Café Varela Varelita: el rincón porteño que inspira historias
Un paseo por los cafés de Buenos Aires: el icónico Café Varela Varelita, un lugar con alma de historias.
Cuadros del café Varela Varelita
Cada vez que pasaba, a todo lo que da, y apretada como sardina en lata en el 15, por Scalabrini y Paraguay, frente al café Varela Varelita, me decía: qué buen nombre para un cuento.
Me descolgué un día, incluso, del colectivo, dispuesta a escribirlo allí mismo, pero estábamos en enero y eran las diez de la mañana en Buenos Aires; los pajaritos, del calor, se caían de los árboles y, más que bueno, el aire era escaso en el Varela Varelita a pesar del aire acondicionado y de que las enormes ventanas estaban abiertas de par en par.
Adentro, mucho hombre solitario leía su diario, fotos y textos de fanáticos del bar fundado en 1950, colgaban efusivos de las paredes, junto a la enorme cantidad de afiches de sus propias películas, con los que los directores de cine dejaban su marca en el café; una pareja adolescente desbordaba de amor sentada en el alfeizar de una ventana, del lado de la calle y la única mujer que había adentro, cuarentona, pero mínima, y subida a unos tacos imposibles de manejar, se tambaleaba ligeramente entre las mesas, rumbo al toilette, distante y digna, a pesar de las miradas irónicas de los mozos que apostaban por su inminente naufragio.
Yo había leído, recordé de pronto, un poco borrosamente, que Varela y Varelita, gallegos, y padre e hijo, habían fundado el lugar en 1950. Y qué, con el correr del tiempo, Javier Giménez, venido de Corrientes a "hacerse la América" había pasado de ayudar en el kiosco de flores, a hacerlo en el de diarios, que lindaba con el bar; de allí a trabajar de lavacopas, y por fin, después de mucho amor y años, a ser un socio. Socio y también alma mater del boliche, que ahora, gracias a su inventiva, además de vender los mejores sandwiches de lomito y milanesa, abría también a la noche convocando a jóvenes nuevos, pero también a los escritores, músicos, cineastas, políticos, y sencillos pero fidelísimos parroquianos que ya eran desde siempre amantes del lugar.
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De hecho, se decía que cuando el Café cumplió 75 años, hasta con bandas en vivo, cincuenta mil personas habían asistido al acontecimiento llegando y yéndose del festejo sin cesar.
¿Los conocés - me había comentado además, una amiga cineasta -a Gabriel Medina y Javier Rao,” los que filmaron Los mufas? Medina... seguro lo tenés...el que dirigió "Envidiosa", primera parte. Ellos dicen que el bar de Paraguay y Scalabrini “mantiene todo el espíritu de Palermo Viejo, y que es “casa”, que se puede filosofar, hablar sobre la vida, sin música de día, o ruidos, que te arruinen la intimidad de la charla”.
Todo lo cual hacía del VARELA VARELITA, como lo estaba comprobando, además de uno de los " bares notables" de Buenos Aires, un sitio en el que imaginar era una actividad obligada y sumamente contagiosa.
Lo que no se me ocurría o no lograba detectarlo, por el mareo que tenía, era el tema. El tema del cuento, digo.
Como no fuera yo misma camino al baño; tan provinciana y solitaria y taconeando; alguien que no entiende qué hace de este lado del país ni para qué diablos vino; y si vino por propia voluntad porqué sólo quiere volverse a dónde antes no quería o no podía estar. Qué zigzagueante es el mundo, piensa provinciana abstemia en Baires, mientras vomita alguna mezcolanza que se arriesgó a tomar la noche anterior en el salón donde intentaba aprender a bailar tango.
Varela Varelita está ubicado en la Avenida Raúl Scalabrini Ortiz y tiene por especialidades los sándwiches de milanesa, los lomitos y su tradicional picada "Varela". El café con leche con medialunas cuesta 7.500 pesos.





