El desafío que viven miles de mujeres: llevar adelante sus hogares como madres solteras
Miles de mujeres en Mendoza sostienen solas sus hogares con jornadas invisibles y poco reconocidas. El caso de Luciana.
Muchas madres mendocinas crían y sostienen solas sus hogares, lo cual afecta considerablemente la salud mental de las madres.
Juan Mateo Aberastain Zubimendi / MDZ.En Mendoza, de cada diez hogares cerca de dos están liderados por mujeres que viven sin pareja y crían solas a sus hijos e hijas. Según el Informe Anual de la Encuesta de Condiciones de Vida 2024, el 87% de los hogares monoparentales tienen jefatura femenina. Estas mujeres sostienen los gastos, organizan las rutinas, llevan adelante el cuidado y -en la mayoría de los casos- trabajan fuera de casa.
En esta oportunidad, MDZ se puso en contacto con Luciana, una madre que vive con su hijo Bruno, de 19 años, en un hogar de clase media en Mendoza. Ella es madre soltera desde el nacimiento de su hijo, y si bien ha recibido apoyo intermitente de su mamá, su día a día está lleno de responsabilidades. “Asumir todo sola es agotador”, admite, y habla de la carga física, económica y emocional que implica hacerse cargo de cada aspecto del hogar.
En la provincia, el 12,5% de los hogares son monoparentales y un 6,4% más son monoparentales extendidos. Aunque en promedio hay tres personas por vivienda, muchas veces esas casas son escenarios donde una sola mujer se multiplica para que todo funcione. Las tareas de cuidado, la gestión del hogar y la organización familiar siguen recayendo principalmente en ellas.
Una madre que ejemplifica a muchas
Luciana se levanta temprano, trabaja, da clases de piano, estudia -está en un sexteto donde toca el piano- y además cocina, limpia, hace compras y paga las cuentas. Pero lo que más le pesa no es lo material, sino la carga mental: “Pensar todos los días qué vamos a comer, si hay ropa limpia, cuándo vence el seguro del auto o cuándo hay que ir al médico. Es un peso que no se ve, pero agota”.
Aunque muchas mujeres están en pareja, no todas viven una experiencia de equidad. “Incluso mis amigas que están en pareja dicen que organizan todo ellas. El varón puede cocinar, pero la que sabe qué falta y qué hay que hacer, es la mujer”, cuenta Luciana. El Informe ECV 2024 también refleja que las mujeres tienen menor acceso a trabajo formal y cobertura de salud privada, lo que refuerza la vulnerabilidad de estos hogares.
Trabajo invisible
Según el mismo relevamiento, las mujeres en Mendoza realizan la mayor parte del trabajo no remunerado: limpieza, cuidado de niños, acompañamiento escolar, entre otros. Este esfuerzo invisible sigue siendo desvalorizado en términos económicos y simbólicos, aunque es el motor silencioso que permite que muchas familias se mantengan a flote.
Luciana reconoce que su hijo, ahora en la universidad, colabora con lo que puede. Pero durante muchos años ella fue “remisera, cocinera, enfermera y soporte emocional”. Cada día implica una planificación milimétrica para que todo encaje. El fin de semana, dice, lo dedica a lavar, limpiar y planear la semana que viene. No hay descanso real.
Entre pilates, conciertos y clases de piano, Luciana trata de encontrar momentos para ella. Pero reconoce que la rutina muchas veces lo impide. "Hay semanas en las que no tengo tiempo ni para pensar. Como si fuera un lujo, cuando en realidad debería ser un derecho", dice.
Un posible futuro mejor
“Creo que esto puede cambiar”, afirma Luciana. “Cuando los padres se hacen cargo al 50%, como en algunos casos de custodia compartida, ahí sí ves una diferencia”. Luciana también menciona que políticas públicas como la ampliación de la licencia por paternidad podrían ayudar a modificar los roles desde el inicio.
Luciana se define como feminista y cree que el cambio cultural viene lento, pero avanza. “Hay que seguir hablando, visibilizando, pidiendo que se valore lo que hacemos. Porque muchas mujeres sienten que si no lo hacen ellas, no lo hace nadie. Y eso no es justo”, expresa con convicción.




