológico sino práctico: la imposición de normas excesivas que resultaban inaccesibles para los sectores más humildes. La crítica apuntó a un sistema que priorizaba la apariencia de cumplimiento por sobre la justicia, la compasión y la misericordia.

El Miércoles Santo introdujo el contexto de la traición, enmarcado en una situación social y política compleja. La posibilidad de una intervención romana ante cualquier disturbio generaba un clima de alta tensión. En ese escenario, la entrega de Jesús puede interpretarse no solo desde la codicia, sino también como una reacción frente al riesgo de una escalada de violencia. Este día se recuerda la negociación de Judas con el Sanedrín para entregar a Jesús.