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En qué consiste el ritual mendocino que culmina con una fogata gigantesca

Una estructura de leños de enormes dimensiones ardió ante una multitud en un ritual que combina cultura y tradición.


Cada invierno, una enorme montaña de leña se convierte en el centro de todas las miradas en el sur mendocino. El fuego, las familias reunidas y cientos de personas bailando alrededor forman una postal que sorprende incluso a quienes no la ven por primera vez.

Desde el aire se observa una gigantesca estructura rodeada por miles de personas que esperan el momento exacto en el que las llamas comienzan a elevarse y transforman la noche en un espectáculo de luz.

Miles de personas acompañaron el momento más esperado de la Fiesta de San Pedro Apóstol.

Aunque muchos la descubren por las fotos y los videos que se viralizan cada año, este ritual tiene lugar en el distrito de San Pedro del Atuel, más conocido como Carmensa, en General Alvear. Allí se desarrolla una de las celebraciones populares más emblemáticas del sur provincial.

Una costumbre que reúne a toda una comunidad

La gigantesca fogata forma parte de los festejos patronales de San Pedro Apóstol y representa el momento culminante de varios días de actividades. Más allá de su origen religioso, hoy también se convirtió en una celebración cultural que convoca a vecinos y visitantes de distintos puntos de Mendoza e incluso de otras provincias.

La tradición indica que el fuego simboliza la purificación, el cierre de una etapa y el comienzo de otra con nuevas esperanzas. Por eso, cuando las llamas envuelven la estructura de leños, muchas personas viven ese instante como un momento de renovación compartida.

La gigantesca estructura de leños vista desde el aire antes del encendido de la fogata.

Antes del encendido, el predio permanece activo durante toda la jornada. Hay patios de comidas, puestos de emprendedores y artesanos, espectáculos musicales, grupos de danza y distintas propuestas para que las familias disfruten durante todo el día.

La programación también incluye actividades tradicionales como jornadas gauchas, destrezas criollas y desfiles de agrupaciones tradicionalistas. A eso se suman las celebraciones litúrgicas, entre ellas las misas y procesiones en honor a San Pedro Apóstol y San Pablo.

Una postal que cada año vuelve a sorprender

El momento más esperado llega cuando finalmente se enciende la enorme estructura de madera. En esta edición fue el intendente Alejandro Molero quien dio inicio al fuego, dando paso a una escena impactante que iluminó todo el predio y fue acompañada por aplausos y cientos de personas que comenzaron a bailar alrededor de las llamas.

Dentro de Argentina existen pocos antecedentes de una celebración de estas características, tanto por las dimensiones de la fogata como por la cantidad de público que reúne año tras año. Esa combinación convirtió a la fiesta en uno de los eventos más representativos de la localidad.

Las tomas aéreas permiten dimensionar el tamaño de la construcción de leños y la cantidad de personas que la rodean. Desde arriba, la fogata aparece como el corazón de un enorme círculo humano, mientras las luces del predio contrastan con la oscuridad de la noche mendocina.

Una vez que las llamas alcanzan toda la estructura, el fuego domina la escena durante varios minutos y se convierte en el cierre perfecto de una fiesta que combina historia, cultura popular y encuentro comunitario.