Inteligencia Artificial, el poder de la palabra
Clinton fue presidente de Estados Unidos con asesor machacando: "Es la economía, estúpido". En la IA se parafrasea: "Es la palabra, estúpido".
Buena parte del poder de la Inteligencia Artificial está en la construcción de relatos y discursos. La palabra en el centro de la escena.
La nomenclatura dada a la Inteligencia Artificial nació con el matemático John McCarthy y el científico informático Marvin Minsky cuando organizaron un taller de verano en 1956 en un campus universitario de New Hampshire, para debatir métodos relacionados con las "máquinas pensantes".
El libro "La IA Con" del año pasado ya se ha convertido en una fuente rigurosa acerca de varios aspectos que trazan un ADN de esta tecnología que hoy todo lo puede (y lo que no, mañana).
Las autoras son indispensables en este asunto por la calidad de sus investigaciones y por el enfoque de sus planteos.
Una de ellas es la linguista Emily M. Bender, una autoridad absoluta y una de las mentes más brillantes en IA, al punto que está en la centena de los más influyentes humanos en torno a la IA para la revista Time. La restante es una experta en tecnología.
Ambas exploran la génesis de la IA, a mediados de la década del 50. Y entretrazan relatos sobre cómo influyó en el máximo nivel del poder ante la Guerra Fría.
Sin embargo, el valor del libro también se recuesta sobre una teoría muy fundamentada. Podría resumirse en que ambas derriban varios mitos sobre el "monstruo".
Inteligencia Artificial
El senador provincial de Mendoza Félix González es uno de los legisladores que se ocupa de esta nueva realidad que propone la Inteligencia Artificial y sus implicancias. Propone foros y debates abiertos para legislar sobre los nuevos escenarios.
El político ha tomado nota e inspiración de la última encíclica papal. Y en consecuencia ha puesto el tema en la agenda pública. Y aspira a que sea más que una declaración de interés legislativo (lo que ya se votó por unanimidad en Senadores).
Lo explicó en detalle en su intervención en el programa Bot y yo por MDZ Radio, hace poco más de un mes.
Verdad y Narrativa: El control de las plataformas y de los algoritmos de selección de contenidos genera dificultades para distinguir la realidad de lo falso, amenazando la construcción de lo común y la verdad pública.
Escena laboral: La transformación acelerada en la industria laboral provoca desempleo, hiperespecialización y la concentración extrema de recursos en pocas manos.
Libertad y "Dictadura de la Atención": Los sesgos y la hiperrecolección de datos permiten a las empresas predecir y manipular conductas. Se prioriza el contenido que despierta miedo u odio porque es el que más retiene la atención del usuario.
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IA
Retomo los inicios de la IA en el mundo transcribiendo uno de los pasajes del libro citado, al que no pocos consideran un texto emblemático para desnudar acciones monopólicas, abusivas y taxativas, con impacto global.
Y de potente repercusión en el ecosistema de la esfera pública.
"Los precursores de este nuevo campo se centraron en traducir la dinámica del poder y el control a formulaciones legibles por máquinas. McCarthy, Minsky, Herbert Simon (politólogo, economista, informático y futuro premio Nobel) y Frank Rosenblatt (uno de los creadores de la metáfora de la "red neuronal") se dedicaron a desarrollar herramientas que pudieran utilizarse para guiar los sistemas administrativos y, en última instancia, los militares.
"En un entorno donde la batalla por la supremacía estadounidense en la Guerra Fría se libraba en todos los frentes —militar, tecnológico, de ingeniería e ideológico—, estos hombres buscaban ganarse el favor y la financiación de un aparato de defensa que intentaba desplazar a los soviéticos.
"Para justificar sus proyectos, recurrieron a afirmaciones grandilocuentes con escaso o nulo respaldo empírico, malas prácticas de citación y criterios cambiantes, lo que les permitió encontrar aceptación en la América de la Guerra Fría.
"Se trata de las mismas prácticas que observamos en los promotores de la IA de hoy en día, aunque ahora persiguen principalmente valoraciones de mercado, además de contratos de defensa gubernamentales".
Tecnologías
Este artículo surgió luego de asistir en YouTube a un podcast sobre IA, en el que se realizó una larga entrevista a Pep Martorell.
Es Director de Tecnologías de la Información y Supercomputación. Y está muy relacionado con la institución que alberga a MareNostrum, una de las supercomputadoras más potentes de Europa.
Martorell es una voz clave en el desarrollo de la IA soberana en español. Y es un notable impulsor de la necesidad que Europa y el ámbito hispanohablante tengan infraestructura e Inteligencia Artificial propia para no depender exclusivamente de los gigantes tecnológicos: Estados Unidos y China.
Me sorprendió una analogía que hizo entre el desarrollo humano de un niño (hasta los 6 años) y los modelos actuales de IA.
Sintetizo su idea: un niño no aprende a interactuar con la gravedad, a reconocer a sus padres, a no caerse o a entender qué es un perro a través de la lectura de manuales. Aprende a través de los sentidos: mirando, tocando, escuchando y experimentando el entorno físico de manera continua e interactiva.
El lenguaje y la lectura llegan mucho después, sobre una base ya construida de comprensión del mundo real.
Lenguaje
Las IA tradicionales basadas en texto (como ChatGPT en sus inicios) intentan "entender el mundo" leyendo trillones de palabras. Extendiendo la analogía es más fácil entender el funcionamiento de esta tecnología nueva pero vieja.
Pensemos a un niño encerrado en una biblioteca a oscuras, al que le pedimos que entienda qué es una manzana apenas leyendo descripciones sobre esa fruta.
La tesis que plantea Pep Martorell es que vamos hacia un modelo de Inteligencia Artificial Multimodal. Es correcto entender que buena parte del aprendizaje surge de la observación.
En opinión del especialista, para alcanzar una IA con un nivel de comprensión superior o más cercano a la inteligencia humana, es imprescindible el entrenamiento multimodal (video, audio, robótica, sensores).
La máquina, al igual que el niño, necesita observar y procesar la realidad sensorial para construir un modelo mental del mundo, antes o en paralelo, a procesar el texto.
Podríamos razonar, con el planteo de Martorell, que un niño de cinco años no necesita saber leer para entender cómo funciona el mundo: aprende observando, tocando y procesando estímulos sensoriales.
El verdadero salto hacia una IA más madura pasa por encontrar esa capacidad de aprendizaje por observación.
El asunto es que varios de los popes millonarios de los modelos de IA hoy están muy conformes con este estado de imposición.
Es parte de su trabajo plantar relatos a su antojo en los temas más variados de la conversación pública, de manipular la opinión a una velocidad atómica y a un costo económico ridículo, de barato, o de minar o favorecer gobiernos con políticas afines a sus intereses.
Están chochos en esta infancia ideal para moldear el mundo con sus ideas, sus perspectivas, sus planes mesiánicos.
Están chiflados, pero, claro, los actuales jefes de las tecnológicas son los líderes de un invento alucinante y en curso que ya deslumbra por su capacidad productiva, eficiencia y calidad: nunca en la historia de la humanidad ha sido tan fácil dominar el mundo. Y sin usar la fuerza.
Es la palabra, estúpido.
Tecnología digital
Pep Martorell plantea que la gran victoria de la IA moderna no fue "enseñarle a pensar" a la máquina en un sentido humano, sino encontrar una forma matemática de representar el significado semántico de las palabras. Y ganar en precisión en función de su contexto.
En la informática tradicional, la palabra "banco" era solo una cadena de caracteres (b-a-n-c-o). El sistema no sabía si hablabas de dinero o de madera.
La IA actual logra identificar si "banco" se refiere a la entidad financiera o al objeto para sentarse analizando las palabras que la rodean y asignándole un vector (una posición en un espacio de muchas dimensiones) cercano a conceptos como: "dinero/crédito" o "parque/asiento".
El lenguaje es la arquitectura del conocimiento. Al lograr que la máquina "entienda" (o procese con precisión) las relaciones semánticas entre significantes, la IA no solo traduce o busca palabras claves, sino que comprende la intención del discurso.
¿Por qué uno podría pensarlo?
Porque básicamente este mecanismo que abreva en la palabra como núcleo es uno que se emplea desde hace varios milenios en la Tierra y con bastante éxito.
El control de la narrativa, se dice, ahora.
Y esa es la fuerza que está disputando con paso arrollador un pequeño grupo de empresarios en el planeta.
Discurso
La IA generativa no es estrictamente una revolución tecnológica. Es, en esencia, una profunda revolución lingüística y discursiva.
Al dominar el espacio semántico (una arquitectura donde los vectores matemáticos le otorgan un lugar exacto al significado de cada palabra, según con quién "se junta"), la Inteligencia Artificial empieza a operar sobre la lengua no como un simple diccionario, sino como una fábrica de sentido.
Hasta no hace mucho tiempo, en la informática clásica la palabra era una etiqueta rígida. Hoy, el manejo del significante por parte de los grandes modelos de lenguaje permite que la máquina construya metáforas, tono y subtexto.
El dominio de la lengua es la forma más antigua y efectiva de ejercicio del poder humano (la política, la literatura, la filosofía).
Al apropiarse del ritmo y la estructura del discurso, la tecnología deja de responder con comandos abstractos y empieza a interpelarnos en nuestro propio terreno simbólico: el relato.
Estamos en el punto en que vivimos cada vez más dentro de una nueva narrativa híbrida. Ya no damos una instrucción técnica. Establecemos un diálogo, una tensión poética o conceptual con la máquina.
Es el inicio de un nuevo registro literario: uno donde la máquina no solo procesa datos, sino que habita el espacio semántico.
Al lograr que la Inteligencia Artificial dispute y reconfigure el significante de las cosas, el verdadero poderío tecnológico se traslada al manejo de la lengua.
El discurso y el relato es lo que hoy está en máxima tensión. Los voceros clásicos han sido desplazados por los comandantes de la tecnología. Una disputa fascinante.
Poetas contra ingenieros. No siempre ganan los malos.







