El abrazo que cruza generaciones: Amma, mi hija y la sabiduría de las Mujeres 5.0
Desde la India, el abrazo de Amma revela el poder del contacto humano, la maternidad ampliada y la sabiduría emocional de las mujeres en la madurez.
Hay algo que las mujeres 5.0 sabemos por experiencia: no todos los abrazos son iguales.
Archivo.Nunca pensé que iba a escribir sobre el Día del Abrazo desde un lugar tan personal. Y, sin embargo, acá estoy. No solo como comunicadora o creadora de Mujeres 5.0, sino, especialmente, como madre. Mi hija está en la India en este momento. En un viaje de búsqueda, de curiosidad, de expansión. De esos viajes que no siempre se pueden explicar, pero que una mamá reconoce enseguida: son los que marcan un antes y un después.
El abrazo de Amma
Hace unos días me escribió para contarme algo que todavía me emociona cuando lo recuerdo: conoció a Amma, la líder espiritual conocida en todo el mundo como “la mujer que abraza”. Amma (Mata Amritanandamayi) es líder espiritual india que, desde hace más de cuarenta años, bendice a las personas a través de un gesto tan simple como poderoso: un abrazo largo, presente, sin apuro.
¿Quién es Amma y por qué su abrazo es tan significativo?. Nuestra querida Amma (Mata Amritanandamayi) nació en 1953 en Kerala, al sur de la India, en una familia muy humilde de pescadores. Cuentan que desde muy pequeña mostró una sensibilidad poco común hacia el sufrimiento ajeno. Se cuenta que, siendo niña, consolaba a quienes lloraban abrazándolos, aun cuando ella misma vivía en condiciones de extrema pobreza. Con los años, ese gesto espontáneo se convirtió en su forma central de enseñanza espiritual: el abrazo como expresión concreta de compasión.
Ahora hablemos del darshan: es un concepto espiritual de tradición hindú que significa "ver y ser visto", es un encuentro sagrado, el abrazo como bendición. A diferencia de otros líderes espirituales que enseñan a través de discursos o textos, Amma eligió algo radicalmente simple: abrazar. Su darshan no es solo mirar, es sentirse viste, un abrazo que nos transforma por dentro. Puede durar varios segundos o incluso minutos, dependiendo de la persona. Muchas veces permite que quien recibe el abrazo llore, se quede en silencio o simplemente respire. Ella misma explica que el abrazo es una forma de transmitir amor incondicional, algo que, según dice, muchas personas no han experimentado nunca, incluso teniendo familia. En varios idiomas de la India, Amma significa madre. No en el sentido biológico, sino en un sentido arquetípico: la madre que cuida, contiene, no juzga y no pregunta. Esa idea de maternidad universal es clave para entender por qué tantas personas, de todas las edades y culturas, buscan su abrazo. No importa si alguien es joven, mayor, creyente o escéptico: para Amma, todos son “hijos”.
Algo importante (y muy poco contado) es que Amma no se quedó solo en el gesto simbólico. A partir de su movimiento se desarrolló una enorme red humanitaria internacional: hospitales, universidades, escuelas, programas de ayuda para mujeres, asistencia en catástrofes naturales. Para ella, la compasión no es una idea: es acción concreta. El abrazo es el punto de partida, no el final. Muchas mujeres —especialmente en la madurez— se sienten profundamente identificadas con Amma. No por idealización, sino porque encarna algo que muchas mujeres descubren con los años: lo que es cuidar sin perder fuerza, sostener sin dominar, estar presentes sin invadir. Su figura conecta con esa sabiduría femenina madura, similar a lo sabiduría de las Mujeres 5.0: una etapa donde la ternura deja de ser debilidad y se vuelve potencia emocional.
El abrazo como reparación
Psicólogos y terapeutas que han estudiado el fenómeno de Amma coinciden en algo interesante: para muchas personas, su abrazo activa memorias tempranas de apego seguro. Es decir, repara simbólicamente experiencias de carencia emocional. No porque ella “cure”, sino porque el cuerpo, al sentirse sostenido, recuerda que también puede estar a salvo.
Mi hija estuvo allí. Hizo la fila. Esperó. Observó. Y cuando llegó su turno, Amma la abrazó. Fue un abrazo distinto a cualquier otro. Amma apoyó su cabeza sobre su hombro, la sostuvo con firmeza y suavidad al mismo tiempo. No fue un gesto apurado ni automático: fue un abrazo presente, de esos que hacen que el cuerpo afloje.
Amma le preguntó de dónde era.
—De Argentina —respondió mi hija.
Entonces, Amma le habló en castellano. Unas pocas palabras. Una bendición breve. Y después, como quien sabe exactamente lo que está haciendo, continuó con el siguiente abrazo.
Qué es el Día Internacional del Abrazo
Cada 21 de enero se celebra el "Día Internacional del Abrazo", idea que nació como una iniciativa simple, dicen que casi ingenua, para promover el contacto humano en sociedades cada vez más distantes, sociedades tranversalizadas por las redes sociales. Fue creada para promover los abrazos como una forma de demostrar afecto, cercanía entre personas y contención emocional. Su objetivo es recordar la importancia del contacto físico en las relaciones humanas, en un mundo donde las personas suelen mostrarse cada vez más distantes, hasta indifirentes, en la expresión de sus emociones. Pero hoy sabemos que el abrazo no es un gesto menor. Es lenguaje emocional puro.
Mujeres 5.0 y el abrazo con historia
Las mujeres 5.0 abrazamos y abrazamos distinto. No por fragilidad, sino por experiencia de vida. Lo hacemos con brazos que ya sostuvieron hijos, padres, duelos, mudanzas y reinvenciones. Nuestro abrazo no invade, no apura, no corrige. Aloja. Y si hay alguien que entiende el poder de un abrazo, somos las mujeres 5.0. Las mujeres en la madurez abrazamos distinto. Abrazamos con cuerpo vivido. En ese sentido, cuando veo a Amma abrazando durante horas, días, años, no veo algo lejano. Veo algo familiar. Veo una forma de estar en el mundo que muchas mujeres alcanzan con el tiempo: la capacidad de sostener sin pedir nada a cambio.
Abrazos terapéuticos y ciencia
Las investigaciones más recientes en neurociencias y psicología afectiva, muestran que el abrazo estimula la liberación de oxitocina, reduce el cortisol y genera una sensación de seguridad profunda. Los llamados abrazos terapéuticos no tienen que ver con una técnica compleja, sino con la presencia real: un contacto sostenido, respetuoso y empático. Lo que hoy confirma la ciencia hoy, sobre el abrazo terapéutico, el cuerpo lo sabía desde siempre.
Las investigaciones más recientes en neurociencias y psicología afectiva muestran que el abrazo:
- Estimula la liberación de oxitocina, la hormona del vínculo y la calma.
- Reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
- Mejora la regulación emocional y la sensación de seguridad.
- Fortalece el sistema inmunológico cuando es frecuente y genuino.
En la adultez —y especialmente en las mujeres 5.0— el abrazo cumple además, una función maternal ampliada: repara, construye y sana.
Un cierre desde la madurez
Con el paso del tiempo, las mujeres aprendemos algo que no siempre se enseña: que el cuerpo también guarda memoria emocional. Y que muchos de los dolores que no supimos nombrar en palabras, el cuerpo todavía los recuerda. Por eso el abrazo no es un gesto menor. Es una forma de lenguaje anterior al discurso, anterior incluso a la conciencia. El abrazo calma porque le recuerda al sistema nervioso que no está solo. Que hay otro cuerpo disponible, presente, atento. Las investigaciones más recientes sobre contacto físico y regulación emocional muestran que los abrazos sostenidos y genuinos activan la liberación de oxitocina —la hormona del vínculo—, reducen el cortisol —la hormona del estrés— y generan una sensación de seguridad profunda, especialmente en etapas de la vida donde el cuerpo atraviesa cambios hormonales, emocionales y existenciales, como sucede en la madurez femenina.
Pero más allá de lo que hoy confirma la ciencia, hay algo que las mujeres 5.0 sabemos por experiencia: no todos los abrazos son iguales. Hay abrazos que se dan por compromiso, que alojan, que duran segundos pero que quedan para siempre. Cuando veo a Amma (Mata Amritanandamayi) abrazando durante horas a personas de todo el mundo, no veo una escena exótica ni lejana. Veo una imagen profundamente familiar. Veo a una mujer ejerciendo una maternidad ampliada, una maternidad que no pregunta edad, idioma ni historia. Y cuando pienso en el abrazo que recibió mi hija en la India, entiendo que no fue solo un encuentro espiritual. Fue, de algún modo, un abrazo que cruzó generaciones. Ella fue abrazada como hija. Yo lo recibí como madre. Y ambas quedamos unidas por ese gesto silencioso.
Las mujeres 5.0 abrazamos así, con experiencia, sin apuro pero con conciencia
Abrazamos sabiendo que no todo se resuelve, pero que mucho se sostiene. Que no siempre hay respuestas, pero sí presencia. Que a veces no hace falta entender, sino quedarse. Tal vez por eso el Día Internacional del Abrazo no sea solo una fecha simbólica. Tal vez sea una invitación urgente a volver al cuerpo, al contacto, a lo humano. A recordar que aun siendo adultas, aun siendo fuertes, seguimos necesitando ser abrazadas.
Porque el abrazo —como enseñan las madres, las mujeres sabias y algunas experiencias que llegan desde lejos— no es debilidad, es medicina, es hogar. Y muchas veces es la forma más simple de volver a casa.
* Lic, Daniela Rago, licenciada de Psicopedagogía, RRPP, Creadora de Mujeres 5.0
X: @Mujeres50
Instagram: @DanielaRago4
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