El clima rompió todos los límites: la preocupante señal que también llegó a Argentina
La OMM advirtió que el clima volvió a romper récords: julio igualó el máximo global de calor y varias zonas de la Argentina estuvieron más secas de lo habitual.
Las temperaturas récord en la superficie terrestre y marina, el calor, la sequía, los incendios y las inundaciones definen el estado del clima en julio y principios de agosto. Foto: Canva
Mientras Argentina atraviesa el invierno, el planeta acaba de recibir una de las señales climáticas más preocupantes de los últimos años. Julio de 2026 igualó el récord mundial de temperatura, los océanos alcanzaron niveles de calor inéditos para ese mes y distintas regiones quedaron atrapadas entre sequías, incendios e inundaciones.
El panorama fue trazado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que advirtió que los fenómenos extremos registrados durante julio y los primeros días de agosto volvieron a provocar pérdidas humanas, evacuaciones masivas y daños sobre ecosistemas, cultivos, reservas de agua, sistemas energéticos y medios de transporte.
Argentina tampoco quedó completamente al margen. Algunas zonas del país presentaron condiciones más secas que el promedio, al igual que sectores de Uruguay, Bolivia y Brasil. El dato no significa que todo el territorio nacional se encuentre bajo sequía, pero ubica al país dentro de un escenario regional que exige atención.
Julio volvió a ubicarse entre los meses más calientes de la historia
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) determinó que julio de 2026 empató con el mismo mes de 2024 como el más cálido desde que comenzaron los registros globales en 1850. La temperatura de la superficie terrestre y oceánica quedó 1,18 °C por encima del promedio del siglo XX.
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El Servicio de Cambio Climático de Copernicus llegó a una clasificación ligeramente diferente. Según su base de datos, julio de 2026 compartió el segundo puesto con julio de 2024, detrás del récord de 2023. La temperatura media del aire en superficie alcanzó los 16,90 °C y se ubicó 1,47 °C por encima del nivel estimado para la era preindustrial.
La diferencia no representa una contradicción. Cada organismo utiliza metodologías y conjuntos de datos distintos para calcular el promedio global. La OMM trabaja con seis fuentes internacionales y advierte que la posición exacta de un mes dentro del ranking resulta menos relevante que la tendencia sostenida.
Esa tendencia es contundente: los diez julios más cálidos ocurrieron desde 2016 y los correspondientes al período comprendido entre 2023 y 2026 ocupan los primeros lugares.
Los océanos también alcanzaron temperaturas récord
El calor no se concentró solamente sobre los continentes. Las temperaturas globales de la superficie del mar fueron las más altas observadas para un mes de julio. Copernicus también detectó un récord en las aguas oceánicas ubicadas fuera de las regiones polares.
Las anomalías fueron especialmente marcadas en el Pacífico tropical, donde se desarrolla El Niño, fenómeno que podría intensificarse durante los próximos meses. También se registraron olas de calor marinas en el Atlántico cercano a Europa y en el Mediterráneo occidental.
El aumento de la temperatura del mar amenaza a los ecosistemas costeros, puede afectar la pesca y aporta más humedad y energía a la atmósfera. No implica que en todos los lugares se produzcan los mismos efectos: mientras algunas regiones atraviesan una falta persistente de lluvias, otras enfrentan precipitaciones destructivas.
Qué detectó la OMM en Argentina y Sudamérica
El relevamiento identificó condiciones más secas que el promedio en sectores de Argentina, Uruguay, Bolivia y Brasil. Al mismo tiempo, algunas zonas de Chile y del sur brasileño recibieron precipitaciones superiores a las habituales.
También se observaron temperaturas por debajo de la media en el extremo sur de Sudamérica. Este contraste demuestra que el calentamiento global no elimina los episodios fríos ni provoca un comportamiento idéntico en todas las regiones. Lo que modifica es el escenario general sobre el cual se desarrollan las variaciones meteorológicas.
Para Argentina, la presencia de áreas más secas adquiere relevancia por sus posibles consecuencias sobre la disponibilidad de agua, la producción agropecuaria, el riesgo de incendios y la generación de energía. Sin embargo, el informe mundial no reemplaza los pronósticos ni los seguimientos realizados por los organismos nacionales y provinciales.
Un planeta dividido entre incendios e inundaciones
Norteamérica, África y Asia tuvieron el julio más cálido de sus respectivos registros, de acuerdo con la NOAA. Europa occidental atravesó, además, el período junio-julio más caluroso de su historia y varios países llegaron a agosto después de sufrir sucesivas olas de calor.
Las temperaturas elevadas se combinaron con suelos extremadamente secos y falta de lluvias. Los caudales de ríos como el Sena, el Rin y el Danubio descendieron hasta niveles muy inferiores a los habituales, con consecuencias para el abastecimiento de agua, el riego, la navegación y la producción energética.
Los incendios forestales también dejaron una marca excepcional en Europa occidental. Francia se encaminaba a cerrar uno de los años con mayor actividad de fuego de las últimas dos décadas, mientras que España registraba emisiones muy superiores al promedio. Al momento del informe, Canadá tenía 591 incendios activos y 43 permanecían fuera de control.
En el otro extremo, las lluvias monzónicas provocaron inundaciones mortales en India y graves daños en Bangladesh. Afganistán y Kirguistán sufrieron crecidas repentinas, mientras que unas 700.000 personas debieron ser evacuadas en China después del paso de un tifón.




