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Javier Daulte: "El teatro encuentra nuevos resonadores emocionales"

El director habló con MDZ sobre la adaptación teatral, el casting de Vicuña y Lamothe y cómo construir una identidad propia en escena.


En una entrevista exclusiva con MDZ, Javier Daulte respondió las preguntas de Carlos-Gustavo Motta sobre el desafío de adaptar Secretos en la montaña al teatro argentino, el peso simbólico de Brokeback Mountain y la construcción de una puesta capaz de encontrar una identidad propia más allá del imaginario cinematográfico.

El desafío de adaptar una obra de teatro

La relación entre los protagonistas de Secretos en la montaña carga inevitablemente con una tradición cinematográfica poderosa. La versión de Brokeback Mountain, dirigida por Ang Lee, dejó escenas, climas y actuaciones que todavía hoy permanecen grabadas en la memoria colectiva. Por eso, una de las primeras preguntas que aparece frente a esta adaptación teatral tiene que ver con cómo construir intimidad sin caer en estereotipos ni copiar aquello que el cine ya volvió icónico. Consultado por MDZ acerca de cómo pensó el casting de la versión argentina y de qué manera trabajó esa sensibilidad entre los protagonistas, Javier Daulte respondió: “Se trata de una historia sensible. Como lo decía durante los ensayos: es una obra de estados”. Y enseguida aclaró que se refiere a “estados emocionales”. Para Daulte, allí reside el núcleo de la obra: “un viaje emocional a través de veinte años de relación de dos hombres que se enamoran en circunstancias nada favorables”.

Se trata de una historia sensible

El director recordó además que el elenco apareció tempranamente en el proyecto. “Cuando me llamó Adrián Suar para el proyecto ya les había hablado a los actores (Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe) y a mí me pareció un casting estupendo”. Pero el verdadero sostén de la puesta apareció durante el proceso de ensayo: “La química que se produjo entre ellos durante los ensayos fue clave y sigue siéndolo ahora que estamos con las funciones”. Otra de las preguntas planteadas en esta entrevista exclusiva apuntó al desafío específico de traducir al lenguaje teatral una película tan instalada culturalmente como Brokeback Mountain. ¿Qué se pierde y qué se gana en esa transposición? ¿Cómo evitar que el espectador compare constantemente con el film? Daulte respondió que el fenómeno cultural alrededor de la película sigue siendo determinante. “Es una película que todos conocen aunque no todo el mundo la vio y muchos de los que la vimos no la tenemos tan presente como creeríamos”. Sin embargo, sostiene que algunas imágenes quedaron fijadas de manera definitiva en el imaginario colectivo. “La idea fue ser conscientes de esas imágenes icónicas y creo que están en la versión teatral”.

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"Secreto en la Montaña" en el Multiteatro.

Me pareció un casting estupendo

La adaptación además debía resolver un problema complejo: cómo volver cercana para el público argentino una historia profundamente ligada a la geografía y a la cultura estadounidense. “Otro desafío era que el público acepte una historia que claramente transcurre en Estados Unidos y que no resulte por eso distante”. A eso se suma otro elemento central: la montaña como escenario emocional y simbólico. “Dar la sensación de que estamos en esa montaña fue otro de esos desafíos”. Sin embargo, para Daulte el teatro también ofrece una posibilidad singular frente al cine: condensar emocionalmente el relato. “Creo que lo que gana —y eso lo noté apenas leí la versión— es que la historia de amor está más concentrada”.

La tercera pregunta formulada por MDZ giró alrededor de cómo construir una puesta que no quede “a la sombra” del imaginario cinematográfico y logre desarrollar una identidad propia en escena. Allí Daulte vinculó esta experiencia con otras adaptaciones teatrales que realizó anteriormente, como El jefe del jefe y DRUK.

“En el caso de DRUK, se trató de una película más conocida y en algún sentido me pasó lo mismo que con Secreto: uno tiene que reconocer la historia y los personajes, y al mismo tiempo el relato debe imponerse y hacer ‘desaparecer’ la película que traíamos (algunos) en nuestra cabeza antes de entrar al teatro”. La afirmación parece resumir el principal desafío de toda adaptación escénica de un clásico contemporáneo: dialogar con la memoria del espectador sin quedar atrapado dentro de ella. Para Daulte, esa transformación se produce porque el teatro modifica necesariamente la experiencia emocional. “Los diferentes lenguajes —el cine y el teatro— hacen que la historia encuentre nuevos resonadores emocionales”.

El teatro modifica la experiencia emocional

Pero quizá el núcleo más profundo de Secretos en la montaña no sea únicamente la homosexualidad de sus protagonistas sino aquello que la obra revela sobre el amor cuando una época, una cultura o una moral intentan volverlo imposible. Allí donde durante años ciertas historias fueron leídas apenas como “cine gay”, la obra insiste en otra dimensión más universal y más incómoda: el dolor de amar bajo amenaza, el costo subjetivo del silencio y la violencia de tener que esconder aquello que constituye la propia verdad afectiva. Tal vez por eso la puesta de Daulte adquiere hoy una fuerza particular. Porque más allá del sexo de los protagonistas, lo que aparece en escena es la tragedia de cualquier amor condenado a la clandestinidad. Y en tiempos donde todavía persisten nuevas formas de intolerancia, prejuicio y exclusión, Secretos en la montaña vuelve a recordar algo esencial: que no hay identidad posible cuando el deseo debe vivirse como culpa y que ninguna sociedad puede considerarse plenamente humana mientras obligue a alguien a amar en secreto.

SECRETO

Otro desafío era que el público acepte una historia que claramente transcurre en Estados Unidos y que no resulte por eso distante.

Secreto en la montaña de Ashley Robinson basado en el texto de Bannie Proulx y adaptación de Marcos Carnevale, dirigida por Javier Daulte con Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe en los papeles principales conjuntamente con Laura Paredes y Roberto Casto, se puede ver en Multiteatro. La producción general es de Adrián Suar y Joaquín y Bautista Laviaguerre.

* Carlos-Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.