De Luján a Brochero: 31 días de peregrinación y fe por el alma de la Argentina
Nueve peregrinos unieron dos santuarios en un camino de oración, encuentro y esperanza que dejó huella en cada pueblo.
Solo pudimos agradecer: a Brochero, por su ejemplo, a María, por caminar siempre a nuestro lado.
Archivo.En pleno verano argentino, emprendimos una peregrinación que marcó nuestras vidas: caminamos durante 31 días uniendo el Santuario de Nuestra Señora de Luján con el Santuario del Santo Cura Brochero, llevando con nosotros una réplica de la Virgen y una reliquia del cura gaucho, quienes inspiraron este camino de fe.
Todo comenzó el 8 de mayo de 2025
Un día cargado de significado: la elección del Papa León XIV y la celebración de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina. Ese día, en nuestro seminario F.A.S.T.A (Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino), recibimos un regalo de manos del padre Pedro Giunta, junto al padre Andrés Quiroga y al padre Federico Rossini, la imagen de la Virgen con un desafío: peregrinar desde Luján hasta Brochero para agradecer por los 40 años de sacerdocio en nuestro movimiento, rezar por todos los sacerdotes de Argentina y pedir por nuevas vocaciones. Al principio, la propuesta nos sorprendió. Pero pronto se transformó en entusiasmo. Algunos ya habíamos vivido experiencias como el Camino de Santiago, y sabíamos que algo profundo nos esperaba.
Decidimos partir el 18 de enero de 2026, bajo el lema del Año Jubilar: “Peregrinos de esperanza”. Nos organizamos en equipos, preparamos cada detalle logístico, buscamos experiencias de otros peregrinos y nos dispusimos a vivir el camino con apertura y entrega. En cada paso un rostro, una historia, un paisaje, una oración y un símbolo de nuestra identidad. La noche previa a la partida, dormimos los 9 peregrinos, en la basílica de Luján. Antes de descansar, entramos a la iglesia: estaba oscura y en silencio, iluminada apenas por una luz sobre María. Nos encomendamos a ella. Sentimos su presencia, la ternura de la madre de nuestro pueblo, que fortalecía nuestros corazones para lo que vendría. El camino fue exigente y transformador. Atravesamos calor intenso, lluvias, vientos fuertes, caminos de tierra y de asfalto. Pero también vivimos amaneceres inolvidables, noches estrelladas, campos listos para la cosecha y la inmensidad de las sierras. Poco a poco, sentimos que nuestro espíritu se fundía con el paisaje.
Recorrimos más de 30 pueblos
En cada uno, encontramos algo que nos marcó profundamente: la fe viva de la gente. Nos recibieron con generosidad, con historias, con preguntas, con una necesidad sincera de encuentro. Las parroquias y capillas se llenaban, incluso entre semana con 100, 200 y hasta 300 personas. Gente que hacía décadas que no entraba a una iglesia, se acercaba. Nos compartían sus vidas, sus dolores, sus milagros, silenciosos para el mundo, pero significativos para Dios, se sentían elegidos por Él con nuestro paso. Aquellos versos que recitó Doña Jovita en cosas del cura Brochero los sentíamos como propios: “¡No hubo almanaque ni leguas que lo hagan echar pa´tras!… No había buenos ni malos, sólo almas para salvar”.
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Caminamos también por tramos del histórico Camino Real, sabiendo que pisábamos la misma tierra que figuras como San Martín, Belgrano, Liniers, Mamá Antula y el propio Brochero. Eso nos conectó aún más con nuestra historia y nuestra identidad. En cada pueblo, entre mates, guitarras, comidas criollas, rosarios y misas, sentimos viva la cultura popular argentina. La fe se hacía encuentro, comunidad, identidad. La madre de todos los argentinos recibía las intenciones de sus hijos, haciéndose realidad aquellas palabras de Castellani en su payada a la Virgen de Luján “gaucho pampa a donde irías cuando no tuvieras madre”. A medida que avanzábamos, la peregrinación empezó a crecer. De pueblo en pueblo se corría la voz. Nos escribían, nos esperaban, nos invitaban a desviarnos para visitarlos y recibir la imposición de la reliquia del cura gaucho. Recibimos ayuda de párrocos, intendentes y vecinos que nos ofrecieron alojamiento, comida y espacios para compartir la fe.
El día tan esperado, la peregrinación
El 17 de febrero de 2026 caminamos el último tramo. Ese día, más de 100 personas se sumaron a caminar con nosotros. Familias, comunidades, personas que habíamos conocido en el camino. La llegada a Villa Cura Brochero fue profundamente emocionante. Nos esperaba el pueblo, los serranos, y la banda “Boquerón” del Regimiento de Infantería Paracaidista 2, que entonó el Himno Nacional. Allí, junto a la Virgen peregrina y los restos de Brochero, rezamos, agradecimos y consagramos nuestro seminario a María, llevando con nosotros todas las intenciones que recogimos durante el camino.
Fue imposible no emocionarnos
En ese momento se nos cruzaron los recuerdos, los rostros, los esfuerzos, las historias vividas. También los momentos personales más difíciles. Solo pudimos agradecer: a Brochero, por su ejemplo, a María, por caminar siempre a nuestro lado. Esta peregrinación no fue solo un recorrido geográfico. Fue un camino interior, un encuentro profundo con nuestra fe, con nuestra cultura y con el alma de nuestro pueblo.
Creemos que lo vivido no termina en nosotros. Esperamos que el paso de esta peregrinación siga dando fruto, fortaleciendo la fe y la identidad de cada comunidad que nos abrió sus puertas.
* Juan Pablo Martín. Seminarista de F. A. S. T. A.






