El futuro del vino con Aldo Graziani: "El vino tiene futuro porque tiene pasado"
En este episodio de Future Talks Fernando Gril conversó con Aldo Graziani, sommelier, comunicador y referente del vino argentino sobre el futuro de esta bebida.
Hablamos del futuro del vino con Aldo Graziani.
Desde el origen milenario de la bebida parte la conversación en este episodio de Future Talks sobre el futuro del vino de Fernando Gril con Aldo Graziani, sommelier, comunicador y referente indiscutido del vino argentino, invitado a pensar el futuro del vino en una época atravesada por el cambio cultural, la tecnología y nuevos hábitos de consumo.
“El vino tiene más de 8.000 años. Hay futuro porque hay un pasado que nos excede”, afirma Graziani. Y en esa frase se condensa su mirada: el vino no es solo un producto, es una continuidad humana.
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El vino como experiencia, no como objeto
A lo largo de la entrevista, Graziani insiste en una idea central: el vino no puede explicarse únicamente desde lo técnico. “No hay ningún vino igual a otro, porque las personas que lo hacen son distintas, porque expresan lugares, climas, variedades. Cada vino es una experiencia irrepetible”.
Esa singularidad es, para él, parte de su magia. El vino como expresión del territorio, pero también como excusa para el encuentro. “El vino es compartir. Es sentarse con alguien para hablar, para animarse a decir cosas que sobrios no siempre decimos, para reírnos o llorar juntos”.
No es casual que el vino haya estado históricamente ligado a rituales religiosos, banquetes filosóficos y celebraciones colectivas. Desde los simposios griegos hasta la misa cristiana, siempre hay un antes y un después de la copa. “Hay algo espiritual en el vino —dice Graziani—. Baja la velocidad del mundo y te lleva a un lugar de charla, de profundidad”.
Se bebe menos, pero se busca más sentido
El futuro del vino no está exento de tensiones. Graziani describe un fenómeno global: el consumo de vino cae en todo el mundo: “Argentina llegó a consumir casi 100 litros per cápita en los años 60. Hoy estamos en 17 o 18 litros. Y esto pasa también en Francia, Italia y Estados Unidos”.
Las nuevas generaciones priorizan el cuidado del cuerpo, el deporte y otras formas de consumo. El vino ya no ocupa el lugar automático que tuvo durante décadas. Sin embargo, lejos de ver esto como un final, Graziani lo interpreta como una transformación: “Aparecen vinos de menor graduación alcohólica, nuevas presentaciones, otros formatos. La industria se está reacomodando”.
La oportunidad: historias con rostro humano
En ese nuevo escenario, Graziani ve una oportunidad clara: los proyectos pequeños con identidad: “Hoy la gente quiere conocer la cara detrás del producto. Quiere saber quién lo hizo, dónde, cómo. Quiere una historia”. Para él, el vino se parece cada vez más al mate: un objeto cultural que vale por el ritual que genera. “El vino no es solo lo que tomás, es el momento que compartís”.
¿El futuro del vino incluye la IA?
¿Puede la inteligencia artificial cambiar el vino? Graziani es claro: puede ayudar, pero no reemplazar lo esencial. “La tecnología puede optimizar prácticas, medir, mejorar procesos. Pero lo que distingue a un vino es el hacedor, su estilo, su sensibilidad. Eso no se automatiza”. El vino sigue siendo una actividad lenta, cíclica, donde solo hay una oportunidad por año: la cosecha. Y en esa lentitud reside parte de su valor.
El futuro se plata hoy
Dice un dicho que las sociedades crecen cuando una generación planta árboles cuya sombra disfrutarán las siguientes. Con el vino pasa algo parecido: alguien planta una vid sabiendo que otros van a beber ese vino. En tiempos de aceleración, el vino propone lo contrario: paciencia, memoria y presencia. Y quizás ahí esté su futuro. “Lo bueno nunca muere”, resume Graziani.