El 25 de mayo de 1810: ideas políticas y masonería
El Cabildo Abierto del 22 de mayo fue el primer hecho político y revolucionario concreto. Había nacido la política criolla.
Integrantes de la Primera Junta de mayo de 1810.
Un día verdaderamente revolucionario en Buenos Aires fue el 22 de mayo de 1810 cuando se expuso, como nunca en un espacio institucional (“Cabildo Abierto”), el debate de la reversión de los derechos del monarca hacia otra forma de representatividad, plasmándose por primera vez la discusión política entre las diferentes interpretaciones que circulaban sobre la normativa jurídica por aplicar ante los sucesos acaecidos en España. ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo seguimos? ¿Quién gobierna?.
Esos días de mayo se convirtieron en la bisagra histórica de un proceso que se iniciaba en Buenos Aires y que terminaría de gestarse en Tucumán durante 1816. Por ende, el Cabildo Abierto del 22 de mayo fue el primer hecho político y revolucionario concreto. Había nacido la política criolla.
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Queremos saber de qué se trata
La deslegitimación de la monarquía y el cautiverio de Fernando VII; más la caída de la Junta Central de Sevilla y el avance napoleónico, habían producido en América muchas dudas. Obviamente, Buenos Aires no estuvo al margen, dando paso a la discusión de componer una nueva forma de poder. En la mayoría del “grupo ilustrado” estaba la idea de estructurar un país a partir de un nuevo régimen político y buscar la renovación de la fisonomía social y económica, aunque no estaban muy claros, ni los límites geográficos del nuevo estado, ni el mismo nombre con que se referenciaría el naciente espacio que dejaba de ser virreinato. El debate será también con qué profundidad y cuál sería el alcance de los cambios buscados.
“Cabildo Abierto” fue una modalidad extraordinaria de reunión de los vecinos de las ciudades virreinales en caso de emergencias o desastres. Así pues, Belgrano y Saavedra se reunieron con el alcalde de primer voto del Cabildo, Juan José de Lezica, y el síndico procurador, Julián de Leyva, reclamándole enérgicamente que se convoque urgente a un Cabildo Abierto. Y como para que los sostenedores del “regalismo español” y la figura del virrey Cisneros no se hicieran los desentendidos, el 21 de mayo French y Beruti marcharon a la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) con un multitudinario grupo de “fogoneros” (los “chisperos del arrabal”) para advertirle que la cosa venía en serio.
Posiciones encontradas en aquel cabildo abierto
- Postura españolista: claramente consustanciados con la continuidad del Virrey Cisneros. Fue la posición “regalista” (todo pertenece al rey) por la cual el monarca conservaba todas las facultades. “Mientras quedé un español vivo en América, ese debe ser la máxima autoridad”, argumentaban.
- Postura legalista: proponía sostener “juntas” como en España. Fue esgrimida por el obispo español Benito Lué y Riega (manifiesto opositor al movimiento americanista). Tuvo también en el obispo y abogado Manuel Villota un ladero para detener el proceso emancipador. Su estrategia sostuvo que Buenos Aires no tenía facultades para desconocer al gobierno español, y en caso extremo debería convocarse a todas las ciudades del interior. En el fondo anhelaba ganar tiempo para desalentar el movimiento revolucionario.
- Postura americanista: buscaba constituir un gobierno propio. Su vocero fue Castelli, quien se cruzó fuertemente con los “legalistas” que buscaban dilatar las decisiones. Será cuando aparezca en escena Juan José Paso, quien enarboló la posición de que “Buenos Aires como hermana mayor deberá asumir el liderazgo y constituir urgente un primer gobierno propio”. En el fondo, será la posición triunfante, estableciendo desde el comienzo la supremacía porteña sobre el resto de las provincias del Río de la Plata.
- Postura Independentista: defendida por Mariano Moreno. “Convocatoria a Congreso inmediatamente y declaración de la Independencia”, con la incorporación de las provincias en forma urgente.
La primera junta de mayo
Triunfará la postura de concretar un gobierno propio y componer una junta que resguardará los derechos del rey preso. Lo que si se manifestó al poco andar fueron las fuertes diferencias entre un sector tradicionalista y un sector reformista. Había triunfado la tradición jurídica española, y por ende se gestaba una especie de “ilustración a la española”, representada principalmente por el ala conservadora de la junta: Cornelio Saavedra. En el escenario aparecía también un “grupo ilustrado”, formado al amparo de los postulados de la revolución francesa, cuyo cabal exponente fue Moreno. Lo que también quedó en evidencia fue que la amplia mayoría de los integrantes de la Primera Junta estaban vinculados a logias que tenían una raíz masónica.
Las logias rioplatenses
El ideario revolucionario se gestó en espacios de sociabilidad masónica. Por ejemplo: la famosa "jabonería de Vieytes", símbolo de la efervescencia transformadora que se vivía en esos días y en la quinta de Rodríguez Peña. En ambos ámbitos se cultivó la semilla que engendró nuestra Nación.
También será importante aclarar que el accionar de logias y masones fue bastante anterior a 1810 en el Río de la Plata, destacándose algunos antecedentes claves. En 1804 encontramos la logia “San Juan de Jerusalén”, fundada por el portugués Juan Silva Cordeiro, Manuel Arroyo Pinedo como tesorero y Juan Ángel Vallejos de secretario, con Carta Constitutiva de la Gran Logia de Maryland de los Estados Unidos, que impulsaba la independencia del Virreinato del Río de la Plata de cualquier dominación extranjera. Se reunían en un “templo” ubicado a dos cuadras del monasterio de Las Catalinas. Era una vivienda que pertenecía a Miguel de Azcuénaga (vaya paradoja, el único integrante de la Primera Junta que no perteneció a ninguna logia).
Pero antes de lo expuesto, y como antecedente lejano, citaremos la Logia de los Caballeros Racionales (“La Gran Reunión Americana”), fundada en Londres por Francisco de Miranda, con una activa participación de patriotas. Dicha logia europea tendrá una repercusión directa en Buenos Aires, dando origen a la “Logia Independencia” (1795) donde se iniciaron Belgrano y Castelli, y cuyo impulsor y “Venerable Maestro” fue Julián Baltazar Álvarez Perdriel, uno de los firmantes de la presentación popular del 25 de mayo, cuya fachada pública era la Sociedad Patriótica, Literaria y Económica.
Otra logia rioplatense con enorme incidencia en 1810 fue la “Heroica Sociedad de los 7”, bajo los auspicios del Magno Colegio de Ritos Francmasónicos de la Gran Logia Regular por la Igualdad y Libertad de la Humanidad.
La masonería y la Junta
En la Primera Junta de Gobierno, hasta el cura Manuel Alberti era masón. Como anécdota diremos que Alberti fue el primer integrante de la Primera Junta que murió (31 de enero de 1811. Agregamos: en marzo envenenarán a Moreno y en 1812 le cortarán la lengua a Castelli). Según las crónicas, Alberti murió de un supuesto sincope cardíaco, tras una discusión con el Deán Gregorio Funes.
Continuando con los integrantes de la Junta; el presidente Cornelio Saavedra (masón, según datos ofrecidos por el general Enrique Martínez y su nieto el doctor Carlos Saavedra Zavaleta); secretarios, Mariano Moreno (miembro de la Logia Independencia) y Juan José Paso (miembro de la Logia Independencia y de la Sociedad de los Siete); vocales, Manuel Belgrano. Iniciado en la Logia Independencia a fines del Siglo XVIII y participante de la Sociedad de los 7. Para algunos fue integrante de la Logia Lautaro de Buenos Aires y Venerable Maestro de la Logia Argentina, más tarde de la llamada Logia Unidad Argentina de San Miguel de Tucumán. Pero por otro lado ofrecemos la versión de Bartolomé Mitre (“Gran Oriente” y Grado 33) que sostenía que “Belgrano no era masón en un sentido estricto, sino un político profano que utilizó las formas de la masonería para encubrir sus actividades políticas y militares”.
Los vocales: Miguel de Azcuénaga (el único que no era masón), Juan José Castelli (miembro de la Logia Independencia, llegando a ser Venerable Maestro), Domingo Bartolomé Francisco Matheu (miembro de la Logia Independencia), Juan Larrea (iniciado en la Logia Independencia) y el nombrado Manuel Alberti (miembro de la Logia Independencia y Sociedad de los 7).
Logias, lejos de los preconceptos
Nadie jamás podrá discutir que “mayo de 1810” inició un proceso transformador, desafiante y revolucionario, que terminó consagrando la anhelada libertad. Lo que rechazamos fue que ese tiempo de 1810 estuvo durante décadas lleno de infantilismos, en gran medida estimulados por parte de un sector de nuestra historiografía (escenas plagadas de mazamorreras, paraguas, aguateros, damas antiguas, caballeros elegantes, etc.), planteándonos una imagen de ingenuidad que subestimaba nuestra inteligencia. En realidad, fueron momentos de pujas, guerra, revolución, esclavos, muertes, internas sangrientas, traiciones, presiones religiosas y culturales, fuertes intereses económicos, adelantos científicos, teorías vanguardistas y mucha política.
Existieron (y existen) además en el tratamiento histórico, tabúes de los cuales no se hablaba. Por ejemplo: las logias y la masonería, cuya invisibilización estuvo alimentada por malentendidos, dogmas religiosos, desconocimiento o teorías conspirativas, transformando una institución de corte filantrópico y liberal (en el amplio sentido de la palabra) en blanco de diversos estigmas.
La masonería, en el fondo, no es una metafísica, ni una filosofía, ni una religión, menos una ideología. Es una escuela ética fundada en la libertad de conciencia, que acogió en su seno a personas que tienen distintas filosofías, creencias religiosas o concepciones políticas; unidas en un propósito fraternal de perfeccionamiento moral, sobre la base de principios universales, tales como la tolerancia, la igualdad, la justicia, la libertad, el humanismo, la caridad y el librepensamiento. Es una institución donde su "secretismo" fue un método pedagógico para la reflexión interna, no una conspiración institucional. Además, por aquellos tiempos si se enteraban que conspirabas contra la monarquía te pasaban a degüello inmediatamente. Tampoco es antirreligiosa. Hubo (y muchos) obispos masones. Hasta corrió el mito que el papa Juan XXIII se había iniciado en la masonería mientras era nuncio en Turquía, aunque también debemos exponer que la iglesia católica prohíbe la vinculación con la masonería (postura que fue reiterada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe con la aprobación del fallecido papa Francisco).
Un ejemplo histórico fue la diversidad plural expuesta en la Primera Junta. “La Logia de Buenos Aires se manejaba con total autonomía, tanto por su origen constitutivo como por su carácter de sociedad política: no hay constancia más elocuente de ello que su fluctuante trayectoria y sus virulentas divisiones internas.” (Pasquali, Patricia: “San Martín. La fuerza de la misión y la soledad de la gloria”. Planeta, Buenos Aires, 2000). En esa Primera Junta había españoles, criollos, curas, agnósticos, “jacobinos”, militares, profesionales, comerciantes, conservadores, liberales, y casi todos masones. Esto lo sostengo, no porque sea masón (de hecho, no lo soy); lo expongo por lo estudiado, comprobado y vivenciado desde hace varias décadas y porque me parece una necedad absoluta seguir rotulando maniqueamente la Historia. Las cosas por su nombre. En el fondo, como decía Jorge Luis Borges: “discutíamos por cosas tan insignificantes, como pensar distinto, por ejemplo”, pues lo trascendente siempre seguirá siendo honrar la Patria con honestidad, esfuerzo, capacidad y pasión, como lo hicieron aquellas mujeres y hombres de mayo de 1810. Feliz 25; lleno de celeste y blanco. Viva la Patria.


