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León XIV, la inteligencia artificial y el desafío de seguir siendo humanos

La nueva encíclica sobre IA y el mensaje de García Cuerva alertan sobre los riesgos de una sociedad cada vez más deshumanizada.

 la primera encíclica de León XIV dedicada específicamente a la inteligencia artificial abre un debate de enorme profundidad.

 la primera encíclica de León XIV dedicada específicamente a la inteligencia artificial abre un debate de enorme profundidad.

Archivo MDZ

La aparición de la primera encíclica de León XIV dedicada específicamente a la inteligencia artificial abre un debate de enorme profundidad filosófica, política y moral. Al mismo tiempo, la reciente homilía del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, en el Tedeum del 25 de Mayo, volvió a colocar en el centro de la escena una preocupación similar: la degradación del vínculo humano, la polarización, el odio y la necesidad urgente de recuperar una convivencia basada en el respeto recíproco.

Ambos mensajes —aunque provenientes de registros distintos— dialogan entre sí de manera notable. Uno desde la doctrina social de la Iglesia y otro desde la pastoral concreta de la Argentina actual. Parten de una misma inquietud: qué sucede con la persona humana cuando la tecnología, la política y las dinámicas sociales comienzan a vaciar de contenido el encuentro con el otro, aquello que el Papa Francisco definía como “projimidad”. La encíclica Magnifica Humanitas representa el primer gran intento de la Iglesia de abordar el fenómeno de la inteligencia artificial no como una mera cuestión técnica, sino como un problema civilizatorio. León XIV advierte que la IA no es neutral, porque detrás de cada algoritmo existe una visión del hombre, del poder y de la sociedad. El riesgo, señala, es que la humanidad termine subordinada a lógicas de eficiencia, control y concentración tecnológica manejadas por minorías económicas o “tecnooligarquías”.

enciclica
La encíclica Magnifica Humanitas representa el primer gran intento de la Iglesia de abordar el fenómeno de la inteligencia artificial.

La encíclica Magnifica Humanitas representa el primer gran intento de la Iglesia de abordar el fenómeno de la inteligencia artificial.

El problema ya no es la falta de información

Vivimos, por el contrario, en una época de sobreabundancia de datos, estímulos y discursos. El verdadero problema es la desorientación. Una suerte de caos informativo permanente donde resulta cada vez más difícil distinguir entre verdad, manipulación, propaganda o simple saturación emocional. En ese contexto, considerar a la inteligencia artificial como una herramienta “objetiva” constituye uno de los grandes errores contemporáneos. Ninguna tecnología es completamente neutral, porque detrás de cada algoritmo existen criterios de selección y priorización definidos por seres humanos, empresas, intereses económicos o visiones ideológicas determinadas.

No existe una inteligencia artificial absolutamente libre de sesgos, sencillamente porque tampoco existen datos completamente libres de sesgos. Las tecnologías, en definitiva, también son políticas: organizan poder, condicionan conductas y moldean percepciones sociales. Incluso en áreas donde la IA puede producir avances extraordinarios —como la educación, la medicina o la administración pública— subsiste una dimensión humana irreemplazable. La IA puede ayudar a enseñar o facilitar procesos de aprendizaje, pero difícilmente pueda sustituir aquello que constituye el núcleo de toda relación humana auténtica: la empatía, la comprensión emocional y la sensibilidad frente al sufrimiento

GARCIA CUERVA
Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, en el Tedeum.

Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, en el Tedeum.

La preocupación no es futurista

La inteligencia artificial ya condiciona el trabajo, la información, la privacidad, la formación de opinión pública y hasta la percepción misma de la verdad. León XIV advierte sobre el peligro de delegar decisiones humanas esenciales a sistemas automatizados incapaces de tener conciencia moral o responsabilidad ética. Por eso insiste en una idea particularmente potente: “desarmar la IA”, es decir, impedir que la tecnología se transforme en un instrumento de dominación o exclusión. En cierto modo, la encíclica actualiza para el siglo XXI lo que León XIII hizo con la Revolución Industrial en Rerum Novarum: advertir que detrás de los cambios tecnológicos siempre existe una disputa sobre la dignidad humana y el sentido de la justicia social.

Pero lo verdaderamente interesante es cómo esta reflexión global encuentra un eco concreto en la homilía de García Cuerva. El arzobispo porteño no habló directamente de algoritmos ni de Silicon Valley. Sin embargo, cuando cuestionó la agresividad permanente, el desprecio al diferente y la incapacidad de dialogar, estaba describiendo muchas de las patologías amplificadas precisamente por la lógica digital contemporánea. Las redes sociales, potenciadas por sistemas algorítmicos que premian el enojo, la confrontación y la simplificación extrema, han convertido muchas veces el debate público en una maquinaria de deshumanización. La inteligencia artificial puede producir información o discursos con una velocidad extraordinaria, pero no puede producir fraternidad. Puede optimizar procesos, pero no enseñar compasión. Por eso el mensaje de García Cuerva adquiere una dimensión mucho más profunda que la mera exhortación religiosa. Cuando pide “tratarnos mejor” o rechazar la polarización permanente, está defendiendo algo esencial para cualquier democracia: la preservación del otro como persona y no como enemigo.

IA DPA
No existe una inteligencia artificial absolutamente libre de sesgos, sencillamente porque tampoco existen datos completamente libres de sesgos.

No existe una inteligencia artificial absolutamente libre de sesgos, sencillamente porque tampoco existen datos completamente libres de sesgos.

El gran riesgo de nuestra época no parece ser solamente tecnológico, sino antropológico. La posibilidad de acostumbrarnos a relaciones cada vez más impersonales, más automatizadas y emocionalmente más vacías. Una sociedad hiperconectada, pero deteriorada en su capacidad básica de convivencia. La Argentina vive este fenómeno con especial intensidad. La discusión pública se encuentra atravesada por niveles crecientes de agresividad y simplificación binaria. Y las plataformas digitales —muchas veces alimentadas por inteligencia artificial— profundizan esa dinámica. Frente a eso, la Iglesia intenta recuperar la centralidad de la persona humana. No del individuo aislado y encerrado en sí mismo, sino de la persona vinculada a otros, responsable frente a otros y capaz de construir comunidad.

La gran pregunta de fondo es si la inteligencia artificial servirá para ampliar la libertad humana o para reducirla. Si ayudará a humanizar la sociedad o terminará consolidando nuevas formas de manipulación y concentración de poder. León XIV plantea que todavía estamos a tiempo de orientar ese proceso éticamente. García Cuerva recuerda que ninguna innovación tecnológica puede reemplazar la necesidad elemental de respeto, diálogo y fraternidad. Tal vez allí radique el verdadero punto de encuentro entre ambos mensajes: la defensa de la dignidad humana en una época donde el hombre corre el riesgo de quedar subordinado a sus propias creaciones.

* Dr. Jorge R. Enríquez, exdiputado nacional – Presidente de la Asociación Civil JUSTA CAUSA

Mail: [email protected]

X: @enriquezjorge

https://jorgerenriquez.wordpress.com