Es el mejor lugar de Mendoza y nadie se dio cuenta: el secreto detrás de las amenazas en las escuelas
Un "espasmo" generado por miedo vació las escuelas de Mendoza. Los datos indican que el aula es el lugar más seguro y sano. Los ejemplos.
La escuela es el mejor lugar para los niños en Mendoza.
ShutterstockLos alumnos de la escuela Independencia Argentina se emocionaron y emocionaron: ellos y sus familias escribieron cartas conmovedoras en barriletes que simbólicamente podían elevarse al cielo.
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El rol fundamental de la escuela en la sociedad
El aula se abrió y, con esa iniciativa, maestras, padres y niños no solo aprendieron a leer en voz alta (la excusa de la actividad). “Cada estudiante recibió su barrilete con un mensaje único. Padres, madres y hermanos expresaron palabras de aliento, reconocimiento y afecto, generando un momento de profunda conexión emocional”, cuentan en la escuela.
En otro punto de Mendoza, los alumnos de APRID pudieron ejecutar su primer servicio gastronómico profesional en base a lo que aprendieron en las aulas de la escuela número 20 de San Rafael, rompiendo cualquier barrera gracias a la educación. Los alumnos de la escuela Gabriel del Mazo, de Godoy Cruz, tuvieron poco tiempo libre poque decidieron seguir la pasión que les encendió lo que aprendieron y fabricaron un auto de carrera para competir en el Speedway. Las historias se repiten, por miles en las 1000 escuelas de Mendoza. Historias solidarias, de superación y amor por enseñar, aprender y convivir. Todo muy distinto a una construcción que ha sorprendido.
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En una vida cotidiana que empuja a ejecutar antes que a pensar se construyó una de las paradojas más sorprendentes y dañinas: los padres de Mendoza impulsaron a que sus hijos no vayan a la escuela para cuidarlos.
Hubo hechos de violencia que son extraordinarios, fuera de lo común y dramáticos. Con algo de picardía, tensión hacia la transgresión y algún otro condimento más complejo, adolescentes de todo el país reprodujeron mensajes que alertaron y el vértigo que le imponen las redes sociales hicieron el resto para “viralizar” esos hechos y generar un efecto pánico que, como suele suceder cuando el miedo entra en juego, le ganó a la razón, al sentido común y a la reflexión. Tanto, que se perdió de vista que la escuela es el mejor lugar para los niños y adolescentes.
La escuela como sostén social frente al miedo y la desinformación
Lejos de una visión romántica, lo dicen los datos y la historia argentina: es la educación el principal factor de crecimiento, evolución social y construcción de mejora en la vida personal.
Es en la escuela donde los niños y adolescentes tienen contacto con sus pares, tienen garantizado el acceso al conocimiento y recursos que incluso en sus hogares algunas veces les faltan. Y no hablamos solo recursos económicos o materiales.
Es en la escuela donde se construyen normas, respeto a la autoridad del que sabe y pregunta. Muchos, incluso, tienen en la escuela el mejor plato de comida del día y, además, el trato más cariñoso. Sí, los niños y adolescentes de Mendoza que son víctima de violencia, por ejemplo, tienen a sus victimarios principalmente dentro de su familia o de su entorno más cercano fuera de la escuela. Y ha sido, en muchos casos, la escuela el espacio de alerta, contención y seguimiento.
De los más de 4 mil casos de violencia contra niños y adolescentes registrados el año pasado, la enorme mayoría provine de violencia dentro de la familia. Y los niños y adolescentes que están escolarizados son los que llegan a generar algún alerta, justamente, porque la escuela funciona como institución para darse cuenta.
Es la escuela la que permite que un niño que nace con carencias económicas, afectivas y sin historia académica familiar pueda soñar con ser maestro, doctor, periodista o ingeniero. Tan perturbada está la realidad que se pierde de vista ese sueño, que es uno de los más hermosos que puede tener una familia para sus hijos.
Los mensajes virales que muchos padres ayudaron a reproducir son más que sorprendentes. Madres que quieren sacar de la escuela a sus hijos porque “no están seguros” aunque viven en zonas en las que hay guerra de bandas cada día. Padres que reproducen mensajes sin conocer la procedencia y confían más en un anónimo que en la maestra o el profesor que cada día brinda ese acto de amor que es enseñar. Ideas distópicas al extremo, como sugerir que hay adolescentes armados por montones en Mendoza que podrían generar un caos.
Los hechos de violencia ocurridos en las escuelas duelen, existe y van a seguir. Pero son hechos extraordinarios, fuera de lo previsto y que se salen de la vida cotidiana que ocurre dentro del aula.
En Mendoza se logró que el acceso a la educación obligatoria sea universal; desde sala de 4 a quinto año del secundario. Ahora buscan ampliarlo a sala de 3. El desempeño se derrumba, como n todo el país, y las carencias sociales y familiares se notan en el aula. La escuela, nuevamente, no genera desigualdad sino que la visibiliza.
El espasmo con poco sentido que se generó por temor a “balaceras” hizo que de un día para otro la mitad de los alumnos del secundario falten a clase y que otro tanto haya acudido sin sus libros. ¿Alguien pude imaginarse cuál podría ser la repercusión si esa energía se volcara al revés? Es decir, promocionar con potencia y con “sentido viral” la idea de llenar las aulas y reclamar por más y mejor educación.