Cotos de caza en Mendoza: cómo funcionan y por qué volvieron al centro del debate
La derogación de una ordenanza en Tupungato reactivó el debate sobre los cotos de caza, el control de especies invasoras y las críticas de ambientalistas.
La provincia habilita la caza sin límite de especies consideradas invasoras como el ciervo colorado y el chancho jabalí.
Red Stag PatagoniaLa derogación de la ordenanza que prohibía los cotos de caza en Tupungato volvió a poner en el centro de la discusión una actividad que en Mendoza genera polémica desde hace años. El debate no gira solamente alrededor de la caza de animales, sino que mientras desde el Gobierno provincial sostienen que la actividad cinegética es una herramienta para controlar especies exóticas invasoras, organizaciones ambientalistas advierten que existe una contradicción entre combatir esas poblaciones y permitir actividades económicas que dependen de su existencia.
La medida quedó oficializada a través de la Ordenanza 5/2026, publicada en el Boletín Oficial, donde el Concejo Deliberante de Tupungato derogó la Ordenanza 46/2013 que prohibía la instalación y funcionamiento de cotos de caza en el departamento. La norma anterior había sido sancionada luego de que trascendiera la existencia de un establecimiento que operaba sin autorización municipal.
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Desde la Dirección de Biodiversidad y Ecoparque sostienen que la ordenanza derogada había quedado “obsoleta” frente a leyes y decretos tanto provinciales como nacionales vigentes. La provincia se ampara principalmente en la Ley Nacional 22.421 de Conservación de la Fauna, la adhesión provincial mediante el Decreto Ley 4602 y el Decreto Reglamentario 1890.
Además, la Resolución 1307/2019 de la Dirección de Recursos Naturales Renovables establece cuáles son las especies habilitadas para la actividad cinegética en Mendoza.
Esa resolución autoriza la caza “sin límite” de conejo silvestre, chancho jabalí, liebre europea y ciervo colorado, al considerarlas especies exóticas invasoras y perjudiciales para el ecosistema provincial. También establece que la actividad sólo puede realizarse en campos privados autorizados y con permiso habilitante.
Adrián Gorrindo, jefe del Departamento de Fauna Silvestre de Mendoza, explicó a MDZ que “la cacería hoy está planteada como una herramienta de control sobre especies exóticas invasoras que perjudican el ecosistema y actividades productivas como la agricultura y la ganadería”.
“El principio general es que la fauna silvestre está protegida. La excepción es lo que la provincia habilita para cazar o aprovechar”, explicó el funcionario durante una entrevista con este medio. También aclaró que en Mendoza “está prohibida la caza de fauna autóctona” y que la actividad únicamente se permite sobre especies exóticas invasoras y en campos privados autorizados.
También, la normativa aclara que en Mendoza sólo se permiten dos modalidades de caza: arma de fuego y arco, prohibiendo expresamente la caza en áreas naturales protegidas y terrenos públicos, el uso de perros, la caza nocturna con luz artificial, disparar desde vehículos y comercializar productos obtenidos mediante licencia deportiva.
Cómo funcionan los cotos de caza en Mendoza
Actualmente, según confirmó Gorrindo a MDZ, existen dos cotos habilitados en Mendoza: uno en Tupungato, orientado al ciervo colorado, y otro en La Paz vinculado al chancho jabalí.
El funcionario detalló que un coto de caza debe cumplir requisitos ambientales, legales y de seguridad específicos. “Cuando una persona quiere desarrollar una actividad económica vinculada al aprovechamiento de fauna exótica invasora, tiene que registrarse y cumplir requisitos ambientales, de seguridad y manejo. Allí es donde aparece la figura del coto”, señaló.
Para funcionar, estos establecimientos deben presentar evaluaciones de impacto ambiental, planes de manejo y sistemas de control perimetral. También deben contar con guías habilitados y acreditar condiciones de seguridad. “No es simplemente abrir un campo y salir a cazar”, remarcó Gorrindo.
El funcionario insistió en que la provincia regula estrictamente estos establecimientos y sostuvo que: “La problemática no la generan los cotos. Hoy el problema son las poblaciones que ingresan desde provincias limítrofes y se reproducen de manera no controlada”, afirmó.
También explicó que erradicar completamente estas especies es prácticamente imposible. “La actividad cinegética no es la solución definitiva, pero ayuda a disminuir poblaciones que generan impactos ambientales y productivos”, sostuvo.
El punto que genera polémica
La discusión reapareció con fuerza porque, desde organizaciones proteccionistas y ambientalistas cuestionan que el sistema de control conviva con establecimientos que obtienen ingresos a partir de la presencia de esas especies.
Jennifer Ibarra, integrante de Fundación Cullunche, sostuvo ante MDZ que “el argumento oficial se cae cuando sabemos que los cotos viven de eso, de que la gente venga a cazar”.
La referente también cuestionó los riesgos ambientales vinculados al avance del ciervo colorado sobre ecosistemas mendocinos. Según explicó, estas especies pueden competir con fauna autóctona como el guanaco por alimento y territorio, además de transmitir enfermedades. “Ya ha habido fugas y expansión de poblaciones. Los ciervos compiten con especies autóctonas y además existe contaminación por plomo en ambientes donde se practica la caza”, sostuvo Ibarra.
“Estamos hablando de controlar especies exóticas invasoras y al mismo tiempo permitimos la cría para que los cotos sigan existiendo. Entonces es contradictorio”, cuestionó.
Adrián Gorrindo, por su parte, explicó que los animales dentro de los cotos “se reproducen naturalmente en grandes extensiones cerradas” y que existen controles periódicos sobre los cercos y las instalaciones para evitar fugas.
Mientras que Ibarra remarcó que el control permanente de estos establecimientos resulta complejo. “Teóricamente el control está a cargo de Fauna, pero no se puede estar monitoreando todo el tiempo lo que sucede dentro de cada coto”, señaló.
La discusión más sensible: control ambiental y negocio
Uno de los aspectos que más polémica genera es que el ciervo colorado también se encuentra contemplado por Senasa dentro de las categorías habilitadas para producción y tránsito de carne bajo controles sanitarios específicos.
Gorrindo explicó que existen establecimientos registrados para producción vinculada al ciervo colorado y aclaró que, cuando la finalidad tiene relación con fauna silvestre, interviene la provincia mediante controles y autorizaciones específicas.
Sin embargo, para organizaciones ambientalistas ese esquema favorece la continuidad de una actividad económica que depende de la permanencia de esas especies en el territorio.
Un debate que excede la caza
La discusión alrededor de los cotos de caza en Mendoza ya no pasa únicamente por el aspecto ético vinculado a matar animales. También expone una discusión ambiental, legal y económica mucho más amplia sobre cómo controlar especies invasoras y qué herramientas utilizar para hacerlo.
Desde el Gobierno sostienen que erradicar completamente estas especies es prácticamente imposible y que la caza controlada hoy es una de las pocas herramientas disponibles.
Del otro lado, organizaciones ambientalistas cuestionan que el sistema termine dependiendo económicamente de la permanencia de esos animales. “El debate tiene que darse. Hay que discutir si queremos seguir apostando al turismo con muerte o avanzar hacia otro modelo”, planteó Ibarra.
En el fondo, el conflicto expone una discusión más amplia que todavía no encuentra consenso en Mendoza: hasta qué punto una política de control ambiental puede convivir con actividades económicas que necesitan que esas especies invasoras sigan existiendo.








