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Francisco I de Francia: entre el poder, los excesos y una muerte rodeada de sospechas

La historia del rey francés mezcla guerras, amantes, venganzas y la sospecha de una muerte ligada a la sífilis.


El 31 de marzo de 1547 fallecía Francisco I de Francia en el castillo de Rambouillet. El “rey caballero” (como lo llamaban, quizás inmerecidamente), murió por causas desconocidas, o al menos no documentadas e inconfesables, ya que su vida galante hace sospechar que padeció una enfermedad venérea, muy probablemente sífilis.

Desde el retorno de los primeros conquistadores de América, esta enfermedad se había diseminado por Europa como un reguero de pólvora, especialmente después del sitio de Nápoles, en el contexto de las guerras libradas entre Carlos I de España y este rey Francisco. El francés se oponía a la hegemonía del monarca flamenco que se había adueñado del imperio donde nunca se ponía el sol, incluyendo gran parte de Europa. El conflicto central entre Carlos y Francisco eran las fértiles tierras italianas, que el rey francés había heredado de su madre, Luisa de Saboya. Este enfrentamiento culminó con la batalla de Pavía y la prisión de Francisco y sus dos hijos, que fueron rehenes del rey de España para asegurarse de que Francia cumpliera con todos sus compromisos.

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El 31 de marzo de 1547 fallecía Francisco I de Francia en el castillo de Rambouillet.

Francisco I padeció una enfermedad venérea

Los galos quedaron relegados a un segundo plano en la política internacional, aunque Francisco nunca se doblegó frente a Carlos I de España y V en llevar ese nombre en Alemania. Pero dejemos de lado la política y vayamos a la parte más entretenida: su larga carrera galante. La primera amante de Francisco de la que se tiene registro fue María Bolena, que también fue amante de Enrique VIII de Inglaterra, aunque este terminó casándo con su hermana Ana, de triste final. La reina consorte era Claudia de Francia, mujer pequeña de cuerpo, coja y estrábica, que también tenía una joroba y era infértil (es muy probable que haya sufrido un síndrome de Down).

María Bolena, a pesar de ser amante de Francisco, no había creado la suficiente empatía con el rey, que por su promiscuidad (aclaremos, la de María, no la propia), la llamaba “la más infame de mis amantes”. María volvió a Inglaterra, donde tuvo cuatro hijos. Entre sus descendientes se encuentran Winston Churchill y la princesa Diana. Francisca de Foix, condesa de Châteaubriant, fue amante oficial del rey, mientras éste estuvo casado. Francisca era esposa de Jean de Laval, conde de Châteaubriant, a quien el rey nombró comandante de su ejército, y a su hermano lo hizo vizconde de Lautrec (un lejano ancestro del pintor). El rey solía mandar a Châteaubriant en distintas misiones, tareas que cumplía con gusto, a pesar de conocer la relación del rey con su esposa.

Entre sus descendientes están Winston Churchill y la princesa Diana

Francisco y Francisca fueron amantes hasta la batalla de Pavía. Cuando Francisco volvió de su cautiverio, posó sus ojos en la bella Ana de Pisseleu. Por más que Francisca de Foix trató de recuperar los favores del rey, al final se dio por vencida y volvió a Châteaubriant. La leyenda sostiene que Francisca fue víctima de la conocida violencia de su marido Jean de Laval mientras ella fue la amante del rey. Claudia de Francia murió en 1524 y un año más tarde el rey fue tomado prisionero. Para negociar el nuevo equilibrio de Europa, se convocó a la madre de Francisco I, Luisa de Saboya, que llegó a un acuerdo con Margarita de Austria (tía de Carlos I de España). Entre los arreglos se decidió que el viudo Francisco debía casarse con Leonor de Austria, quien era, a su vez, viuda del rey de Portugal.

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Francisco I conoció otras amantes.

Leonor, por más que era culta y refinada, padecía una elefantiasis en sus miembros inferiores, circunstancia que provocaba el rechazo del monarca francés, quien se consolaba en los brazos de Ana de Pisseleu, duquesa de Étampes, llamada “la más bella entre las cultas y la más culta entre las bellas”. Al igual que muchas amantes de hombres poderosos, asistió a elevar y enriquecer a su familia. Así fue como su tío fue cardenal de Orleans y sus dos hermanos, obispos. El voluble corazón del monarca conoció otras amantes, una de ellas retratada por Leonardo da Vinci, que por entonces vivía en Francia bajo la protección de Francisco.

Francisco conoció otras amantes

Cuentan que la joven retratada por Leonardo era una burguesa parisina que usaba un colgante para sostener el cabello sobre su frente. El cuadro que la retrata se llama La dama del Belle Ferronnière. No todos coinciden en que la joven haya sido francesa, ni que la pintura fuera de Leonardo. Hay quienes opinan que era un retrato de Isabel d’Este o Cecilia Gallerani y que la obra era de Bernardino de Conti, artista milanés que terminó sus días en Francia, donde trabajaba para Leonardo. Quizás poco importa y, como todas las leyendas, tienen inexactitudes, imprecisiones e inventos, pero siempre una moraleja.

Resulta que el marido de la dama no podía hacer mucho contra la voluntad del rey, así que pensó una forma más sutil de vengarse. Fue así como se dedicó a visitar todos los lupanares de París, que por entonces eran cientos, y continuó manteniendo relaciones con su esposa que, de esta forma, le transmitió “el mal napolitano”, o el “mal español”, o el “mal francés”, que era el nombre que le daban a la sífilis los vecinos de los napolitanos, de los españoles o de los franceses. Fue justamente esta enfermedad la que le transmitió la bella Ferronnière a Francisco, contagiada por el perseverante marido que eligió este medio suicida como venganza del burlado, convertido en burlador.

La hermosa dama murió al poco tiempo, y Francisco, como dijimos, se sospecha que falleció a causa de las complicaciones de la sífilis. La vida disoluta del monarca dio lugar a un drama de Víctor Hugo: El rey se divierte. La obra fue censurada en 1832 y prohibida por inmoral. Los protagonistas de esta obra de teatro eran Francisco I y su bufón Triboulet, un jorobado locuaz e inmoral que realmente existió. Este se encargaba de entretener al rey y señalar a las jóvenes a las que Francisco podía seducir. Sin embargo, la hija de Triboulet, Blanche, también cayó en manos del monarca, ante la desesperación del jorobado, quien contrató a un sicario para asesinar al rey. Este fue salvado por Blanche, quien se inmoló para preservar a Francisco. Al enterarse de este final impensado, Triboulet muere superado por esta desgracia de la que él mismo fue autor.

La obra, que no solo era antimonárquica y promovía el tiranicidio, fue censurada por Luis Felipe de Orleans, aunque la nueva Constitución garantizaba la libertad de expresión. La obra fue prohibida por décadas, pero el escándalo hizo que fuese leída con avidez tanto en Francia como en el exterior. Edgar Allan Poe tomó este argumento para escribir su “Hop-Frog”. La adaptación que le dio jerarquía e inmortalidad fue el Rigoletto de Giuseppe Verdi, basada sobre un libreto de Francesco Maria Piave, quien convirtió al libidinoso monarca en el duque de Mantua para no crear un espíritu antimonárquico, ya que el mismo Verdi había participado del encumbramiento de Vittorio Emanuele como rey de la nueva Italia.

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Rigoletto de Giuseppe Verdi, basada sobre un libreto de Francesco Maria Piave.

La obra fue prohibida por décadas

Nos gusta pensar que detrás de toda historia o leyenda hay una justicia divina, un castigo a la maldad e injusticia que no siempre llega de mano de los hombres y solo se adivina años más tarde bajo la azarosa trama de los acontecimientos o la construcción de relatos que no siempre son verdad, pero son la forma de impartir la esquiva justicia.

* Omar López Mato. Médico oftalmólogo e historiador argentino.