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Escuelas sin celulares: la nueva frontera contra la hiperestimulación infantil

Las nuevas normas apuntan a atención, aprendizaje y salud mental. Datos muestran acceso temprano y uso diario de celulares: ordenar pantallas se vuelve urgente.

Cuidar no es controlar, es acompañar, los datos son claros, las señales están a la vista.

Cuidar no es controlar, es acompañar, los datos son claros, las señales están a la vista.

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Cuando la preocupación se convierte en política pública. En este contexto de desarrollo sensible, la hiperestimulación digital plantea un desafío inédito. En distintos estados de Estados Unidos comenzaron a implementarse políticas escolares que limitan o prohíben el uso de teléfonos celulares durante la jornada en las escuelas.

Uno de los casos más relevantes es California, donde se aprobó la Phone-Free School Act (AB 3216), que exige que todas las escuelas públicas adptoen políticas claras para restringir el uso de smartphones antes de 2026. Iniciativas similares avanzan en Nueva York y New Jersey. Estas medidas no surgen de una moda ni de una postura ideológica, sino de una preocupación concreta: el impacto del uso irrestricto de celulares en el aprendizaje, la atención, el vínculo y la salud mental.

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Cuando la preocupación se convierte en política pública.

Cuando la preocupación se convierte en política pública.

¿Qué muestran los datos en Argentina?

Los datos locales describen el entorno real en el que hoy se desarrolla la infancia: el 95 % de niños, niñas y adolescentes de 9 a 17 años tiene celular con acceso a internet, y el 96 % cuenta con conexión en su hogar (Unicef – Kids Online Argentina). La edad promedio del primer celular es de 9,6 años, y más del 80 % accede antes de los 10 años. El 88 % utiliza el celular todos o casi todos los días, y el 80 % usa redes sociales a diario.

En adolescentes, casi la mitad utiliza pantallas entre 2 y 5 horas diarias, y más del 20 % supera las 5 horas por día. En la primera infancia, estudios locales muestran que más del 80 % de los niños menores de 2 años ya está expuesto a pantallas. Estos números no son neutros: describen un entorno de estimulación constante, muy distinto al que el cerebro humano atravesó durante la mayor parte de su evolución.

¿Qué dice la ciencia sobre el cerebro y los celulares?

Desde la psicología cognitiva y la neurociencia, hay un dato difícil de ignorar: la sola presencia del teléfono celular interfiere con la atención y el rendimiento cognitivo, incluso cuando no se lo está usando. Cuando un celular está cerca —en el bolsillo, sobre la mesa o en la mochila— parte de los recursos mentales se destinan a inhibir el impulso de mirarlo.

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El impacto del uso irrestricto de celulares en el aprendizaje, la atención, el vínculo y la salud mental.

El impacto del uso irrestricto de celulares en el aprendizaje, la atención, el vínculo y la salud mental.

El 80% de los menores de 2 años ya tienen pantallas

Ese esfuerzo invisible reduce la capacidad disponible para concentrarse y aprender. No se trata de falta de voluntad ni de desinterés. Se trata de cerebros en desarrollo, con sistemas de autorregulación aún inmaduros, expuestos a dispositivos diseñados para captar atención de forma constante.

¿Qué se observa cuando se ordena el uso de pantallas?

En escuelas que implementaron políticas libres de celulares, docentes e instituciones reportan: mayor interacción cara a cara, mejor clima escolar, más participación en clase, menos interrupciones, menor conflictividad asociada a redes sociales. Si bien la investigación en salud mental requiere tiempos más largos, estas experiencias refuerzan una hipótesis compartida por muchos profesionales: reducir la hiperestimulación digital crea contextos más favorables para el aprendizaje y el bienestar emocional.

El psicólogo social Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa, lo resume con claridad: quitar los teléfonos de la escuela podría ser una de las intervenciones preventivas más simples y efectivas disponibles hoy. La pregunta clave: ¿qué hacemos con estos datos en casa?

Desde Espacio Consciente Pediátrico sostenemos que la prevención no empieza en la ley ni termina en la escuela. Empieza en los hogares y en las decisiones cotidianas de los adultos. No se trata de eliminar la tecnología ni demonizarla, sino de ordenarla, regularla y darle un lugar acorde al desarrollo.

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Ese esfuerzo invisible reduce la capacidad disponible para concentrarse y aprender.

Ese esfuerzo invisible reduce la capacidad disponible para concentrarse y aprender.

Pequeños hábitos que cuidan el desarrollo

  • Dormitorios libres de pantallas.
  • Despertador en lugar de celular.
  • Mesa sin dispositivos como espacio de encuentro.
  • Estación de carga fuera del cuarto.
  • Educar con el ejemplo.

Comunicación sin hiperestimulación, evaluando alternativas

Cuidar no es controlar, es acompañar. Los datos son claros. Las señales están a la vista. La pregunta ya no es si la tecnología influye en la infancia, sino cómo elegimos acompañar ese impacto como adultos responsables. Cuidar no es prohibir sin sentido. Cuidar es poner límites amorosos, crear contextos saludables y asumir el rol adulto como regulador externo. Porque la infancia no se protege sola. Se protege con presencia, con decisiones conscientes y con pequeños hábitos que, sostenidos en el tiempo, construyen un cambio integral.

* Lic. Erica Miretti. Psicóloga. Docente Neuropsicoeducadora.

* Adrián Giannotti. Médico Pediatra.

* Dra Luisa Granato. Médica Pediatra.