Farmear aura: la nueva forma de construir identidad en las redes sociales
La moda del “aura farming” entre adolescentes plantea qué sucede cuando la identidad empieza a construirse según la mirada y aprobación de los demás.
El desafío de los adultos no consiste en demonizar las redes, sino en revisar también aquello que mostramos y premiamos.
Archivo.“Farmear ” viene de farm, granja, y en los videojuegos refiere a repetir determinadas acciones para acumular recursos, puntos, experiencia u objetos. En la cultura digital, esa lógica comienza a trasladarse a otros ámbitos. Los seres humanos siempre hemos cultivado algo: conocimientos, habilidades, vínculos, paciencia, sensibilidad o un oficio. Pero todo eso requiere tiempo, esfuerzo y tolerancia frente a la posibilidad de no obtener resultados inmediatos. Hoy, en cambio, la inmediatez parece haberse convertido en una recompensa en sí misma.
En ese contexto aparece el “aura farming”: realizar un gesto, caminar de determinada manera, mirar a una cámara, ejecutar un desafío, adoptar una pose o copiar un meme para obtener una recompensa social. Sin demonizar las nuevas modas ni los lenguajes adolescentes, cabe preguntarse qué ocurre cuando la lógica de acumular puntos comienza a invadir la construcción de la identidad. El concepto de aura originalmente aludía a algo que una persona emanaba de manera natural, una atmósfera o cualidad intangible. Ahora, en cambio, puede convertirse en algo que se fabrica, exhibe, copia, contabiliza y acumula.
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Cuando la mirada de los demás define cuánto valemos
El fenómeno permite pensar en una transformación de la aprobación social. El “like” indica que algo gusta; el aura, en esta nueva lógica, parece indicar cuánto vale aquello que hicimos y qué lugar nos otorga frente a los demás. Durante la adolescencia, la mirada del otro ocupa un lugar central: los pares funcionan como espejo y la mirada adulta también participa en la construcción de la identidad. ¿Qué sucede entonces cuando esa mirada queda permanentemente expuesta, cuantificada y convertida en una competencia?
Tal vez la pregunta más importante sea qué necesitan “farmear” los chicos para construir su subjetividad. Curiosidad, amistad, una habilidad, capacidad para esperar, conversar, tolerar la diferencia, argumentar, imaginar y ser vistos por otros. Son aprendizajes fundamentales para crecer, pero no generan puntos ni seguidores. Mientras las instituciones educativas han buscado reducir algunas formas de evaluación numérica porque pueden generar angustia, las redes sociales parecen haber llevado nuevamente la puntuación a la vida cotidiana, esta vez de manera permanente y pública.
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Farmear lo que ningún algoritmo puede medir
El desafío de los adultos no consiste en demonizar las redes, sino en revisar también aquello que mostramos y premiamos. Los chicos aprenden mucho de lo que ven. Si mostramos velocidad, cultivarán velocidad. Si mostramos exposición, cultivarán exposición. Si premiamos solamente la imagen, aprenderán a construir imagen. Y si todo se convierte en rendimiento, pueden terminar entendiendo que vivir también consiste en rendir permanentemente frente a los demás.
Por eso, quizás nuestra tarea sea ayudarlos a “farmear” otra cosa: conversaciones que no puedan subirse a una red, amistades que no necesiten mostrarse, curiosidad, paciencia, esfuerzo, sensibilidad y pensamiento propio. También el cuerpo que se mueve, el libro que se termina, la pregunta que queda abierta, la mirada que sostiene a otra mirada, los valores y los códigos. Hay aprendizajes que no dan puntos y conquistas que ningún algoritmo registra. Sin embargo, son justamente esas experiencias las que construyen una persona. El verdadero desafío no sería entonces enseñarles a conseguir más aura, sino ayudarlos a construir una identidad que no necesite ser puntuada para conocer su propio valor. Porque el aura más poderosa no se fabrica, no se copia, no se exhibe ni se acumula: se construye viviendo y se emana siendo..
* Lic. Fabiana D’Acunto. Psicóloga , docente.
* Lic. Erica Miretti. Psicóloga , docente Neuropsicoeducadora.