Futbol 2026: los hombres que nuestros hijos aprendieron a mirar
Cuando pensemos en este último Mundial, recordaremos goles, atajadas, festejos y campeones. Sin embargo, hay algo mucho más importante que ocurrió frente a millones de pantallas: nuestros hijos observan cómo se comportan los hombres cuando enfrentaron el éxito, la derrota, la presión, el reconocimiento y sus emociones.
Los hijos no solo aprenden cómo se juega al fútbol, también aprenden cómo un hombre trata a sus compañeros.
Archivo.El deporte de alto rendimiento se convierte, por excelencia pero sin buscarlo, en una escuela de modelos masculinos. Los hijos no solo aprenden cómo se juega al fútbol, también aprenden cómo un hombre trata a sus compañeros, cómo enfrenta un fracaso, cómo expresa la alegría, cómo agradece a quienes lo ayudaron a llegar y qué hace con el éxito cuando finalmente lo alcanza.
Durante mucho tiempo, la imagen tradicional de la masculinidad estuvo asociada a la idea de que un hombre debía ser fuerte, autosuficiente y emocionalmente imperturbable. Mostrar tristeza era un signo de debilidad, pedir ayuda era una muestra de fragilidad, expresar afecto era algo reservado para la intimidad. Sin embargo, este Mundial volvió a mostrar una realidad muy distinta. Los grandes referentes del fútbol demostraron que la fortaleza no consiste en ocultar las emociones, sino en aprender a vivirlas con madurez. Los invito a pensar en los ejemplos que este mundial nos dejó, para correr el foco de lo que pudo ser y no fue, porque en realidad, fueron muchas cosas positivas. Quizás no trajeron nuevamente la copa al país, pero dieron muchos ejemplos que podemos capitalizar para fomentar un crecimiento saludable en nuestra familia, en especial, si tenemos varones que criar.
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Lo que pasa en la cancha, pasa en la vida
Uno de los ejemplos más llamativos fue el del noruego Erling Haaland. Conocido por su potencia goleadora, hay un gesto que dice mucho más sobre su identidad: eligió utilizar el apellido de su madre como nombre deportivo. En un ambiente donde la fama suele alimentar el individualismo, ese detalle habla de gratitud y de reconocimiento hacia quienes hicieron posible el camino recorrido. Es una enseñanza sencilla, pero profunda: ningún éxito se construye solo. Para los padres, puede ser una oportunidad para preguntar a sus hijos quiénes fueron las personas que los ayudaron a crecer y por qué es importante agradecerles. También resulta inspiradora la historia de Achraf Hakimi y su hermosa relación de gratitud con su mamá. En numerosas ocasiones la ha abrazado públicamente después de los partidos y ha reconocido el sacrificio que hizo por él y su familia. Lejos de disminuir su imagen como deportista de élite, esos gestos la enriquecen. Nos recuerdan que un hombre puede ser competitivo, exitoso y, al mismo tiempo, expresar afecto y gratitud. Quizá nuestros hijos necesiten ver con más frecuencia esa forma de masculinidad: una que no teme decir "gracias", abrazar o demostrar cariño.
Otra historia inolvidable fue la del arquero de Cabo Verde, Vozinha. A los 40 años disputó su primer Mundial y fue figura en un partido histórico para su país. Cuando terminó el encuentro, no ocultó las lágrimas: lloró de emoción porque sabía que estaba viviendo el sueño de toda una vida. Sus lágrimas no hablaron de debilidad, sino de perseverancia, esperanza y gratitud. En una cultura que muchas veces les dice a los varones que deben contener todo lo que sienten, ver a un hombre emocionarse sin vergüenza es una poderosa lección para las nuevas generaciones. Vozinha además demostró que no hay edad para cumplir los sueños, si se lucha con perseverancia para cumplirlos. Aquí tenemos algunos ejemplos que nos ayudaran a hablar en familia sobre lo que “se ve” y lo que “se espera” en las actitudes de un hombre. Preguntarnos por qué no es saludable guardarse las emociones y por qué solemos canalizar muchas de esas solo en acciones que parecen relacionarse con el enojo. Preguntarnos cómo nos apoyamos en los que más queremos, cómo nos comunicamos con ellos y cómo nos ayudan a ser mejor, es un ejercicio que podemos poner en practica mucho mas seguidos que una vez, cada 4 años.
Lo que somos, derrama a los que tenemos cerca
La historia de Sadio Mané también merece ser contada en las mesas familiares. Proveniente de un contexto de grandes carencias, decidió invertir buena parte de su éxito en construir escuelas, hospitales y oportunidades para su comunidad. Su carrera nos recuerda que el reconocimiento personal alcanza su mayor sentido cuando se convierte en una bendición para otros. En una sociedad que suele asociar el éxito con el consumo y el prestigio, Mané enseña que la grandeza también se mide por la capacidad de servir. Otro ejemplo de esperanza es Alphonso Davies, que nació en un campo de refugiados, y pasó de una infancia marcada por la incertidumbre a representar a Canadá en un Mundial. Su historia demuestra que el origen no determina el destino. Para muchos chicos que atraviesan situaciones difíciles, escuchar testimonios como el suyo puede abrir una puerta a la esperanza. Las circunstancias influyen, pero no escriben el capítulo final de una vida.
Sin duda, estos ejemplos nos ayudan a convertir nuestros sueños en un plan de acción, y a tener gratitud para con aquellos que nos ayudaron con el esfuerzo de trabajar duro por conseguirlo. Todas las historias parecen gloriosas ante los flashes de la prensa, pero todos ellos comenzaron humildes y pequeños, como quizás nuestros hijos lo sean hoy. Por eso, hay que sembrar semillas hoy para ver los resultados de grandeza mañana.
Nuevas concepciones sobre ser líder
Con la historia del capitán surcoreano Son Heung-min vemos otra dimensión del liderazgo. Después de superar una lesión importante en los huesos del rostro, volvió a asumir el rol de capitán de su selección, mostrando gran responsabilidad y compromiso. Su ejemplo no invita a glorificar el sacrificio sin límites, sino a comprender que el liderazgo implica ponerse al servicio del equipo, sostener a otros y afrontar las dificultades con serenidad. En la vida familiar ocurre algo parecido: ser fuerte no significa dominar a los demás, sino hacerse responsable de quienes dependen de nosotros. Finalmente, Lionel Messi ofrece una imagen de liderazgo que fue transformándose con los años. Lejos de la necesidad de demostrar permanentemente su talento, se convirtió en un referente que inspira desde la serenidad, el trabajo en equipo y la humildad. Su evolución muestra que la autoridad más sólida no siempre es la que levanta la voz, sino la que transmite confianza, acompaña a los demás y pone el bien del grupo por encima del brillo individual. Esto es una lección para grandes y chicos.
Aprovechar los ejemplos para hablar de lo que es bueno
Ninguno de estos hombres es perfecto. Como cualquier persona, tienen aciertos y errores. Pero precisamente por eso resultan valiosos: no se trata de convertirlos en héroes sin defectos, sino de aprovechar algunas de sus actitudes para conversar con nuestros hijos sobre los valores que queremos transmitir. Después de un partido, quizá la pregunta más importante no sea quién hizo el gol decisivo o qué selección levantó la copa. Tal vez convenga preguntar: ¿Qué jugador te inspiró? ¿Qué actitud admiraste? ¿Quién supo agradecer? ¿Quién mostró respeto? ¿Quién fue capaz de emocionarse sin avergonzarse? ¿Quién siguió adelante después de una frustración? La educación emocional no es un tema exclusivo de las mujeres ni una moda de estos tiempos. Es una competencia humana que permite afrontar la presión, tolerar la frustración, construir vínculos sanos y ejercer un liderazgo equilibrado. os niños necesitan ver hombres que compitan con pasión, pero también que sepan pedir perdón, agradecer, expresar afecto, perseverar y cuidar de los demás.
Si logramos mirar el Mundial con esos ojos, el fútbol dejará de ser solamente un espectáculo. Se convertirá en una oportunidad para formar hombres íntegros: fuertes sin ser duros, sensibles sin perder firmeza y capaces de comprender que la verdadera grandeza no se mide únicamente por los títulos que se ganan, sino también por el camino recorrido y el esfuerzo empeñado, la manera en que se vive cada victoria y cada derrota, y cómo se comparten las emociones que se expresan.
* Lic. Milagros Ramírez.
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