Jorge Ignacio García Cuerva: "En Buenos Aires vivimos amontonados pero no acompañados"
El Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, llamó a frenar la ansiedad para que no logre cascotear nuestra esperanza de cada día.
García Cuerva animó a que cada persona y comunidad se convierta en un espacio de encuentro, escucha y contención.
Luis Sosa.En el marco de las fiestas patronales de la Parroquia Santa María de Betania, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva compartió una reflexión inspirada en el Evangelio de Marta y María. Ante la comunidad reunida, invitó a frenar la ansiedad, vivir con calma y recuperar el sentido profundo de la hospitalidad como camino para fortalecer los vínculos y vencer la soledad.
.Jesús nos dice en el Evangelio: tranquilos
El obispo explicó que muchas veces se ha interpretado erróneamente a Marta como un ejemplo negativo. “Marta no es mala; lo que hace está bien, pero Jesús le dice: pará, tranquilízate. Viven muy acelerados, a fuego, y eso también nos pasa hoy”, expresó, llamando a reflexionar sobre el modo en que enfrentamos nuestras responsabilidades diarias.
Una lección para la vida cotidiana
García Cuerva reconoció que todos, en algún momento, nos identificamos con Marta: ocupados, ansiosos y preocupados por cumplir con todo. “Jesús no reprocha el trabajo, sino la ansiedad. Nos invita a encontrar momentos para parar, respirar y escuchar con el corazón”, señaló.
La hospitalidad como encuentro
Durante su mensaje, subrayó que la hospitalidad no se trata solo de recibir, sino también de abrirnos a ser recibidos. “Todos necesitamos que alguien nos acoja alguna vez. Es una oportunidad de encuentro y para eso se requiere humildad, sin ponernos en el papel de jueces o maestros de moral”, remarcó el Arzobispo de Buenos Aires.
Escuchar más allá de las palabras
El prelado enfatizó la importancia de escuchar verdaderamente al otro, sin pensar en la respuesta inmediata. “Escuchar no es preparar lo que voy a contestar, sino abrir el corazón. Así es la casa de Betania: un lugar donde Jesús pudo descansar, compartir preocupaciones y sentirse acompañado”, explicó.
Un llamado a la comunidad
Finalmente, García Cuerva animó a que cada persona y comunidad se convierta en un espacio de encuentro, escucha y contención. “La soledad es una de las grandes heridas de nuestro tiempo. La hospitalidad y la escucha sincera pueden ser el remedio que necesitamos”, concluyó.