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En Rosario: Gyula Kosice vuelve a desafiar al futuro

La gran retrospectiva que presenta el Museo Castagnino de Rosario invita a redescubrir a uno de los artistas más revolucionarios del siglo XX, un creador que imaginó ciudades espaciales cuando el hombre aún no había llegado a la luna y convirtió al agua, la luz y el movimiento en materiales del arte.


Hay artistas que representan una época y otros que parecen adelantarse varias décadas a ella. Gyula Kosice pertenece, sin duda, a esta última categoría. La exposición "Gyula Kosice: En tiempo real", inaugurada en el Museo Castagnino de Rosario, constituye la primera muestra individual del artista en esa ciudad y reúne más de sesenta obras que recorren siete décadas de una producción tan original como inclasificable. Las piezas, provenientes del Museo Kosice y de importantes colecciones públicas y privadas, llegan a Rosario luego de su presentación en el Museum of Fine Arts de Houston, reafirmando el reconocimiento internacional de uno de los grandes innovadores del arte argentino.

La muestra no sólo permite contemplar esculturas, relieves, obras cinéticas e instalaciones; propone ingresar en un universo donde el arte dialoga permanentemente con la ciencia, la arquitectura, la ingeniería y la imaginación. Es una invitación a comprender por qué Kosice sigue siendo un artista extraordinariamente contemporáneo.

Dos espacios. Pintura Madí, 1940

Hay artistas que representan una época

Nacido en 1924 en la ciudad de Košice —entonces perteneciente a Checoslovaquia y hoy parte de Eslovaquia— con el nombre de Fernando Fallik, llegó siendo niño a la Argentina junto con su familia. Aquí adoptó el nombre de Gyula Kosice en homenaje a su ciudad natal y desarrolló una carrera destinada a transformar radicalmente el lenguaje de las artes visuales.

Firma, 1946.

A mediados de la década de 1940 integró el grupo fundador de la revista Arturo, considerada el punto de partida del arte concreto en América Latina. Poco después fue uno de los principales impulsores del movimiento Madí, junto con Carmelo Arden Quin, Rhod Rothfuss y Martín Blaszko, entre otros. Frente a la pintura tradicional, los artistas Madí proponían romper el marco rectangular, incorporar el movimiento, explorar nuevas geometrías y liberar la obra de toda función representativa.

Gota acunada sobre las olas,1990

Kosice llevó esas ideas mucho más lejos que sus compañeros de generación. Mientras muchos artistas seguían trabajando con óleo sobre tela, él comenzó a experimentar con materiales industriales, metales, acrílicos transparentes, gases luminosos, motores y, sobre todo, agua.

Gota de agua móvil con círculos 2007.

Kosice experimento con metales

Fue uno de los primeros artistas del mundo en utilizar agua real como elemento constitutivo de una obra. No la representó: la incorporó físicamente mediante circuitos hidráulicos, burbujas, recipientes transparentes y movimientos continuos que convertían cada pieza en un organismo vivo. Del mismo modo, incorporó tubos de neón cuando todavía eran considerados exclusivamente un recurso comercial. Décadas antes de que el arte tecnológico se convirtiera en tendencia, Kosice ya investigaba las posibilidades expresivas de la electricidad, la luz y el movimiento. Aquellas búsquedas respondían a una convicción profunda. El artista sostenía que el arte no debía limitarse a reproducir la realidad sino participar activamente en la construcción del futuro. Esa idea alcanzó su máxima expresión en uno de los proyectos más extraordinarios concebidos por un creador argentino: la Ciudad Hidroespacial.

Homenaje a Moholy-Nagy, 2009 (M. Pérez F)

Presentada por primera vez en 1946 y desarrollada durante más de cuarenta años, la Ciudad Hidroespacial imaginaba enormes estructuras suspendidas en el espacio, habitables por miles de personas, alimentadas por energías renovables y liberadas de las limitaciones del suelo terrestre. Cuando Kosice comenzó a desarrollar ese proyecto faltaban más de veinte años para la llegada del hombre a la luna. Sin embargo, ya reflexionaba sobre el crecimiento demográfico, la escasez de recursos y la necesidad de pensar nuevas formas de habitar el planeta.

Móvil de luz, 1988.

Mucho de lo que entonces parecía una fantasía hoy dialoga con debates sobre sostenibilidad, ciudades inteligentes y exploración espacial. En ese sentido, la obra de Kosice resulta sorprendentemente vigente. Su reconocimiento internacional comenzó muy temprano. Participó en numerosas ediciones de la Bienal de Venecia y de la Bienal de São Paulo; expuso en Europa, Estados Unidos y América Latina, y sus obras ingresaron en museos de primer nivel. Sin embargo, durante muchos años fue considerado un artista "difícil", quizá porque sus investigaciones escapaban a las categorías convencionales de la escultura o la pintura.

Triada, 1960.

La obra de Kosice resulta sorprendentemente vigente

La retrospectiva rosarina permite comprender la extraordinaria coherencia de ese recorrido. Desde las primeras esculturas articuladas de los años cuarenta hasta las complejas estructuras lumínicas de las últimas décadas, todo parece responder a una misma obsesión: demostrar que el arte puede expandirse indefinidamente mediante la incorporación de nuevos materiales y nuevas tecnologías.

Escultura lumínica gas neón. 2005.

También permite apreciar otra dimensión menos conocida de su trabajo: su notable calidad formal. Detrás de la innovación tecnológica existe un refinado sentido de la composición, del equilibrio espacial y de la relación entre transparencia, reflejo y vacío. Las burbujas de agua, los planos de acrílico y los tubos luminosos no son simples efectos visuales; integran una arquitectura poética cuidadosamente construida. En una época en que la inteligencia artificial, la robótica y las tecnologías inmersivas vuelven a redefinir las fronteras del arte, Kosice aparece menos como una figura histórica que como un interlocutor del presente.

Mesa (1970)

La exposición del Museo Castagnino permite hasta el mes de agosto próximo redescubrir a un creador que nunca aceptó los límites impuestos por las disciplinas artísticas y que convirtió la imaginación científica en una forma de poesía visual. En tiempos en que el futuro vuelve a ocupar el centro de nuestras preocupaciones, la obra de Gyula Kosice recuerda que el arte también puede ser una manera de anticiparlo.

* Carlos María Pinasco es consultor de arte.

carlosmpinasco@gmail.com