"El daño asintomático de hoy será la cardiopatía de mañana": la advertencia médica en el Día Mundial Sin Tabaco
El 30% de los adolescentes argentinos ya tuvo acceso a vapeadores. Un cardiólogo y una neumonóloga advierten: no son inocuos, generan adicción y quienes los usan tienen hasta un 53% más de riesgo de infarto.
Cada 31 de mayo se conmemora el Día Mundial sin Tabaco, una iniciativa global impulsada por la Organización Mundial de la Salud.
FreepikHoy, 31 de mayo, es el Día Mundial Sin Tabaco. Pero en 2026 el enemigo ya no tiene el aspecto de un cigarrillo. Viene envuelto en sabores a mango, frutilla o menta. Con diseños coloridos pensados para una generación que nunca encendió un fósforo. El vapeador se instaló en los recreos, en las fiestas y en los bolsillos de miles de jóvenes argentinos. Y la ciencia, con cada nuevo estudio, desmonta la promesa de inocuidad con la que fue vendido.
MDZ consultó al doctor Mario Boskis (MN 74.002), cardiólogo, especialista en longevidad saludable y miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología, y a la médica Evangelina Membriani (MN 132813), neumonóloga del Hospital de Clínicas. Sus coincidencias son tan contundentes como inquietantes.
"No es solo vapor de agua": qué hay adentro de un vapeador
El primer mito que cae es el del vapor inofensivo. "Los vapeadores no son dispositivos inocuos", afirma sin rodeos la doctora Membriani. "No se trata solo de vapor de agua. Existen distintas sustancias, aromatizantes, o incluso nicotina, que al calentarse liberan mediadores que producen un estrés oxidativo con daño no solo a nivel pulmonar, sino vascular, además de la adicción a la nicotina."
Al no estar regulada su composición hasta hace poco, la opacidad fue parte del problema. "No nos permite conocer fehacientemente qué contiene cada dispositivo", explica la neumonóloga. "Pero sí se conoce que los vapeadores suelen contener nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes y múltiples compuestos químicos que al calentarse liberan sustancias capaces de causar estrés oxidativo con inflamación pulmonar y alteraciones cardiovasculares."
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El doctor Boskis agrega la mirada cardiológica: "El aerosol inspirado pasa a la circulación a través de los pulmones y puede contener desde aldehídos hasta metales pesados como el níquel o el plomo. Estos compuestos, junto a la nicotina y saborizantes, generarían las mismas alteraciones arteriales que la combustión del tabaco, favoreciendo la arterioesclerosis acelerada."
Y hay un antecedente histórico que Boskis no pasa por alto: "Desde hace más de 40 años se señaló la relación causal entre el hábito de fumar tabaco y la enfermedad cardio y cerebrovascular. De hecho, la industria tabacalera sabía de esta asociación y eligió la negación sistemática."
Del pulmón al corazón: el mapa del daño
Las consecuencias en el sistema respiratorio son concretas y documentadas. Membriani detalla los principales riesgos: "Adicción a la nicotina, inflamación e irritación de la vía aérea, con síntomas como tos crónica, disnea o falta de aire, broncoespasmo y empeoramiento del asma."
Y va más lejos: "Se han descrito daños como la lesión pulmonar asociada al vapeo, conocida como EVALI, una enfermedad pulmonar aguda que se presenta dentro de las horas posteriores al uso. También hemorragia alveolar y proteinosis alveolar."
La neumonóloga es contundente sobre la gravedad: una enfermedad pulmonar aguda puede costar la vida al paciente, o derivar en una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, EPOC, que, como su nombre lo indica, es irreversible: el daño en la funcionalidad pulmonar no se recupera.
A esto se suman efectos cardiovasculares directos: aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. El daño cardiovascular tiene además su propio capítulo de evidencia. Un estudio sistemático publicado en BMC Public Health, citado por Boskis, encontró que los usuarios de cigarrillos electrónicos que previamente habían fumado tabaco tenían hasta un 53% más de probabilidad de sufrir un infarto de miocardio.
"Por el contrario, aquellos que nunca habían fumado y que pasaron a vapear tuvieron una probabilidad menor. Pero en ninguna de las dos situaciones hubo ausencia de riesgo para el corazón o el cerebro", aclara el cardiólogo.
Y el riesgo oncológico también está sobre la mesa. Un estudio de 2024 publicado en Journal of Oncology Research & Therapeutics (Bittoni, MA), citado por Membriani, demostró que el riesgo de cáncer de pulmón puede ser cuatro veces mayor en pacientes que combinan tabaco con vapeo, tanto en hombres como en mujeres, tras ajustar por años de tabaquismo y tipos histológicos. "Sugiere que la combinación del vapeo con el tabaquismo acelera el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón", concluye la neumonóloga.
¿Reemplazar el cigarrillo por un vapeador es una solución?
La respuesta de los especialistas es matizada, pero firme. Boskis reconoce evidencia de reducción parcial en un contexto muy acotado: "Un estudio publicado en el European Heart Journal en 2025 encontró que pacientes fumadores que, tras una angioplastia coronaria, pasaban al vapeador, reducían su riesgo de infarto futuro hasta un 18%. Si dejaban el hábito por completo, el riesgo era aún menor."
Pero la advertencia es inmediata: "El riesgo potencial de seguir vapeando a largo plazo puede tener resultados impredecibles en la salud cardiovascular. Por eso la World Heart Federation desaconseja totalmente su uso en cualquier circunstancia."
Su conclusión es categórica: "El verdadero objetivo sanitario debería ser que la población abandone el hábito de fumar, no consuma productos con nicotina y no reemplace una adicción por otra."
La regulación: ¿avance real o riesgo encubierto?
Para Boskis, la medida tiene un justificativo pragmático pero una trampa comunicacional. "Puede justificarse si ayuda a reducir el contrabando indiscriminado y controla minuciosamente la composición del producto, las dosis de nicotina, que es un potente adictivo, y la prohibición de venta a menores de edad", concede.
Pero advierte: "Si no se la comunica correctamente a la población, 'vapear' puede ser percibido como algo inocuo para la salud, y por eso ahora se permite." El antecedente histórico es elocuente: "Desde hace años la industria tabacalera intentó disminuir el impacto en la salud de sus productos con la introducción del filtro, el cigarrillo 'light' y últimamente estos dispositivos electrónicos con alto contenido de nicotina, a los que han dado en llamar 'de riesgo reducido'."
Membriani suma la dimensión estructural: "Regular implicaría poder establecer límites sobre publicidad, acceso, etiquetado, composición de los líquidos y advertencias sanitarias. La falta de regulación y la variedad de productos en el mercado también dificulta la evaluación de los riesgos específicos asociados a cada dispositivo."
Y señala uno de los riesgos centrales de la no regulación previa: "Uno de los principales peligros era la normalización del consumo de nicotina en edades tempranas a través de dispositivos percibidos como inofensivos, pero conocidos como potencialmente nocivos y causantes de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y potencialmente neurológicas."
Los adolescentes: el blanco más vulnerable
Este es quizás el dato más inquietante: aproximadamente el 30% de los adolescentes argentinos ya tuvo acceso a vapeadores. Y la mayoría llegó a ellos sin haber tocado jamás un cigarrillo.
"Los vapeadores tienen sabores, diseños y estrategias de marketing muy atractivas para adolescentes, resultando especialmente vulnerables. Muchos jóvenes comienzan vapeando sin haber fumado previamente, lo que genera una puerta de entrada a la adicción nicotínica", explica Membriani.
Un dato de campo lo vuelve más concreto: "En 2025 tuve la oportunidad de dar una charla en un colegio en el interior, puntualmente sobre riesgos del vapeo. Llamó mucho la atención que entre el 15 y el 18% de los alumnos tenían el hábito del vapeo, sin haber fumado tabaco previamente."
La neumonóloga aclara además que, si bien no se cuenta con información estadística actualizada sobre datos de consumo en Argentina, en parte porque la prohibición previa dificultó los estudios poblacionales, sí han comenzado a publicarse en revistas científicas internacionales reconocidas datos que evidencian la presencia de patologías causadas por este hábito.
Boskis proyecta las consecuencias hacia el futuro: "Los estudios en adultos jóvenes ya han demostrado que el hábito de vapear aumenta la rigidez de las arterias, incrementando potencialmente el riesgo cardiovascular futuro. Si bien pueden no tener síntomas, el daño asintomático de hoy puede ser la cardiopatía estructural de mañana."
Cuántos años de vida se pierden, y lo que el tabaco hace al ADN
El tabaco y sus variantes no solo enferman: envejecen antes de tiempo. "El tabaco actúa en el ADN, alterando su metilación, por lo que es capaz de inducir cambios epigenéticos que pueden medirse en el ser humano con una muestra de sangre y obtener así la 'edad biológica'", explica Boskis. Esa edad, distinta a la cronológica, "se acelera con el hábito de fumar, así como la actividad física o la alimentación saludable la retrasan".
Sobre los vapeadores y el envejecimiento biológico, el cardiólogo es honesto: "No hay estudios aún, pero no soy muy optimista en que muestren mucha diferencia con el cigarrillo." El costo en años de vida es contundente: "La literatura mundial coincide en que fumar acorta 10 a 12 años la expectativa de vida."
Dejar de fumar siempre vale la pena: qué pasa en el cuerpo cuando se abandona el hábito
Membriani es clara respecto a los beneficios de dejar: "Al dejar de vapear, disminuye la exposición a nicotina y sustancias irritantes, pudiendo mejorar síntomas como tos y disnea, y disminuye el riesgo de daño progresivo."
Sobre los tiempos de recuperación, la especialista advierte que no es posible objetivar plazos: dependerá del tipo de daño presente y de si la recuperación es posible o no. Un cuadro de asma exacerbado por el vapeo podría ser reversible. Pero una enfermedad pulmonar obstructiva crónica no se recupera, y una enfermedad pulmonar aguda puede costar la vida.
Y para quien empezó creyendo que no había riesgo, Membriani tiene un mensaje directo: "Le diría que no está solo, porque existe mucha desinformación y marketing dirigido a hacer parecer 'seguro'. Sin embargo, hoy sabemos que generan adicción y pueden afectar la salud respiratoria y cardiovascular. Cuanto antes se abandone el consumo, mayores son las posibilidades de evitar daños y consecuencias a largo plazo."
Boskis cierra con la que es, según la evidencia mundial, la mejor decisión que puede tomar cualquier persona que fuma o vapea, a cualquier edad: "Dejar de fumar es la intervención de longevidad con más impacto documentado hasta hoy."


