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Hipólito Bouchard, el corsario que se codeó con reyes e izó la bandera argentina en California

Navegó los océanos al servicio de las Provincias Unidas y convirtió la bandera argentina en un emblema de la lucha por la independencia. Bouchard, el corsario de la patria.


En noviembre de 1818, la bandera celeste y blanca flameó en Alta California, en ese entonces posesión española, sobre una ciudad ocupada por la tripulación de “La Argentina”, la cual era comandada por Hipólito Bouchard. El corsario argentino fue uno de los responsables de que lo sucedido en julio de 1816 no quedara en una anécdota y fuera reconocido en el mundo.

Bouchard nació en Bormes-les-Mimosas, Francia, como Hippolyte Bouchard. Se formó como marino durante la era napoleónica, combatiendo en el Mediterráneo. Su vínculo con nuestro país comenzó en 1809, cuando arribó a Buenos Aires en pleno conflicto entre potencias europeas. Tras la Revolución de mayo, Bouchard se incorporó a la causa patriótica y puso a disposición su persona para reforzar una de las áreas más débiles de las incipientes Provincias Unidas del Río de La Plata: el poderío naval.

Fue designado como Segundo Comandante de la modesta escuadra revolucionaria. Participó en el combate de San Nicolás de los Arroyos, enfrentó el bloqueo español sobre Buenos Aires y también integró las fuerzas patriotas en la batalla de San Lorenzo, donde tuvo lugar el bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo al mando de José de San Martín. Más tarde, su experiencia lo llevaría al océano Pacífico, donde hostigó el comercio español y capturó embarcaciones enemigas.

Bouchard, uno de los protagonistas de la batalla de San Lorenzo.

Bouchard, corsario argentino

Con una patente de corso otorgada por el Gobierno revolucionario, Bouchard se lanzó a los mares a bordo de “La Argentina” el 9 de julio de 1817, en el primer aniversario de la Declaración de la Independencia, en una aventura que se extendería por dos años.

Como corsario, Bouchard contaba con el aval del Gobierno para atacar embarcaciones enemigas al Estado que le había otorgado la patente en tiempos de guerra. Por más que otros países lo catalogaron de pirata, el corsario argentino contaba con el respaldo de la joven nación y actuaba en consecuencia, defendiendo la causa que había elegido abrazar.

Fiel a los ideales surgidos de la Asamblea General Constituyente de 1813, Bouchard atacó en la isla de Madagascar embarcaciones que traficaban esclavos. Defendió la libertad de los prisioneros, mientras navegaba y luchaba contra otras naciones, piratas y enfermedades a bordo de su escuadra.

La vuelta al mundo, reuniones reales y el ataque a Monterrey

Los mares llevaron a La Argentina a Filipinas, en donde continuó con sus sabotajes comerciales contra la bandera española. A partir de ahí, analizó las posibilidades de navegar rumbo a China e incluso barajó la posibilidad de liberar a su exlíder, Napoleón Bonaparte.

Sin embargo, terminó desembarcando en Hawái, en donde se reunió con su rey Kamehameha I, conocido como “el Napoleón de la Polinesia”. Allí convenció al monarca de reconocer la autoridad de las Provincias Unidas del Río de la Plata sobre su expedición, en uno de los primeros gestos de reconocimiento internacional obtenidos tras la declaración de la Independencia.

Kamehameha I, el monarca que se reunió con Bouchard en Hawái.

Además, el rey devolvió una goleta capturada por sus hombres (rebautizada como Chacabuco) y también le proveyó 100 marinos, que se sumaron a la expedición del corsario argentino. Fue allí cuando en noviembre de 1818, Bouchard asaltó Monterrey (capital de Alta California), tomó su fuerte e hizo flamear la bandera celeste y blanca durante seis días, a la vez que sus hombres arrasaban aldeas cercanas y bloqueaban puertos fundamentales.

La misión siguió en Centroamérica, en donde los combates continuaron en Guatemala, Nicaragua y El Salvador. Llegó a Valparaíso en julio de 1819, listo para acompañar en la campaña libertadora de San Martín en Perú.

La travesía de La Argentina duró dos años y se convirtió en la primera embarcación nacional en dar la vuelta al mundo. Durante su recorrido, la flota capturó o destruyó 26 embarcaciones enemigas, liberó los esclavos de cuatro buques negreros y saboteó dos naves británicas y una estadounidense.

Tras comandar la escuadra libertadora, Bouchard se retiró y se instaló en Perú, lugar donde administró las haciendas azucareras que se le entregaron. Autoritario y de carácter duro (Mitre lo describió como una persona cuyos ojos “despedían fuego”), murió asesinado por uno de sus peones, en enero de 1837.

Mientras San Martín cruzaba los Andes y Belgrano defendía el norte, Bouchard libraba la misma guerra en los océanos. El corsario fue pieza fundamental en la defensa de la libertad argentina, llevando la bandera celeste y blanca a dar su primera vuelta al mundo tras la Independencia.