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Hilos de luz y materia: una exposición de Olga de Amaral en el Malba

La exposición de la artista colombiana Olga de Amaral en el Malba revela cómo el hilo se transforma en una poderosa expresión contemporánea.

De la serie de “Las Brumas”

De la serie de “Las Brumas”

Gentileza.

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) inauguró la semana pasada una exposición que invita a mirar el arte desde una materia tan antigua como la humanidad: el hilo. La muestra dedicada a la artista colombiana Olga de Amaral presenta un conjunto significativo de obras realizadas a lo largo de varias décadas y permite descubrir una producción que transformó radicalmente la noción del arte textil.

El visitante se encuentra con grandes superficies suspendidas, tejidos que cuelgan como muros blandos o cascadas de fibras que absorben y reflejan la luz. A primera vista pueden recordar tapices, pero pronto se advierte que se trata de algo diferente: piezas que se sitúan entre la pintura, la escultura y la instalación. Nacida en Bogotá en 1932, Amaral pertenece a una generación de artistas que, desde los años sesenta, comenzaron a cuestionar las fronteras entre arte y artesanía. Su formación incluyó estudios de arquitectura y diseño, pero también una temprana fascinación por las técnicas textiles tradicionales de los Andes. Esa doble herencia —la modernidad del diseño y la memoria de los tejidos precolombinos— atraviesa toda su obra.

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“Farallón al ocaso” 1972

“Farallón al ocaso” 1972

En las piezas expuestas en el Malba, el tejido se expande más allá del plano. Algunas obras cuelgan libremente desde el techo, (la serie “Las Brumas) generando un diálogo directo con el espacio arquitectónico; otras se despliegan como superficies densas donde el hilo, el lino o la lana adquieren una presencia casi mineral (los Entrelazados). Una de las características más reconocibles de su trabajo es el uso de láminas de oro aplicadas sobre las fibras, que transforman los textiles en superficies luminosas. El efecto cambia según la luz del ambiente y la posición del espectador, dotando a las piezas de una vibración casi espiritual.

“Lienzo ceremonial” 1979 (CMP)
“Lienzo ceremonial” 1979

“Lienzo ceremonial” 1979

Olga de Amaral desarrolla su producción en Bogotá

Con un pequeño equipo de asistentes especializados en técnicas textiles. Allí se preparan los telares, se tienden los hilos y se tejen grandes superficies según sus diseños, elección de materiales, texturas y colores. La artista interviene directamente en la realización de las obras.

La participación de ayudantes no disminuye el carácter autoral de la obra; por el contrario, responde a una lógica histórica del arte. Desde los talleres renacentistas hasta los grandes escultores contemporáneos, muchos artistas han trabajado con colaboradores para realizar proyectos de gran escala.

“Estelas” (CMP)
“Estelas”

“Estelas”

Ecos argentinos

Para el público local, la exposición también permite establecer vínculos con algunas experiencias del arte argentino contemporáneo. Uno de los paralelos más sugerentes puede encontrarse con el colectivo Mondongo, conocido por sus retratos e imágenes construidas a partir de materiales inusuales, entre ellos hilos tensados que generan superficies de gran densidad visual.

Aunque sus lenguajes son diferentes, existe un punto de contacto en la forma en que ambos exploran el potencial plástico del hilo como elemento constructivo. Tanto Amaral como Mondongo transforman un material cotidiano en una estructura visual compleja, donde la textura y la acumulación adquieren protagonismo. Este diálogo implícito revela cómo el trabajo textil ha ido ganando presencia en el arte contemporáneo, dejando atrás su antiguo confinamiento en el ámbito decorativo.

Vista general de una de las salas
Vista general de una de las salas.

Vista general de una de las salas.

Las brumas y la luz

Otro vínculo posible surge en la serie “Las Brumas”, una de las más evocadoras de la artista colombiana. En estas obras, las fibras se organizan en capas sutiles que generan superficies vibrantes, donde la luz parece desmaterializar la estructura del tejido. El efecto visual recuerda, en cierto modo, las investigaciones ópticas de Julio Le Parc. Como en las obras cinéticas del maestro mendocino, la percepción del espectador se vuelve inestable: el ojo se enfrenta a una superficie que cambia con la iluminación y con el movimiento. Sin recurrir a dispositivos mecánicos ni efectos tecnológicos, Amaral logra una experiencia visual semejante a partir de medios aparentemente simples: hilo, fibra y luz.

Una materia cargada de historia

Más allá de estas resonancias contemporáneas, la obra de Amaral conserva una dimensión profundamente ligada a la historia cultural de América Latina. El tejido fue durante siglos uno de los lenguajes artísticos más sofisticados de las civilizaciones precolombinas. En muchas culturas andinas, los textiles tenían incluso mayor valor que los metales preciosos. Las obras de Amaral parecen recuperar esa tradición milenaria y trasladarla al presente. Sus piezas no imitan los textiles antiguos, pero comparten con ellos una concepción del tejido como superficie simbólica y ritual.

La artista (Malba)
La artista,  Olga de Amaral.

La artista, Olga de Amaral.

Un arte hecho de paciencia

En una época dominada por la velocidad tecnológica, improvisaciones y realizaciones efímeras, el trabajo de Amaral recuerda que el verdadero arte también surge de procesos lentos y manuales. Cada pieza implica horas —a veces meses— de tejido, manipulación de fibras y experimentación con materiales.

Esa temporalidad se percibe en las obras expuestas: superficies densas, silenciosas, que parecen acumular el tiempo de su propia construcción.

La muestra del Malba permite, en definitiva, descubrir (hasta1 el 1de mayo) a una artista que convirtió una práctica ancestral en un lenguaje contemporáneo de gran intensidad visual ofreciéndonos a los porteños y quienes visiten la Ciudad una ocasión excepcional de conocerla.

* Carlos María Pinasco es consultor de arte.

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