El Pato Fillol y los 50 años del bicampeonato de River Plate: "Ángel Labruna me marcó de por vida"
A medio siglo del título de 1975, Ubaldo Matildo Fillol repasa su vínculo con Labruna, la presión de River tras 18 años sin títulos y la mística del fútbol argentino.
"El Pato" Fillol fue una figura clave del equipo campeón de 1975.
Agustín Tubio/MDZA 50 años del histórico bicampeonato de River Plate en 1975, Ubaldo Matildo Fillol recuerda en diálogo con MDZ aquel año clave en su carrera, marcado por la llegada de Ángel Labruna, la presión de una sequía de 18 años y el valor de la mística que define a los grandes clubes argentinos.
El 17 de agosto de 1075, River Plate volvía gritar campeón en el Monumental bajo el mando de Ángel Labruna, quien también había sido figura de su último título en 1957. Fue contra Racing Club, partido que disputaba ya sin chances de perder la punta luego de vencer a Argentinos Juniors como visitante en la penúltima fecha. Aquella tarde el partido no pudo terminar por los miles de hinchas que ya copaban hasta la línea de cal con ansias de festejar.
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Fillol jugó diez temporadas en River, pero 1975 quedó grabado para siempre. Ese año, Ángel Labruna asumió la dirección técnica y el club rompió una sequía de 18 años sin títulos, obteniendo no uno sino dos campeonatos.
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Para el arquero, aquel logro es apenas “una parte chiquita” dentro de la grandeza de River, pero reconoce que el club “se reinventa día a día” y que la gloria de 1975 fue un punto de inflexión.
La huelga y el gol decisivo
En la recta final del campeonato, una huelga nacional paralizó el fútbol profesional y River debió enfrentar a Argentinos Juniors con jugadores amateurs. “Tuvimos suerte de ganar, y Brunito marcó el gol que nos dio el título. Habíamos hecho un gran campeonato y ese momento fue muy emocionante”, rememoró.
El encuentro que lo marcó
Fillol había coincidido con Ángel Labruna en Racing, y recuerda con nitidez el día en que el técnico lo llamó para comunicarle que River Plate quería incorporarlo.
“Yo no sabía que era tan hincha de River. Me sorprendió su alegría. Cuando llegó a River un año y medio después, en su presentación dijo que yo iba a ser su arquero, con Perico Pérez como ídolo del club. Se la jugó por mí y salió bien. Fui el arquero de Labruna, y eso me marcó de por vida”, afirma.
La última vez
La última vez que lo vio fue en 1983, cuando Labruna lo convenció para sumarse a Argentinos Juniors en plena lucha por la permanencia. “Me dijo que me necesitaba. Nos salvamos del descenso, pero poco después sufrió un infarto. Pude agradecerle en vida todo lo que hizo por mí”, relata.
Labruna insistía en que los campeones debían quedarse a trabajar en el club para transmitir a las nuevas generaciones lo que significa River. “Siempre nos pedía que contáramos la historia y el sentido de pertenencia”, agrega Fillol.
Mística y función social
El exarquero destaca que la verdadera mística pertenece al club, no a los jugadores: “Nosotros somos prestadores de servicio, el club está millones de kilómetros por encima nuestro. Los grandes clubes cumplen también una función social enorme”.
Fillol fue campeón en River tras 18 años de sequía y, más tarde, en Racing después de 20 años sin títulos. “La gloria, la historia y el sentido de pertenencia son enormes. Estoy agradecido a todos los clubes en los que jugué: Flamengo, Atlético de Madrid, Quilmes… en todos crecí y viví cosas lindas”.
El rol del arquero
Recuerda que en su época el puesto estaba rodeado de prejuicios: “Nos decían que el arquero era el bobo, el gordito, el dueño de la pelota. Después del Mundial 78, todos querían ser arqueros. Hoy pasa lo mismo con el Dibu Martínez”.
Sobre si se considera entre los mejores, responde: “Yo no decía que era el mejor, pero en la cancha me sentía imbatible. Angelito decía: ‘En la cancha se ven los pingos’. Y tenía razón".